Opinión

Los fabulosos Castro

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Castro brazo Obama (AP)

Obama resumió su postura en unas cuantas frases: “Durante 50 años ellos han usado la agresión de Estados Unidos (EU) o los intereses nuestros en el cambio de régimen como una excusa para explicar porqué tienen que protegerse de la disidencia dentro de Cuba (…) lo que he indicado es que no podemos forzar los cambios en Cuba, pero sí podemos –y haremos– defender los derechos que nosotros consideramos universales”. (Programa World News Tonight with David Muir”. ABC News.com. 21 de marzo, 2016).

Obama fue consistente por partida doble: visitó la Habana y está abogando por la terminación del bloqueo económico –que seguramente no ocurrirá bajo su gobierno–; pero también se entrevistó con los disidentes cubanos y su discurso a favor de la democracia y la libertad de expresión y manifestación fue transmitido por la televisión.

Sin embargo, se ha criticado al presidente de EU por haber asistido a un partido de béisbol con Raúl Castro, porque constituye una bofetada a todos los opositores que han sido encarcelados, perseguidos y asesinados por el régimen. Para no ir más lejos, en Cuba alguien puede ser condenado a cuatro años de prisión no por 'delinquir', sino por suponer que pretende hacerlo.

En la misma tesitura, Raúl Castro en una conferencia de prensa tuvo el descaro de responder, a pregunta expresa, que en Cuba no había presos políticos y emplazó a que le presentaran un solo caso, para excarcelarlo en ese mismo momento.

Sería ingenuo no reconocer que Obama tenía interés personal y prisa por visitar Cuba. Su gobierno está por concluir y una de las huellas que quiere dejar, así como Nixon hizo con China, es el giro en política exterior. Giro que fue ratificado en su visita a Argentina, donde reconoció que EU no estuvo del lado de los derechos humanos durante la dictadura militar.

A final de cuentas, un cambio como el que está impulsando Obama parte de un reconocimiento de la realidad: EU no es todopoderoso ni hay indicios que los Castro se estén debilitando. Así que sólo resta impulsar una apertura y esperar que sea el propio pueblo cubano quien genere el cambio.

La probabilidad que la estrategia de distensión tenga éxito ha sido criticada citando los casos de Vietnam y China, países con los que EU reanudó relaciones, y donde ha habido cambios económicos pero no políticos. Los mismos líderes de la resistencia cubana son escépticos. Porque consideran que, terminada la visita, el régimen borrará con su aparato de 'información' y propaganda cualquier vestigio de las palabras de Obama.

Para acabar de complicar las cosas, hay dos hechos indiscutibles: el giro que dio Obama está sujeto a las elecciones en EU; inútil advertir que si los republicanos llegan a la presidencia darán marcha atrás. Por otra parte, las relaciones económicas caminan muy lentamente aminorando el efecto que pudieran tener sobre la política.

Dicho eso, hay que considerar que los hermanos Castro han tenido una capacidad admirable de sobrevivencia: cayó el Muro de Berlín y no pasó nada; se colapsó la Unión Soviética –y con ella el subsidio de miles de millones de rublos–, vino la penuria y el racionamiento, y no pasó nada. Murió Hugo Chávez, caerá Maduro, y seguramente no pasará nada. En pocas palabras: los fabulosos Castro han logrado capotear todas las adversidades.

Pero la prueba de fuego se avecina: los hermanos Castro no son eternos. El tiempo ya los ha minado, más a Fidel que a Raúl. Así que la pregunta es si el régimen sobrevivirá a su deceso. Y aunque nada se puede aseverar a ciencia cierta, el espejo de Franco y España arroja más luz sobre el futuro de Cuba, que China o Vietnam.

En resumidas cuentas, el generalísimo y los Castro (Fidel, el caudillo, Raúl, el apéndice) tienen en común el factor gallego, es decir, el mismo ADN. Tal como lo advirtió Octavio Paz, los caudillos latinoamericanos están enraizados en la cultura hispanoárabe, resultado de siete siglos de conquista. A lo que se puede añadir un corolario: muerto el caudillo, tarde o temprano, colapsa el régimen.

Twitter: @sanchezsusarrey

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