Opinión

Los dilemas de la Fed y
del Banxico

 
 

 

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Esta semana tendremos la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto, el cuerpo colegiado que determina la política monetaria del principal banco central del mundo: la Reserva Federal. Las decisiones de esta reunión serán claves para el futuro de los mercados globales, tanto de los financieros como los de materias primas.

Hace tres semanas la presidenta de la Fed, Janet Yellén, en una comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos quiso tranquilizar a los mercados al revelar que el Comité no piensa impactar a los mercados con un primer incremento de la tasa de interés básica (la de Fondos Federales) sorpresivo. Antes de esta decisión, primero tendríamos que ver que en los comunicados que se realizan al término de cada reunión se quite el mensaje que ha incluido desde hace algunos meses de que “la Fed será paciente para aumentar sus tasas de interés”, lo que señaló, “no implica que subiría las tasas inmediatamente”.

Hace dos semanas un buen reporte del mercado laboral en Estados Unidos para febrero propició que los participantes de los mercados interpretaran que muy probablemente en esta reunión de marzo ya podría eliminarse el término “paciente” en el comunicado respectivo, y que por lo tanto el primer incremento de las tasas podría darse entre junio a julio. Esta interpretación desquició a los mercados. Vimos subir al dólar contra todas las monedas, las tasas de interés de largo plazo en dólares crecieron desde 1.60 por ciento anual hasta 2.20 por ciento, contagiándose en forma amplificada en las tasas de interés de todo el mundo, y vimos ajustes en las cotizaciones de las materias primas y en las bolsas mundiales.

En otro plano, el Banco Central Europeo inició el lunes 9 su programa de creación de euros. La inyección conjunta de liquidez que están efectuando el banco del euro y el Banco de Japón, que lleva ya dos años creando yenes en forma masiva, suma el equivalente a 1.4 billones de dólares, 40 por ciento más que lo que estaba creando de dólares la Fed hace un año. Esta brutal inyección de liquidez implica un dólar que tiende a fortalecerse contra todas las monedas, tasas de interés muy bajas, deflación en los precios de las materias primas como los granos, los metales y los hidrocarburos, y una tendencia alcista en las acciones.

Como puede advertirse, hay dos grandes fuerzas que hacen subir al dólar continuamente: la expectativa de alza en las tasas de interés en dólares y la abundante liquidez global proveniente de fuentes distintas al dólar. Ambas fuerzas generan importantes distorsiones y una fuerte volatilidad, por ejemplo: la tasa de interés que ofrecen los bonos alemanes a 10 años cerraron el viernes pasado en 0.26 por ciento anual, las equivalentes de los bonos del gobierno japonés se sitúan en 0.39 por ciento anual, y la tasa de los bonos del Tesoro de Estados Unidos están en 2.11 por ciento anual. ¿Hace sentido esto?

La Fed está metida en una verdadera trampa. Si el mercado laboral ha mejorado, junto a la actividad económica, ya no se justifica mantener la tasa de referencia en este rango entre cero y  0.25 por ciento determinado desde hace cinco años durante la severa crisis financiera, hipotecaria y automotriz. Si aumenta las tasas, arrancando un ciclo de largo plazo de normalización de las mismas, en estas circunstancias puede provocar un fortalecimiento exagerado adicional del dólar. Podríamos ver, por ejemplo, al euro en 0.80 dólares; en México podríamos ver una cotización del dólar en 17 pesos. Esto tendría varias consecuencias: los precios de las materias primas seguirían bajando, las tasas de interés subirían en todo el mundo, las bolsas bajarían, pero lo más grave es que la manufactura norteamericana perdería competitividad, lo que podría enfriar su economía.

La sobrevaluación del dólar, la deflación de precios al productor reportada la semana pasada en Estados Unidos del menos 0.5 por ciento, la contracción por tercer mes consecutivo de las ventas al menudeo, junto con la muy reducida inflación al consumidor, harían cuestionable que en esta reunión cambien el texto del comunicado. Pero hay otros expertos que opinan que ahora existen las condiciones adecuadas para iniciar el ciclo alcista, como: liquidez abundante, deflación global, el anticipo que ya han registrado todos los mercados.

El Banco de México también está metido en un dilema: su mandato es sólo de control de la inflación, no es un doble mandato, como el que tiene la Fed, de control de la inflación y procuración del pleno empleo. Si Carstens le mete la mano al tipo de cambio, bajándolo artificialmente, le saldrá contraproducente. Banxico no puede apreciar al peso artificialmente cuando todas las monedas se están devaluando contra el dólar. No podemos perder competitividad. Lo único que está creciendo es la manufactura exportadora.

Si sube las tasas de interés puede frenar la depreciación del peso relativamente, pero esto va pegarle al crecimiento y a las finanzas públicas, ya que el Estado tendría que pagar mayores intereses por su deuda.

Hasta hoy, la depreciación del peso no se ha contagiado a una mayor inflación de los productos finales. Las empresas están absorbiendo el incremento del dólar con un menor margen. Pero hay algún nivel del tipo de cambio que puede generar una espiral inflacionaria. La medida anunciada la semana pasada de ya no acumular reservas internacionales, pero tampoco disminuirlas, con las subastas por un total de tres mil millones de dólares, está en el justo medio. No hace sentido acumular dólares en las reservas internacionales a 16 pesos, es mejor drenarlas hacia el mercado cambiario, antes que subir las tasas. Esta película apenas empieza.

Twitter: @ErnestoOFarrill

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