Opinión

Los límites de las reformas; la educativa, entre otras

10 febrero 2014 4:29 Última actualización 03 septiembre 2013 5:42

Mauricio de María y Campos
 
 
“La misma batalla en las nubes será percibida por los sordos como un relámpago y por los ciegos como un trueno”: Santayana.México requiere hoy grandes reformas en materia educativa, energética, fiscal, financiera, productiva, pero sobre todo una gran reforma en materia política y  ética que conduzcan a  una revolución de la confianza. Y quiere ver mejoría, ya.
 
 
Se requieren una población y un gobierno que se escuchen mutuamente y estén dispuestos a pactar en serio, con la participación de todos los actores relevantes y una gran dosis de liderazgo y  honestidad. Los partidos políticos son claves, pero no necesariamente creíbles. Los tres poderes y los distintos niveles de gobierno deben estar presentes. La sociedad civil también
 
 
Las reformas deben ser realizables y no sólo buenos deseos;  partir de las realidades políticas y culturales nacionales y locales de los sectores afectados y no sólo de “las mejores prácticas globales”; tener mecanismos legítimos y comprobables de seguimiento , evaluación,  estímulo y penalización. Y, cosa que se olvida frecuentemente, contar con los recursos institucionales, humanos y presupuestales para llevarse a la práctica con éxito. 
 
 
En ese espíritu, el Centro Tepoztlán AC, institución creada hace 30 años por un grupo de mexicanos interesados en reflexionar sobre los problemas nacionales en el marco global, liderados en su momento por Víctor Urquidi –Presidente del Colegio de México– y hoy por Rodolfo Stavenhagen, distinguido miembro de esa institución, hemos iniciado un ciclo  de seminarios sobre las reformas prioritarias.
 
 
El  primero, hace dos  semanas se ocupó de la reforma de las telecomunicaciones; el segundo, el jueves pasado, se concentró en la educativa; mañana tendrá lugar un tercero sobre la reforma energética con la participación de  Cuauhtémoc Cárdenas y Ernesto Marcos -exdirector General de Nafinsa. Esperamos tener una sesión próxima sobre la reforma fiscal, una vez que se conozca la iniciativa gubernamental que hasta estos momentos es una incógnita.
 
 
La reforma educativa fue comentada el pasado jueves por dos conocedores del tema: Ciro Murayama, especialista de la UNAM y Olac Fuentes Molinar, ex subsecretario de Educación Básica.
 
 
Las presentaciones y la discusión subsecuente dejaron claro:
 
 
1º  La importancia de la reforma para el México actual y del futuro y de que la ley reglamentaria correspondiente al servicio profesional de carrera, sea objeto de una revisión y fortalecimiento final que  incorpore los elementos necesarios para que promueva  una efectiva carrera docente, además de   mecanismos de evaluación a los maestros.
 
 
2º La Ley que estableció el Instituto Nacional de Evaluación Educativa es una excelente base, que le da  autonomía a la Comisión - similar a la que tienen el Banco de México y el IFE. Integrada por  personas capaces y experimentadas, tiene facultades para establecer la normatividad necesaria sobre las evaluaciones y realizar las mediciones correspondientes. Sin embargo en la ley reglamentaria la segunda facultad se le asigna  a los gobiernos de las entidades federativas; cuestión que puede parecer práctica en términos de descentralización educativa e idoneidad local, pero que deja las evaluaciones una vez más sujetas a los complejos intereses políticos y laborales locales.
 
 
3º La iniciativa  del Servicio Profesional Docente es más una reforma laboral que una reforma educativa. Los maestros ven una amenaza a sus actuales condiciones en un mercado laboral incierto; pero no perciben estímulos para la oportuna corrección  de deficiencias, ni la capacitación necesaria para su carrera docente, en un contexto que exige su permanente superación. Tampoco incluye provisiones especiales para los maestros que trabajan en zonas pobres, marginadas y conflictivas, como sucede en otras disposiciones laborales.
 
 
4º Se recordó que México cuenta con un sistema educativo enorme, con cerca de 25 millones de estudiantes y  1.3 millones de maestros; los hay malos, regulares, buenos y de excelencia. El problema es que no se  parte de un buen diagnóstico de cuantos son y  qué características y trayectorias tienen. La SEP no tiene la información y la descentralización y vicios laborales acumulados no ayudan. Se conoce el número de plazas, pero no quien las detenta; hay quienes tienen dos plazas; están los  que  las heredan y lucran con ellas. La reforma exigirá  examinarlos cada 4 años: unos 330 mil al año, mil por día. ¿Dónde están los evaluadores estatales capacitados?
 
 
5º Son muchos las necesidades institucionales y de recursos humanos y presupuestales para una buena evaluación, capacitación y estímulo a una carrera docente. Los actuales son escasos, muy mal distribuidos y corruptamente administrados. Los temores de los maestros son reales, independientemente de las resistencias naturales al cambio.
 
 
Se desconoce el  plan y estrategia para lidiar con ellos y si los ajustes del domingo son los suficientes para asegurar el éxito de la reforma.
 
Director del IIDSES-IBERO.