Opinión

Los hidrocarburos no son de Pemex

05 agosto 2013 5:32

 
 
 
En un par de días va a comenzar el largo camino de una reforma por la que puede ser recordado este gobierno: la apertura a la competencia en el sector de los hidrocarburos.
 
 
Todo lo antes hecho, habrá sido un prólogo para llegar a este punto. Nada posterior será de tal trascendencia.
 
 
Así como a Lázaro Cárdenas se le recuerda por la expropiación petrolera o a Carlos Salinas por el TLC, este cambio en el sector energético podría ser lo que ponga en la historia al gobierno de Enrique Peña.
 
 
La reforma, en realidad, puede recuperar el espíritu de la Constitución de 1917, cuando no existía Pemex y cuando el tema de fondo era dar a la Nación la propiedad de los recursos petroleros.
 
 
La creación de Pemex y la legislación secundaria que surgió en los años posteriores generó una confusión que todavía persiste: la idea de que es una empresa paraestatal la propietaria de los hidrocarburos.
 
 
El sentido del artículo 27 es que hay bienes que pertenecen a ese ente que se llama Nación y establece diversos formatos legales a través de los cuales, la Nación obtiene beneficio de ellos. Por eso define regímenes de concesiones y propiedad exclusiva.
 
 
Pero, no hay que confundirse, son los medios y no el fin. Es el beneficio de la Nación el fin.
 
 
La historia ha producido de facto una privatización de esos bienes nacionales en el caso de Pemex, ya que un grupo de administradores, un sindicato y una clase política, en buena medida, se apropiaron de lo que presuntamente es propiedad de todos. Una reforma energética en hidrocarburos debe comenzar estableciendo claramente la diferencia entre la propiedad de Pemex y la de la Nación.
 
 
Los odiados impuestos y derechos que se imponen a Pemex -se han convertido en los villanos favoritos- son el mecanismo a través del cual la Nación, representada por el gobierno, reivindica su derecho de propiedad sobre los hidrocarburos.
 
 
Este principio hace posible que pueda haber empresas estatales, como Pemex, que exploten los hidrocarburos. Pero también podrían hacerlo, por ejemplo, otra paraestatal, 'Gasmex', o empresas que fueran propiedad de gobiernos locales y desde luego, empresas privadas. La clave es que estuvieran sujetas a un régimen en el que el Estado es quien obtiene la renta derivada de los hidrocarburos.
 
 
Una empresa dedicada a la producción de hidrocarburos nunca va a tener un régimen fiscal semejante al de una empresa que fabrica zapatos. El costo de extracción de un barril de petróleo -por ejemplo- puede estar en 10-15 dólares y venderse a 100 dólares.
 
 
Ese diferencial, que no existe en otros sectores, es la renta petrolera. El tema de fondo es cómo obtiene el Estado los recursos derivados de las ganancias extraordinarias, es decir, las que están por arriba de las ordinarias.
 
 
Una empresa privada que produzca hidrocarburos puede obtener una ganancia ordinaria, pero debe entregar al Estado la parte extraordinaria, para que sea asignada en función del interés de la Nación y no de un particular o un grupo, así sea una paraestatal.
 
 
Una de las posibilidades fue la planteada en la propuesta del PAN, a través de una entidad como un Fondo Mexicano del Petróleo, pero puede haber otras.
 
 
En contra de lo que el discurso de la izquierda va a plantear, la reforma que pasado mañana presenta el Ejecutivo podría ser precisamente la reivindicación del petróleo para la Nación, no sólo quitando su control a los grupos que hoy lo manejan, sino creando condiciones para que puedan extraerse los hidrocarburos y a través de ello, se genere una renta petrolera que pueda ser usada en beneficio de la Nación, regresando al espíritu que el Constituyente del 17 le dio al artículo 27.
 
 
Veremos si se hace historia.
 
 
Twitter: @E_Q_