Opinión

Los imperativos que
nos muestra Oaxaca

 
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IEEPO. (Cuartoscuro)

La recuperación del proceso enseñanza-aprendizaje que se ha realizado con el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, (IEEPO) va más, mucho más allá de las fronteras de ese estado. Alcanza al proyecto de responder al presente de una sociedad que requiere una profunda mutación.

Debemos preguntarnos antes que nada, cómo fue posible que en el pasado, el Estado renunciara a la rectoría que durante 23 años debió haber tenido en la toma clave de decisiones que en materia educativa llevó al mayor rezago de que se tenga memoria. Nunca debió haberse permitido el daño que para muchísimos niños se dio en forma irreversible. ¿Qué futuro espera a los niños que durante siete años no tuvieron un solo año escolar regular, completo, consecutivo y definitivo en la formación de sus mentalidades?

Si atendemos al estudio del sociólogo mexicano Santiago Ramírez, cuya síntesis está contenida en la frase freudiana “Infancia es destino”, en la que habla de lo definitivo que en la vida posterior significan los primeros seis, quizás ocho años de vida inicial, será fácil advertir que una educación trunca, fracasada, lleva a un escenario deprimido y sojuzgado.

¿Y qué ha quedado en la mente de los niños y jóvenes oaxaqueños que vieron una y otra vez a sus maestros patear puertas, destrozar ventanas, quemar automóviles, pintarrajear paredes, lanzar bombas molotov, atrincherarse en plazas públicas, tomar casetas de pago en carreteras, ignorar y despreciar necesidades de terceros, desalojar personal de edificios públicos, maldecir autoridades, arremeter contra padres de familia y maestros que deseaban continuaran las clases, organizar mítines, plantones, marchas y violentar sus pequeñas vidas hasta pulverizarlos en el marasmo, la inquietud y la desesperanza; qué ha quedado en sus mentes? ¿Cómo resolverán el presente; qué de todo ello quedará en sus vidas futuras; estarán irremediablemente marcados?

Por lo pronto, sabrán nada de civismo, ignorarán lo mínimo y elemental de historia de nuestro país y del mundo, serán incapaces de contar con los elementos para conceptualizar y no tendrán las habilidades necesarias para intercambiar y entrelazar lo útil con las destrezas que un ciudadano universal requiere. ¿Cómo rescataremos a esos cientos de miles de niños y jóvenes para que vivan en un mundo abierto y democrático; de qué nutrirán su axiología?

Como sociedad tenemos un desafío inmenso con los educandos no sólo de Oaxaca; ¿y los de Chiapas, Guerrero y Michoacán?

¿Acaso están en mejor condición los de Tamaulipas, Sinaloa y Jalisco? Esto mismo tendríamos que preguntarlo para todo un país que se ha visto envuelto en olas de violencia, secuestros y crímenes variadísimos.

Preguntémonos si la escuela y miles de familias fragmentadas, disociadas junto con las enseñanzas de series televisivas repetidas hasta la náusea y aderezadas por anuncios que machaconamente inducen al consumo de productos y servicios invalidados desde su origen han sido los factores de una buena educación. Veámoslo objetivamente.

El rescate de la educación formal que hoy se realiza en Oaxaca no estará exento de tropiezos pero sin duda es una colosal tarea de gobierno, de los maestros, de los padres de familia y de la sociedad en su conjunto. En ello no podemos escatimar esfuerzos. La solidaridad no puede concebirse sin el arbitraje del Estado pero éste no es el único actor. La lógica del compromiso social, la marcha del país requieren de la solidaridad de todos, absolutamente todos.

Ningún gobierno hoy o mañana podrá ignorar este desafío mayor: redefinir el lugar del Estado, liberar a la sociedad de las rigideces y sujeciones que la encierran. Sortear los obstáculos pesados en la ruta de la modernización para hacer plenamente productiva la inteligencia del hombre donde es necesario que se reconozca la responsabilidad individual así como la dignidad colectiva.

La organización educativa requiere flexibilidad, reconocimiento a la innovación y adaptarse a las exigencias del mañana; necesitamos que los educandos, donde quiera que estén y en el grado que alcancen, sean capaces de asumir un desarrollo cultural, creativo, incluso artístico adquirido desde la infancia. De ahí la urgente necesidad de avanzar y ganar el tiempo que Marcel Proust resaltara como perdido. ¿Realmente lo está?

La decisión de reconquistar la educación oaxaqueña nos indica que el gobierno tiene el teodolito del rumbo acertado y que, de culminarlo, habrá sido la hazaña del sexenio, por encima de cualquiera otra transformación.

No tenemos otra alternativa que no sea mostrar que nuestros valores saben responder a las inquietudes de un mundo que cambia y que podremos aportar respuestas nuevas a cuestiones muy antiguas.

Twitter: @RaulCremoux

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