Opinión

Los Fieles Difuntos

 
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fieles difuntos

Always New York

La tradición de recordar a los muertos, en la mayoría de las culturas y
religiones, que se fusiona con la celebración del Día de Todos los Santos, busca ayudar a quienes partieron a encontrar reposo final. Aún cuando estos ritos tienen un origen precristiano en la cultura celta, las religiones cristianas lo incorporaron a su ritual. Hay también la creencia de que las almas de los difuntos que gozan ya de la redención, habrán de interceder por quienes fallezcan para que gocen de la vida eterna. Así esta fusión une el mundo de los muertos con el de quienes aún viven en este mundo.

Tras los sismos de este año, esta celebración de un gran sincretismo,
adquiere una mayor significación. La fuerza de la naturaleza nos recuerda nuestra fragilidad, la brevedad de la existencia, la necesidad de trascendencia, y además en esta ocasión, dio paso a una gran solidaridad que se origina en un gran humanismo, fuente de nuestra nacionalidad y cultura que sorprendió al mundo.

Los altares y los famosos versos o calaveritas son parte de esta
celebración e imprimen gran sentido del humor, tan característico de
nuestra identidad. Se dice que los mexicanos nos reímos de todo, incluida la muerte, a la que burlamos así, de cierta forma. Al final es el triunfo de la vida sobre la muerte. Dice Isabel Vázquez “La Muerte está en busca, de quien la pueda maquillar, porque se quiere ir el sábado, a una gran fiesta a bailar”.

Y si, las calacas bailan. No se quedan en el closet. No se pueden ocultar. Y muchos se llaman a sorpresa cuando en público se presentan. Ya por prensa o por redes, no las pueden acallar. Así que si no quieres exponerlas, lo mejor es no tenerlas, porque tarde o temprano saldrán. La culpa no es de los medios, es la naturaleza misma de las calacas, pues quietas no pueden estar.

Así que no son las filtraciones el problema, sino las realidades que
develan. Claro que cuando de investigaciones en curso se trata, pueden
ocasionar faltas al debido proceso y liberar a culpables, por eso es grave. Cuando se filtran falsedades sobre estas investigaciones, peor es el resultado. Por eso en el Senado mejor se fueron a descansar, y así, evitan liberar a las calacas que rondan a Santiago Nieto y su destitución.

Muy distinta es la muerte natural, a la que se debe a accidentes, o a
sucesos catastróficos naturales. Siempre lloramos a nuestros muertos.
Peor es aquella infligida por actos terroristas. El consuelo no llega, porque no hay explicación válida, que logre descifrar el odio. Por eso hoy duele Nueva York, ciudad libertaria y plural, que por lo mismo atrae las fobias. Su espíritu no se quebrará ha dicho Bill de Blasio, su alcalde, ante el cobarde atentado. En efecto #AlwaysNewYork.

Y la inexplicable muerte es la violenta, derivada de robo, asalto, u hoy
causada por combate o enfrentamiento de narcos. El mayor sin sentido de una muerte, me parece, es el feminicidio, por su fuerte carga emocional y cultural contra las mujeres. Resultó impactante que en concurso de belleza en Perú, se alzara la voz con cifras, contra esta cruel realidad que lesiona la convivencia social. En México es alarmante.

Hoy, con sentimientos encontrados, celebramos otra vez a los fieles
difuntos. Dice Cristi que son fieles, más por muertos que por leales,
porque así es la condición humana. Cierto o no, este festejo nos pone ante la inexorable muerte y por tanto ante el festejo de la vida. Ante lo efímero buscamos lo trascendente. Y la Ciudad de México registró muchas historias ante las desgracias de los sismos. Aún falta mucho por reconstruir. Tomará tiempo, recursos y muchas voluntades, ya en marcha.

Empecemos por reconstruir nuestra relaciones con los demás, dejar atrás el peso de envidias, rencores, desacuerdos, porque nos restan vitalidad. La vida es un suspiro, que no se te escape en una exhalación, alarga la experiencia, cuida tu salud, pero sobre todo a quienes amas y le dan así sentido a tu existencia. El triunfo de la vida cobra sentido en el amor que la genera y la nutre. Así podremos enfrentar el momento de la muerte cuando nos reclame.


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