Opinión

Los enemigos y la ley

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ME. CNTE: Llegó la hora.

Para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley. Esta vieja máxima de la política latinoamericana fue acuñada por Óscar Benavides, un militar que gobernó Perú a principios del siglo pasado. Cien años después, no ha perdido vigencia en nuestro país. La notoria corrupción de las cúpulas sindicales, dedicadas a extorsionar al gobierno para extraer rentas del erario, se toleró por lustros. Sin embargo, como aprenderán los dirigentes de la Sección 22 de la CNTE, la ley siempre está ahí para quienes se ganan la enemistad del gobierno federal.

Hasta hace poco, la Sección 22 parecía indomable. Por años, sus marchas y plantones quebraron negocios en el centro de la ciudad de Oaxaca y colapsaron el tráfico en el Distrito Federal. El llamado “magisterio disidente” estaba acostumbrado a exigir y a obtener. Hace un par de meses, cuando la SEP anunció de forma intempestiva la “suspensión” de las evaluaciones de maestros, pareció que la CNTE incluso había logrado echar por suelo la reforma educativa. Sin embargo, los eventos de los últimos días sugieren que la Sección 22 es menos temible de lo pensado. Bastó congelar algunas cuentas bancarias y amagar con despidos para que se hicieran patentes sus fracturas internas.

El golpe más duro para la Sección 22 ha sido la pérdida del control que tenía sobre el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO). Con él, la cúpula sindical comandada por Rubén Núñez también pierde el control que en la práctica ejercía sobre la gestión de los recursos del sector educativo en el estado. También desapareció la “Fiscalía Especializada para Asuntos Magisteriales”. La procuraduría de Oaxaca ya anunció que revisará las averiguaciones previas registradas en dicha fiscalía, para investigar los casos de encubrimiento a los maestros.

A pesar de la amenaza, no muy sutil, en el plano judicial, la cúpula de la Sección 22 no renunciará a sus prebendas sin dar batalla. Ahora que los recursos escasean, la estrategia del magisterio oaxaqueño será formar un frente amplio, como fue hace algunos años la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que logre doblegar la intención de los gobiernos federal y estatal de recuperar la rectoría sobre la educación en Oaxaca. En concreto, buscarán sumar a su causa a los trabajadores del sector salud que se oponen al seguro universal. En anticipación, se desplegó en Oaxaca a un número importante de elementos federales (sin lugar a dudas, una condición del gobernador Gabino Cué para aceptar retomar el control del IEEPO).

Después de la pifia que ha sido la fuga de El Chapo, el gobierno federal necesita reafirmar su capacidad de operación. Lo hace ahí donde sabe que el aparato del Estado sí funciona y rinde dividendos: en contra de líderes corruptos de un sindicato impopular; al igual que ocurrió, a principios del sexenio, con el arresto de Elba Esther Gordillo. Por cierto, no sólo los gobiernos priistas han hecho demostraciones de este tipo.

Uno de los mayores éxitos del gobierno de Felipe Calderón fue la extinción de Luz y Fuerza del Centro (una empresa que desde años atrás servía exclusivamente a los intereses de sus dirigentes sindicales). Ocupar las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro, y asumir de un día para otro la operación de toda la red eléctrica del Valle de México, implicaba un riesgo altísimo. Sin embargo, se jalaron los hilos que fue necesario, y todo quedó en algunos plantones y marchas por parte del Sindicato Mexicano de Electricistas.

Es probable que algo similar pase con la tristemente célebre Sección 22. Hasta ahora, las autoridades se perfilan como las ganadoras de la confrontación. Esta capacidad para actuar con determinación en contra de movimientos sindicales contrasta con la incompetencia que las dependencias del sector de seguridad han mostrado una y otra vez en materia de combate al crimen organizado. Nuestro aparato de seguridad, en particular las unidades que desarrollan actividades de inteligencia, siguen marcados por el contexto en el que fueron creados: el de un país con baja incidencia delictiva, en el que la prioridad era mantener bajo control a grupos políticos radicales y en general a los adversarios del gobierno. En esa misma lógica siguen operando y, de vez en vez, pueden llegar a ser eficaces.

Por nostalgia o por oportunismo, algunas voces todavía defienden a la CNTE de Rubén Núñez (de forma destacada López Obrador, que con ello insiste en su curiosa estrategia de distanciamiento del centro político). La nostalgia es comprensible. La CNTE surgió como una fuerza democratizadora frente a las prácticas caciquiles y la corrupción galopante del SNTE de Carlos Jonguitud y Elba Esther Gordillo. Sin embargo, desde hace años replica las prácticas autoritarias y rentistas de su rival: el manejo discrecional de las cuotas sindicales y la exigencia de controlar la asignación de plazas, para el enriquecimiento de los dirigentes. Eso sí, la CNTE, muy particularmente la Sección 22, amplió e innovó en el repertorio de técnicas de intimidación, al extremo de amenazar con impedir las elecciones de este año. Si desaparece, no creo nadie en Oaxaca la extrañe, fuera de su propia dirigencia.

Twitter: @laloguerrero

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