Opinión

Los legados de
Obama y de EPN

1
 

 

Obama

La semana pasada fue, sin duda alguna, la más importante en la presidencia de Obama. La Suprema Corte confirmó su reforma de salud, su más importante legado legislativo, el mismo tribunal aceptó a nivel federal el matrimonio entre parejas del mismo sexo (que si bien fue una pelea a la que Obama le sacó la vuelta en cuanta forma pudo, ahora se colgará la medalla por un logro fundamental de derechos civiles), con apoyo republicano recibió la aprobación del “fast track” del Congreso para negociaciones comerciales, y pronunció un discurso emblemático de su presidencia en el funeral del pastor/senador recientemente abatido por un racista en Charleston, confrontando el controversial tema racial.

Los legados se forjan así, recorriendo caminos accidentados que están lejos de ser una línea recta pero que, después de recorrerlos, de repente uno se encuentra en un sitio distante del de partida. La historia difícilmente recordará las deficiencias del programa de salud de Obama, sus votos contra acuerdos comerciales como senador, o su afirmación hace un par de años diciendo que el matrimonio entre personas del mismo sexo iba contra su fe. Sus logros legislativos son ya parte esencial de su legado.

A pesar de la fuerte crítica a su presidencia y su creciente impopularidad, Peña Nieto está a tiempo de consolidar legados que pueden ser altamente significativos históricamente. En mi opinión, y sabiendo lo controversial que es decirlo, con el paso del tiempo la historia reconocerá que Carlos Salinas de Gortari, un expresidente igualmente impopular, cambió fundamentalmente y para bien el rumbo económico de México con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sin éste, el crecimiento del país sería mucho peor a lo que ha sido. La integración comercial del país ha permitido cosas importantes.

Primero, que hayamos desarrollado una base industrial impresionante en términos internacionales. Segundo, que México esté integrado con América del Norte, la región que será la dominante en este siglo. Pero, aún más importante, el TLCAN blinda a México contra un cambio de paradigma como ha ocurrido en otros países de la región, y que incluso podría ocurrir en Chile, país epítome de la economía de mercado.

De entre las reformas, la energética cambia por completo el potencial económico del país. Aun antes de ella, México era un destino atractivo para inversión extranjera que buscara insertarse en la cadena de abasto de América del Norte; con ésta el atractivo crece exponencialmente. Quita una de las principales fuentes de incertidumbre que proviene no sólo del costo de la energía, sino incluso de la disponibilidad de ésta. Libera a empresas industrias permitiéndoles hacerse de energía en la forma más eficiente posible. Permite, incluso, que México se conecte a la red eléctrica estadounidense, la más barata y eficiente del mundo. Sólo un incremento en la violencia podría poner en riesgo la llegada de la enorme inversión potencial que se avecina.

De entre las otras reformas, es la educativa la más urgente y la que lleva implícito el mayor costo político. El joven perfil demográfico del país la vuelve urgente, pues no educar hoy conlleva el enorme costo de tener que mantener a una numerosa población de viejos funcionalmente analfabetas en unas décadas.

El apoyo de la población en general a la Reforma Educativa debería ser abrumador, considerando que está en juego el futuro de sus hijos. No lo es. La violenta oposición de los grupos afectados contrasta con la impasible desidia de la sociedad civil. Este gobierno ha sido incapaz de armar una narrativa contundente que haga pedazos al oscurantismo implícito en las posturas de quienes se oponen a ésta, sin hablar de las aberrantes acciones criminales que emprende la CNTE.

A diferencia de los logros legislativos de Obama, apoyados por una sociedad civil que se movilizó en grandes números a favor de una reforma de salud o de la igualdad conyugal de minorías, el legado del presidente Peña Nieto necesita ser apuntalado por una opinión pública más activa e interesada. Si el apoyo a las reformas se acaba volviendo referéndum sobre la presidencia de Peña Nieto, la permanencia de éstas está en riesgo.

Parece inocente pensar en que un gobierno priísta estará dispuesto a convencer y a explicar, cuando el reflejo es imponer y cooptar. Pero, sería un error grave no hacerlo. Estamos en la era de las redes sociales, de la movilización explosiva y potencialmente poderosa. Dejar suelta a la opinión pública sin proveerla con argumentos inteligentes que defiendan la importancia y el alcance de las reformas nos deja a un populista de distancia de que sean revertidas.

Particularmente en la lucha por la educación, Peña Nieto tiene que llevarla al siguiente nivel, asumiendo con más valor el costo político de corto plazo, ya pasadas las elecciones. Su ventana de oportunidad para hacerlo, dado el ciclo sexenal, es muy breve.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
Las universidades de México deben liderar el combate a la desigualdad
Subir salarios sin educar es contraproducente
Las elecciones le dan una nueva oportunidad a EPN