Opinión

Los finales duelen

26 diciembre 2014 10:8

“Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler mi vida”: Alejandra Pizarnik.

Este año la vida dejó de ser como la conocí durante mucho tiempo. En una sucesión incontrolable de eventos, perdí gente que amaba: por muerte, por desamor, porque el paso de la vida alejó a mis hijos que se convirtieron en adultos. Me lo tomé muy mal durante varios meses.

Parecía una conspiración: Natalia y Diego decidieron, casi simultáneamente, que se irían a trabajar y a estudiar fuera del país; dejé de sentir amor y deseo por el que creí era el hombre de mi vida. Él también dejó de quererme; por infinitas razones entrecruzadas, perdí la energía inagotable que me caracterizaba; la muerte de mi padre terminó convenciéndome de que la soledad me tendía una emboscada.
Los cambios en la vida traen pérdidas. Las pérdidas traen dolor.

_Lamentamos, sufrimos y lloramos los finales: de la vida, del amor, de los ciclos de vida familiar que se terminan sin remedio.

_La muerte, real o simbólica, es consecuencia inevitable de vivir.


_Padecer uno o varios duelos simultáneos, debería ser un proceso natural para ajustarse a la nueva realidad, pero es un tránsito tejido por días muy difíciles, por subidas y bajadas impredecibles en el camino de la recuperación.

Casi todos los días siento que la vida que estoy viviendo no es la mía. Todo ha cambiado de lugar y me rebelo. Pienso, absurdamente, que me habría quedado por la eternidad en el mismo espacio, con las mismas personas, viviendo en una fantasía imposible de estabilidad y paz intactas.

Soy torpe para aceptar que me siento triste; quisiera mirar hacia adelante, tener ganas, inventarme a una nueva yo, estrenar ilusiones. Pero me topo conmigo misma y con el desánimo; con muchísima culpa porque creo que pude haber sido mejor madre, mejor hija, mejor pareja, mejor persona.

_Durante los duelos, las emociones negativas son lo esperado: depresión, enojo, angustia y culpa. La combinación suele ser agotadora para la mente y para el espíritu. Algunas investigaciones sobre estos procesos depresivos, sugieren que si las personas encuentran la forma de sentir, junto con lo negativo, algunas emociones positivas, la sanación se facilita.

_La gratitud por lo vivido, el orgullo por los logros, la esperanza y el amor, pueden ayudar a regular la depresión frente a la pérdida. Para lograrlo, puede ser útil involucrarse en alguna actividad, mientras más interesante y constante, mejor: ejercitarse todos los días, escribir un diario, tomar un curso, aprender a bailar, desarrollar nuevos vínculos. Pero sobre todo, intentar enfocarse en el presente, que es el único tiempo de la vida.


Han pasado algunos meses desde que ocurrieron juntos todos los desastres. Había leído y me había dicho la gente que me quiere, que el tiempo me curaría un poco. Es verdad que sí. Que el paso del tiempo ha vuelto menos difícil mi nueva vida, sin pareja, sin hijos, sin mi padre.

El campo minado de tristeza está un poco menos saturado. He aprendido a ser más suave y amable conmigo y procuro no esperar demasiado de mí misma. He entendido que estoy haciendo lo que puedo y empiezo a vislumbrar pedacitos de futuro. Uno menos sombrío, en el que tengo ganas de reírme, de salir a caminar, de ver a mis amigos, de volverme a enamorar, de ser feliz porque mis hijos son independientes.

He llegado a una conclusión simple que me sana: El duelo no se combate ni se abraza.

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