Opinión

Grupos de ahorro, alternativa para reducir pobreza en zonas rurales

06 enero 2015 12:21

En años anteriores, la Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social puso en marcha una estrategia de inclusión financiera en zonas rurales de muy alta marginación y dispersión geográfica basadas en grupos de ahorro. Contrariamente a lo que se podría pensar, las familias más pobres demandan prioritariamente los servicios de ahorro y no de crédito.

Casi siempre se escuchan las historias de éxito del microcrédito en zonas pobres, porque no se les ofrece otra cosa y en este sentido, frente a una emergencia familiar, el crédito puede salvar o hacer la diferencia entre atender una enfermedad o no atenderla, sin embargo, esto genera un costo mayor a la familia más pobre, pues le impone una carga económica mucho mayor hacia el futuro, le extrae liquidez y la hace más vulnerable.

En oposición a esto, los grupos de ahorro son una estrategia que se basa en el microahorro como condición inicial para acceder a los servicios financieros de crédito y a tres años de su puesta en marcha, es posible visualizar efectos positivos sin efectos colaterales en el riesgo o vulnerabilidad de los hogares, por el contrario, ha logrado reducirla.

En estos grupos, la gente decide con quién se juntará semanalmente para ahorrar una mínima cantidad, la cual es depositada en cuentas de ahorro individuales. Toda la operación del grupo es auto gestiva, es decir, recae en los propios miembros y uno de ellos es encargado de depositar el ahorro en las sucursales de la Sociedad financiera comunitaria (SMB), así el ahorro tiene el respaldo de una institución financiera autorizada y permite a los socios crecer financieramente con el paso del tiempo. Asimismo, cada grupo reúne semanalmente un fondo solidario que es usado por sus miembros en caso de no poder comprar alimentos, enfermedad u otros casos graves, fungiendo como un seguro colectivo. Cada grupo recibe una plática semanal sobre temas vitales de educación financiera, cubriendo un programa completo durante un año.

Son muy variados los efectos que ya pueden observarse en estas familias: en primer lugar la capacidad de ahorro es un hecho probado entre los hogares de extrema pobreza, yendo desde los 10 pesos por persona hasta cantidades mayores, según la actividad económica y el dinamismo de la región, sin embargo, se genera la disciplina y la cultura del ahorro.

Los hogares agrupados han desplazado el uso de prestamistas usureros que les dejaban más empobrecidos pero eran la única opción frente a emergencias. Asimismo la educación financiera les ha permitido cambiar hábitos y consumir menos comida chatarra, bebidas azucaradas o alcohol, en aras de ahorrar. El fondo solidario les ha permitido atender casos urgentes de enfermedad, hambre o muerte y ser una autoayuda en lugar de pedir dinero prestado. El crédito es posible pero sólo hasta que se tiene una base sólida de ahorro previo y en este sentido, es automático que el crédito se usa en las actividades productivas del hogar o en la puesta de un negocio nuevo que incremente los ingresos disponibles.

Estos grupos refuerzan la solidaridad de la gente, la confianza en sí mismos y abren metas y objetivos en las personas. La racionalidad y la creatividad humana se pueden poner en marcha simplemente con herramientas financieras adecuadas y adaptadas. Nuevos grupos se están gestando a partir de visibilizar el éxito de sus amigos y vecinos, de ver que tienen medios para hacer cosas y cambiar su situación; de tal suerte que la información fluye y otros demandan poder ahorrar en lugar de seguir endeudándose con instituciones bancarias y financieras que solo ofrecen crédito sin objetivos sociales, sino comerciales o peor aún, caer en redes de usureros que les embargan sus activos.

Las acciones se han puesto en marcha en Estados como Puebla, Hidalgo, Chiapas y Oaxaca, en zonas de extrema pobreza y muy alta marginación. Contrariamente a lo que se pensaba de que el microcrédito era la receta para la inclusión financiera, estos grupos muestran lo contrario, la reducción de vulnerabilidad y el acceso a un crédito mucho más encaminado a la generación de ingresos es posible iniciando con el ahorro.

Esta estrategia tendrá mucho que hablar en los siguientes meses y su masificación es inminente, y seguiremos en esta apuesta por el desarrollo de zonas rurales en el que aún quedan muchos retos por cubrir tales como: vincular políticas de aseguramiento agrícola y estrategias de comercialización que permitan hacer de estos incrementos de ingreso algo más sostenido e interesante.