Opinión

Los Judíos Sefaradíes y el Holocausto

León Opalín

Durante la Segunda Guerra Mundial seis millones de judíos fueron aniquilados por el régimen nazi de Hitler. En 1939 había 17 millones de judíos en el mundo, cifra que se redujo a 11 millones en 1945; estos últimos básicamente residían en EUA, Canadá, Argentina, Brasil, Israel y en varios países de Europa (Francia e Inglaterra, principalmente) y del Medio Oriente, África del Norte y Rusia. La mayoría de las víctimas del Holocausto fueron judíos europeos de origen Ashkenazita, término que significa “judíos alemanes”; empero, en la práctica el concepto también se refiere a los judíos de origen ruso y centroeuropeo.

En este contexto, las comunidades de judíos sefaradíes de Europa también fueron destruidas; los sefaradíes son los descendientes de los judíos hispano-portugueses que vivieron en la Península Ibérica hasta 1492, cuando fueron expulsados de ésta por la Santa Inquisición. Cabe destacar que desde la fundación del Estado de Israel, en 1948, el término sefaradíes se ha usado para designar a judíos distintos de los AshKenazita; en esta clasificación se incluyen a judíos de origen árabe, persa, armenios, de Georgia, Yermen e incluso de India, que no guardan un vínculo con la cultura hispánica, que distingue a los sefaradíes; este término se usa por las grandes similitudes de los grupos mencionados “en el rito religioso y la pronunciación del Hebreo que tienen los sefaradíes”. No obstante, hoy día se hace una tercera clasificación de la población judía, la denominada de los Mizrahtim (en hebreo Oriente) a fin de garantizar que el término no sefaradíes haga alusión exclusivamente a ese antiguo vínculo con la Península Ibérica.

En referencia a las comunidades sefaradíes residentes en Europa, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, en el boletín semanal de Sfarad, que se publica en Argentina, en su edición del primero de febrero del 2013, puntualiza que los nazis prácticamente destruyeron los grandes centros de población europea de judíos sefaradíes y sus tradiciones y dialectos únicos como el Ladino (español antiguo); fueron casi extinguidos, “las comunidades judías sefaradíes de Francia y Holanda en el Noroeste de Europa y las de Yugoeslavia y Grecia en el Sureste.

De acuerdo a Sfarad, con información proporcionada por el Comité Central Israelita de Uruguay, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad de sefaradíes se concentraba en los países balcánicos de Grecia, Yugoeslavia y Bulgaria; sus principales ciudades de residencia eran Salónica, Sarajevo, Belgrado y Sofía. En Sfarad se menciona que las comunidades del Norte de Grecia fueron víctimas de la ocupación alemana directa en 1941; los judíos fueron sujetos a toda clase de vejaciones, humillaciones y al trabajo forzado, y finalmente, deportados a los campos de concentración de Polonia entre marzo y abril de 1943. Por su parte, la población judía del Sur de Grecia estuvo bajo la jurisdicción de los italianos, quienes se abstuvieron de promulgar leyes contra los judíos y resistieron, siempre que pudieron, a las presiones de los alemanes por trasladar a los judíos a Polonia, hasta con la rendición de Italia en septiembre de 1943, los judíos quedaron bajo el control alemán.

Los judíos sefaradíes de Bosnia y Croacia fueron gobernados “por un estado Satélite Católico creado por los alemanes desde 1941, que los sometió a acciones similares a los Progroms (matanzas de judíos por poblaciones locales instigadas por las autoridades), antes de ser arreados como ganado a campos de concentración donde fueron asesinados junto a Serbios y Gitanos”. Los judíos de Macedonia y Tracia fueron controlados por fuerzas de ocupación. Un caso excepcional, fue el de los judíos de Bulgaria que estuvieron bajo el dominio de un alcalde nazi que los sometió a leyes antisemitas, empero, que sucumbió a la presión que ejercieron parlamentarios, clérigos e intelectuales, para que no fueran deportados, de aquí que se salvaron más de 50,000 judíos búlgaros; otro hubiera sido el destino de los judíos europeos, si las poblaciones y sus autoridades donde residían, los hubieran defendido con la vehemencia con la que lo hicieron los búlgaros.

En España, con mínima presencia judía de manera abierta; a finales de 1944, el régimen de Franco abrió sus fronteras con Francia ocupada, admitiendo refugiados de todas las religiones y razas; por esta acción se lograron salvar entre 40,000 y 60,000 judíos; además algunos embajadores españoles en ciudades europeas, como Budapest, ayudaron calladamente, empero, de manera eficaz, a salvar a muchos judíos sefaradíes y de ashkenasies. Hoy día España se arrepiente de haber expulsado a los judíos sefaradíes y ofrece a sus descendientes el retorno al país, que nunca olvidaron, otorgándoles la nacionalidad española.

Se estima que en la actualidad existen alrededor de dos millones de judíos sefaradíes, la mayor parte residen en EUA, Francia, Argentina e Israel; incluso en este último país tienen representantes propios en el Parlamento.