Opinión

Los drones generan nuevos militantes


 
La sesión anual del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha sido el marco, esta semana, de duras críticas a Estados Unidos por un tema obvio: Que los ataques de los aviones teledirigidos (drones) de la CIA ––guiados en muchas ocasiones, como se expuso este mes, por la Agencia de Seguridad Nacional––, lejos de ser “quirúrgicos” y precisos, cobran numerosas víctimas civiles y atizan el deseo de venganza en países como Yemen, Pakistán, Somalia y Afganistán.
 
Ben Emmerson, relator de la ONU para ejecuciones extrajudiciales, afirmó por ejemplo en un informe a la Asamblea General que en Afganistán el gobierno norteamericano ha creado “un obstáculo casi insuperable para la transparencia” de las operaciones con los aviones Predator y Reaper, “tripulados” a menudo desde bases en EU. Las autoridades de Pakistán, por su lado, le indicaron que de un total de 2 mil 200 muertes de presuntos efectivos de Al Qaeda y del Talibán en sus zonas tribales autónomas, “al menos 400 correspondieron a civiles y otras 200 fueron consideradas de probables no combatientes”.
 
En Cairo Review, a su vez, Nabeel Khoury, ex subjefe de la misión del Departamento de Estado en Yemen (2004-07), sostiene que cada ataque de los drones genera al menos de 40 a 60 nuevos militantes de los movimientos radicales islámicos que Washington se empeña en liquidar. Ahora académico en el Consejo de Chicago para Asuntos Globales, Khoury escribió que “en la guerra, los aviones no tripulados pueden ser parte de una estrategia millitar amplia, pero en un país con el que no estamos en guerra, se vuelven parte de nuestra política externa y la dominan, en detrimento de nuestros objetivos políticos y de seguridad”.
 
Colaboración
 
Ante las nutridas críticas, que incluyeron a Amnistía Internacional y Human Rights Watch, la administración Obama reaccionó exhibiendo al gobierno de Pakistán y, de paso ––como en el caso del espionaje de la NSA–– la profunda hipocresía que priva en las relaciones multilaterales. Justo mientras el premier pakistaní, Nawaz Sharif, arribaba a EU para reunirse con Barack Obama y pedirle que cesen los bombardeos, The Washington Post destacó en un reportaje de Bob Woodward que durante años el propio régimen de Islamabad aprobó en secreto los ataques aéreos, 65 de los cuales, al menos, se planearon con el país asiático.
 
Así se las gastaba el dictador Pervez Musharraf, que llegó a solicitar algunas de las incursiones de los drones lanzamisiles que sus funcionarios después condenaban; Sharif, quien apenas fue elegido en mayo, prometió en campaña que buscará el fin de los bombardeos, que amenazan con desestabilizar su gestión.