Opinión

Los espectros de la democracia

 
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Jaime Rodríguez Calderón terminó el recorrido en la Arena Monterrey, donde ofrecio un discurso. (Félix Vázquez).

Asistimos, no hay ninguna duda, a un momento de profundo desprestigio de la política, de los políticos y de los partidos políticos, éstos, actores protagónicos de la democracia.

Muestra de la magnitud de la denigración mencionada la encontramos en el último informe dado a conocer por Latinobarómetro, que ubica a México en el último lugar (de 18 países) en lo que se refiere a satisfacción ciudadana con la democracia; sólo el 19 por ciento está satisfecho con ella. Vale mencionar que el promedio en la región es de 37 por ciento por ciento.

Las salidas falsas que presentan los “nuevos demócratas”, se dan a través de candidatos independientes y el temor se advierte en el “populismo”.

Las candidaturas independientes, deben vislumbrarse desde el derecho fundamental del ciudadano a votar y también a ser votado sin tener que pasar por los partidos políticos; sin embargo, resulta preocupante la revaloración y sobredimensión a los políticos que buscan candidaturas “independientes” de los partidos políticos como “redentores” de la política.

Salida falsa porque el verdadero reto de nuestra democracia versa sobre cómo se ha ido pudriendo la política, cómo la corrupción y la ineficiencia han gangrenado a la clase política y como los partidos se han atrofiado en sus funciones originarias y como todo ello nos ha puesto en una situación crítica de nuestra democracia, hasta llegar al desencanto.

El déficit económico sumado a la crisis de representatividad que ha generado tal desprestigio, sin duda bien merecido hace que las salidas falsas que menciono atenten en contra de nuestras instituciones.

Con los partidos políticos como ingrediente fundamental de la democracia es posible que todos los ciudadanos encuentran una vía de comunicación con el poder, son también por supuesto el medio para acceder a él a través de la competencia electoral democrática, pero también se constituyen no como personas que a “voluntad” pueden definir el vaivén de una Nación, sino que están sustentados con una ideología y un proyecto programático, el cual en el caso de ganar habrán de implementar, pero los partidos que no ganan, sirven de contrapeso y su papel debe ser el de señalar las desviaciones y los errores de los partidos de la coalición gobernante, decía el profesor Gianfranco Pasquíno, que “el papel de la oposición es que el gobierno mal gobierne”.

Si el papel del partido en el gobierno no es satisfactorio a los ciudadanos, éstos pueden castigar en la próxima elección a dicho partido y si la oposición hizo bien su papel, entonces los ciudadanos pueden premiarla y así sucesivamente dando paso a la alternancia en su caso y con ello haciendo de manera esencial el juego democrático, buscando cada día una sociedad mejor.

Hoy lo in es ser independiente, y entre más “bronco”, mejor y resulta rentable decir lo que el “auditorio” quiere escuchar, pero ¿Cuáles son las propuestas? ¿Cuál es el programa? ¿En dónde dejamos las instituciones partidarias? Si están mal, corrijámoslas, pero no pensemos en eliminarlas, mejor que los “independientes” sirvan de acicate para su reforma y transformación democrática.

Resulta urgente emprender de forma racional la discusión del fondo del problema de la democracia y sus actores, antes de que los iluminados independientes y sus titiriteros (los poderes fácticos) nos llevan a una situación más complicada que la que hoy vivimos, que se profundiza día a día por el malestar por las promesas incumplidas, por la amplia corrupción, por la impunidad con la que se actúa, por la ausencia de un Estado de Derecho, por un crecimiento económico demasiado mediocre que no satisface las necesidades de empleo de los mexicanos; por la creciente pobreza y desigualdad, por ese “capitalismo de amigos” que se ha implementado en los últimos años.

Es mejor repensar nuestra democracia y cómo mejorarla.

Twitter: @SamuelAguilarS

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