Opinión

Los días que vivimos
en peligro

 
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Sin duda, la semana que terminó es una de las más agitadas política e informativamente que hayamos vivido en muchos años. De la estupefacción con la andanada de majaderías del gorila que se instaló en la Casa Blanca, a la inmovilidad peñista. El país no había estado en esta tensión con Estados Unidos, ni cuando Fox decidió esconderse de Bush y no contestar las llamadas para no tener que dar una posición sobre el conflicto con Irak. La embestida de Trump ha sido de una magnitud que no imaginábamos. Por más que supiéramos que es un boca suelta, un patán de ideas políticas muy rupestres, un tipo grosero y petulante, jamás imaginamos que nos dedicaría la primera semana de su gobierno.

Sin duda, el gobierno ha pasado por horas más que difíciles. A su corrupción, ineficacia e inoperancia, se suma la habilidad que para conseguir humillaciones internacionales tiene el canciller Videgaray, un hombre que al parecer goza de hacer quedar en ridículo a su jefe y de hacer del país motivo de mofa. Pocos jefes de Estado pueden decir que le cancelaron una reunión al presidente de Estados Unidos. Ese quizá será el único logro reconocible que se lleve Peña al terminar su gobierno. No hay que quitar el mérito, aunque haya tomado la decisión completamente arrinconado por su indecisión hamletiana.

Es de hacer notar la conferencia de prensa de Carlos Slim. El vacío del gobierno –que no se ve cuándo vaya salir de él– y la incertidumbre de lo que va pasar, llevaron a nuestro mayor empresario, el más conocido por los mexicanos, a dar su visión sobre el tema. Slim es creíble si enfrenta a Trump; de entrada, tiene más dinero que él. La exposición de su visión práctica es de agradecer: puso otra perspectiva. Vale más esa conferencia de prensa, da más claridad que cualquiera de los eventos gubernamentales en los que se procura mandar señales de fuerza y en los que no se dice nada.

Todo indica que vamos a pasarla mal. No sabemos qué viene esta semana. Pero la pasada nos la pasamos con el Trump en la boca. No deja de sorprender la falta de definición sobre los diversos temas. Se entiende que han sido rebasados, pero ya podrían estar definiendo posturas en algunos temas. En el colmo, Peña y Trump quedaron de ya no hablar públicamente del muro. ¿Por qué Peña aceptó eso? Debemos hablar del muro, denunciarlo constantemente, públicamente. Silenciar el tema del muro sólo conviene al presidente estadounidense. Nuestra manera de defendernos es hacer públicas las amenazas del monstruo. Callarse va a tener un gran costo. Nuestra obligación es exhibirlo ante el mundo.

Trump no se detendrá hasta que logre una catástrofe en el mundo o en su propio país. Por lo pronto, su odio e ignorancia han logrado resucitar el antigringo que teníamos guardado. También han logrado que un gobierno, con los más bajos índices de popularidad, como el de Peña, haya recibido una súbita y explicable expresión de unidad del país. Ojalá el gobierno no confunda esa unidad con una especie de perdón o de carta blanca para continuar con sus estupideces. La unidad es una expresión de que el país es una causa que compartimos todos y que cuidamos todos ante la amenaza o la desgracia, sin importar quién esté en la presidencia. A ver qué hacen con la buena voluntad de todos. Este gobierno es capaz de tirarla al bote de la basura.

Twitter: @JuanIZavala

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