Opinión

Los efectos de la reforma energética: las verdades

 
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Petróleo

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM.

La reforma energética, aprobada en 2013, y particularmente la petrolera, fueron presentadas al poder legislativo y a la sociedad como la vía más propicia para alentar la modernización de PEMEX y generar mayores niveles de riqueza. La nueva riqueza vendría de áreas petroleras aún no explotadas y localizadas, sobre todo, en aguas profundas. La falta de recursos y tecnología en poder de la parestatal obligaban, según los proponentes de la reforma, a hacer posible la participación de inversionistas privados, nacionales (Ramírez Corso, Gil Díaz, Emilio Lozoya) y extranjeros (Halliburton, Schlumberger, British Petroleum, Petrofac, Repsol). México, resguardando la propiedad del recurso, compartiría con estos nuevos actores la nueva riqueza generada. Según las cuentas del Presidente de México, los beneficios nuevos que se obtendrían serían mayores que las partidas que habría que compartir con los nuevos socios. Como dicho en su momento, una negociación gana-gana en dónde el Estado, para beneficio de la sociedad, obtendría más recursos derivados de la industria petrolera, su paraestatal PEMEX se modernizaría, resultado de la competencia, y los nuevos actores serían compensados por sus capitales y tecnologías aportados. En el neto, México saldría ganando.

Después de dos años de haberse aprobado la reforma ¿qué es lo que ha ocurrido? Una posible respuesta es que el objetivo de incorporar a nuevos actores, en este caso de inversionistas privados, no se ha logrado. La versión uno de la Ronda Uno, como es público, produjo resultados no anticipados por sus organizadores. Prácticamente nadie quiso arriesgar su capital ante las circunstancias internas que afectan a la economía mexicana así como a la industria petrolera en el mundo. Simplemente, las expectativas son tan malas que nadie quiso tomar riesgos. Una segunda versión de la misma Ronda Uno, próxima a realizarse, a “flexibilizado”, es decir dando mayores concesiones, las condiciones y lo que se espera es que ahora sí se establezcan compromisos entre el Estado mexicano y los inversionistas. En lo concreto, los inversionistas privados, nacionales y extranjeros, estiman que lo que se ofrece no es suficiente, ¡quieren más!

En el ámbito en el que si han ocurrido cosas, y todavía no tenemos todas las noticias, vendrán nuevas, es lo que está pasando en Pemex. La historia de la paraestatal mexicana está caracterizado por un saqueo generalizado de sus riquezas. El gobierno tasa a la empresa con altos impuestos para financiar su gasto. Los funcionarios de la empresa se pagan sueldos y prestaciones dignas de magnates y los tratos con los dirigentes sindicales permiten que ellos acumulen fortunas y canonjías de las cuales todos sabemos casi nada de su monto y frecuencia.

La reforma energética y sus consecuencias jurídicas han generado un contexto legal que permite justificar lo que a mi juicio es el verdadero objetivo de la reforma que es el de poner a disposición de nuevos actores (empresas transnacionales, empresarios nacionales petroleros y otros con ganas de serlo), y algunos ya existentes (la élite sindical), la riqueza petrolera mexicana. La historia que la industria petrolera mexicana es para beneficio de la sociedad mexicana es cierta en un nivel muy delgado. Desde antes de la reforma y ahora con ella, el petróleo ha sido para beneficio de los pocos, no de la sociedad.

Como sabemos en estos procesos de ajuste y de una privatización de la industria petrolera con participación estatal, los más son los que resultan más afectados. Ya los consumidores hemos sentido los impactos del mismo. Los gasolinazos, que aunque interrumpidos temporalmente, son prueba de ello. Ahora le corresponde a los trabajadores de Pemex pagar los costos de hacer Pemex competitivo. Y lograr eso, no es difícil adivinarlo, significa adelgazar la planta de trabajadores y reducir las prestaciones sindicales.

En un estudio, aparentemente encargado a la empresa consultora McKinsey, fechado Junio de 2014 e intitulado “Benchmark organizacional frente a la Reforma Energética”, los verdaderos objetivos de la reforma se revelan. El estudio, después de realizar un análisis amplio y detallado de lo que ocurre en las diferentes áreas de la empresa; comparar lo que ocurre en el –ámbito laboral en Pemex vis a vis otras empresas petroleras en el mundo y trazar estrategias para lo que el estudio denomina “como maximizar la retención y atracción de talento Pemex, aterriza con la aseveración“, concluye en que “se detectó una oportunidad total de ajuste de 66 mil plazas y 33 millones de miles de millones de pesos”. El estudio continúa diciendo “Se propone una implementación, para 2015, en 4 olas de acuerdo a las oportunidades en cada subdirección: “la ola cero permitirá capturar una oportunidad de 1,200 plazas y 700 MM de pesos; la ola uno permitirá capturar 27,100 plazas y 12.9 MMM; la ola dos 22,000 plazas y 11.3 MM de pesos y la ola tres, 17.3 mil plazas y 7.8 MM de pesos” Según el estudio, otra vez, las área sobredimensionadas en personal son: Refinación con 31 mil plazas no necesarias. El área PEP de hasta 24 mil plazas de sobredimensionamiento; el Corporativo con 7 mil plazas de sobredimensionamiento y en Gas y Petroquímica Básica con hasta 5 mil plazasde sobredimensionamiento. Incluso especifica dentro de cada área, las parte de ellas en dónde habría que hacer los recortes.

Pero el ajuste no se detiene ahí. Como sabemos el tema de las prestaciones sindicales es una preocupación para, otra vez, lograr la competitividad. Se pretende un alcanzar un cambio radical en el sistema de jubilaciones y pensiones. El estudio habla de lograr jubilaciones “flexibles” y aumentar la edad de jubilación de 55 a 65 años y pasar de 30 a 40 años de servicio. Pero otros temas están incluidos, por ejemplo, se quiere modificar el Reglamento de Trabajo del personal de confianza. Las predicciones más pesimistas señalan, incluso, que el Contrato Colectivo de los Trabajadores Activos podría desaparecer este año.

Todo lo anterior se resume en una oración contundente del estudio que dice: “La reforma energética obligará a Pemex a ser más competitivo que el mercado, por lo mismo, deberá tener una plantilla más eficiente para hacer frente a la nueva competencia en el mercado nacional”.

Lo más asombroso de todo esto es que esta historia se ha repetido muchas veces, dentro y fuera de México. Las reformas hechas por el poder público han prometido exactamente lo contrario de lo ocurrido. Y si sabían que así iba a ser. Pero lo más sorprendente es que el pueblo, a pesar de las voces que advertían de estos peligros, votaron por quien, de manera explícita en su campaña, dijo, de manera encubierta, lo que está ocurriendo.

Pemex no solo será reducido en su capacidad. Lo que quede será entregado a “connacionales” y extranjeros, a costa del bienestar de los trabajadores y también de la sociedad, que no recibirá los beneficios prometidos.

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