Opinión

Los dueños de la protesta

En nombre de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa se cometen actos vandálicos que van subiendo de tono cada día, sin que el gobierno dé una señal de querer poner freno al saqueo, la destrucción y los incendios provocados por grupos políticos, con propósitos también políticos.

El gobierno está atado de manos para actuar porque se encuentra entrampado con el conflicto de interés por la “casa blanca”, que contamina todos los demás temas.

Desatar ese nudo y separarlo del caso de Ayotzinapa resolvería muchos problemas, como frenar el vandalismo de las pandillas afines a Morena y plantar cara al cinismo de quienes mueven los hilos de la inconformidad para personalizarla en Peña Nieto.

Devolver esa casa le permitiría al gobierno actuar con toda autoridad moral en una crisis que no puede enfrentar si tiene una mano amarrada a un pie.

Mientras siga el problema de la “casa blanca” el gobierno no podrá enjuiciar a nadie por corrupción o conflicto de interés, y vaya que hay candidatos, hoy convertidos en vociferantes opositores.

Ahora resulta que por los desaparecidos de Ayotzinapa se vale saquear camiones con mercancías , tomar las casetas de peaje, romper fachadas de bancos y restaurantes, agredir a policías, tomar carreteras y quemar vehículos de servicio público.

Y cuando detienen a algunos de los vándalos en flagrancia o apoyados en pruebas fotográficas, tienen que soltarlos a los pocos días porque el gobierno no resiste la presión social.

No la resisten porque no quieren, pero hoy por hoy existe un amplio sector del país que bien puede decir “ya me cansé” del gobierno que no hace respetar las leyes.

Los secuestrados de Ayotzinapa, para desgracia de todos, están muertos.

En un acto de crueldad que nos recuerda la barbarie nazi, a los normalistas los asfixiaron amontonados en camionetas y luego los quemaron hasta convertirlos en cenizas.

El grito de “vivos los queremos” es comprensible en los padres de las víctimas, pero en voz de manifestantes con sello partidista es un acto político para añadir el “fuera Peña” que “no es capaz de encontrarlos”.

También gritan contra la impunidad, pero cuando se les aplica la ley a sus amigos encapuchados, es “un atropello del Estado que hace cosas peores”.

Peña Nieto no mandó secuestrar a los normalistas. Tampoco se los entregó a bandas criminales para que, literalmente, los desaparecieran.
Eso lo hizo la izquierda, cuya militancia marcha para exigir que se vaya el presidente que nada tuvo que ver con la desgracia de los 43.

Los que cometieron ese crimen y sus autores intelectuales están en su mayoría presos, pero en las manifestaciones nadie grita por endurecer la ley contra ellos.

Nadie se ha preocupado por conocer las declaraciones de Abarca. O cómo van las investigaciones para detener al director de Seguridad Pública de Iguala, que apresó a los normalistas y los entregó a Guerreros Unidos.

Lo que hay es un grotesco festín de impunidad porque el gobierno tiene las manos amarradas para aplicarle la ley a los vándalos, que están estrechamente ligados a un partido político, Morena, que quiere derrocar al gobierno.

Y ese movimiento vengativo en contra de la persona de Peña Nieto, es azuzado por medios de comunicación vinculados a (o propiedad de) poderosos intereses afectados por las reformas. ¿No? Es cosa de verlos.

Twitter: @PabloHiriart