Opinión

Los emergentes y el alza en tasas de la Fed

 
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[El FMI dará a conocer sus proyecciones en octubre./Bloomberg] 

El Fondo Monetario Internacional pronostica para este año un crecimiento de alrededor de 3.1 por ciento para el mundo, 2.0 por ciento para las economías avanzadas y 4.0 por ciento para las emergentes. Los países emergentes generan más de la mitad de la producción global, si usamos cifras ajustadas por poder adquisitivo y 35 por ciento si consideramos los datos nominales.

Más de 10.3 billones de dólares están invertidos en acciones y bonos a través de fondos de inversión especializados en mercados emergentes, con cientos de clasificaciones más específicas, en teoría de acuerdo al perfil de riesgo de los inversionistas.

China, Chile y la República Checa son economías emergentes. México también. No es un grupo particularmente exclusivo. Hay 152 economías emergentes y en vías de desarrollo de acuerdo con las categorías del FMI. La clasificación está en función del ingreso per cápita, la diversificación en exportaciones de las economías y su integración al sistema financiero global. El FMI reconoce que la clasificación no está basada en principios estrictos y que su propósito es únicamente facilitar el análisis.

Básicamente, las economías emergentes son las que no se consideran avanzadas, de éstas últimas sólo hay 37.

El término “emergente” implica, o por lo menos sugiere, una etapa de transición de una economía subdesarrollada a una desarrollada. Pero la ambigüedad de la clasificación permite que dentro de este grupo emergente haya economías que más que emerger, se hundan más, como Venezuela en este momento o Brasil, que fue la economía emergente estrella de Latinoamérica hace pocos años. Tampoco implica, desde luego, que una vez que se llega al estatus de las avanzadas, la permanencia ahí esté garantizada. Argentina lo fue en algún momento. Grecia también, pero dejó de serlo hace un par de años.

La semana pasada subieron las tasas de interés en Estados Unidos por primera vez en casi una década. La reacción en los mercados bursátiles, en las relaciones cambiarias y los movimientos de capitales, fue tranquila y positiva, tal vez porque finalmente terminó la etapa de incertidumbre y se inicia un cambio de ciclo monetario. Sin embargo, esta reacción puede ser de corto plazo. En estos años de exceso de liquidez con tasas de interés cercanas a cero, muchos capitales se refugiaron en economías emergentes, tan diversas como sus riesgos. De acuerdo al Financial Times, más de nueve billones de dólares han inundado los mercados emergentes desde 2005 y los niveles de deuda se han incrementado de forma importante alcanzando, en promedio, 160 por ciento del PIB, mientras que antes de la crisis financiera fluctuaba alrededor de 100. Gran parte de esta deuda se concentra en empresas no financieras, una deuda del tamaño de 90 por ciento del PIB total de las economías emergentes.

El inicio de una política monetaria que restringirá poco a poco la cantidad de dinero en Estados Unidos pone a estas empresas, y a los hogares, en una situación crediticia complicada. La probabilidad de incumplimientos corporativos se incrementa. El Instituto de Finanzas Internacionales, IIF por sus siglas en inglés, estima que este será el primer año desde 1988 en el que se observe un flujo negativo de capitales de economías en vías de desarrollo hacia las desarrolladas.

Las economías emergentes dejaron de ser el motor de desarrollo del mundo en los últimos años. El incremento en tasas aumenta la presión y muy probablemente frene su desarrollo. Incluso ya hay temores de que estas economías detengan la actividad global o la impulsen a otra etapa recesiva.

Pero recordemos que hay 152 economías emergentes con toda la diversidad posible. Los efectos del alza en tasas se están viviendo de forma distinta en cada una, tan distinta que resulta complicado hablar de un conjunto con características similares, simplemente porque no las tienen.

México reaccionó como era de esperarse, con el correspondiente aumento en la tasa de interés, para frenar una posible salida de capitales o una mayor depreciación del tipo de cambio. Pero los lastres para el crecimiento de México, independientemente de su condición de emergente, radican más allá de la tasa de interés.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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