Opinión

Los despropósitos de Chuayffet

10 febrero 2014 4:33 Última actualización 03 octubre 2013 5:2

Rafael  Aréstegui Ruiz
 

Si se pregunta a cualquier ciudadano quienes han sido los tres últimos premios Nobel de Física, sólo algunos  -expertos en la materia- podrán responder que en 2010 Konstantin Novoselov y Andre Geim lo obtuvieron por sus experimentos con el grafeno en dos dimensiones; en 2011 fueron Brian P. Schmidt y Adam Reiss por el descubrimiento de la expansión acelerada del Universo a partir de la observación de las supernovas. En 2012 los merecimientos correspondieron a Serge Haroche y David Wineland, por la medida y manipulación de los sistemas cuánticos individuales.

 
Lo mismo tendríamos si preguntamos por los Nobel en Medicina o en Literatura, Quizás en los premios de la Paz tendríamos mejor suerte, pero  estoy seguro de que si a un miembro de la élite política se le pregunta -como ha sucedido en otra ocasión- ¿cuáles han sido los tres libros que más han influido en su vida? algunos mostrarían que sólo tienen una cultura mediática, traducida en falta de perspectiva y profundidad, ausencia de identidad nacional y en consecuencia falta de visión de estadista.
 
Hagamos entonces una pregunta más sencilla a cualquier ciudadano: ¿Quiénes han sido sus tres mejores maestros?, todos podrían contestar esa pregunta, porque es fácil identificar a los docentes que han influido en nuestra formación, sea por su dedicada labor, su ejemplo o su sabiduría.
 
El maestro en nuestro país ha pasado de ser el forjador de la conciencia y la identidad, a convertirse en el responsable de la mala calidad de la educación, ello a través de una campaña del duopolio televisivo que además de ser un poder fáctico, es el principal garante de convertir la cultura en un frívolo espectáculo e incluso ante la peor  tragedia que ha vivido el país en los últimos tiempos: fabricar shows mediáticos ridiculizando lo que es el espíritu de la solidaridad.
 
En los tiempos en que el compromiso de asumir las tareas de un estado educador, se expresaba designando a un educador al frente de esa tarea, como lo fue Vasconcelos o Torres Bodet, hoy se ubicó en esa responsabilidad a un Emilio Chuayffet sobre quién todavía pesa la responsabilidad de la matanza de Acteal en 1997.
 
El titular de la SEP emitió el acuerdo 696 en el que se establecen medidas que propiciarán la simulación en el rendimiento escolar, la consigna es que ningún estudiante repruebe para simular que los niveles de rendimiento se han incrementado, con medidas en las que, si un estudiante lleva un rendimiento reprobatorio en una materia, podrá dedicarse durante toda la jornada escolar a esa materia de manera exclusiva  con lo que se generará un rezago general en su rendimiento.
 
La reforma laboral que se ha aplicado a los maestros, los ha convertido en la profesión más denigrada, a pesar de ser la más sacrificada, y para muestra algunas comparaciones: En México -según la OCDE y la Unesco- un maestro gana 15 mil pesos y atiende a 28 alumnos. Quisiera conocer algún mentor en básica que tenga ese número de estudiantes; mis datos dicen que el promedio en primaria son nueve mil pesos y los que conozco -que no son pocos- atienden aproximadamente a 40 alumnos y en secundaria ¡llegan a 600!
 
En España, el salario promedio es de 35 mil 880 pesos y atienden a 12 estudiantes, mientras que en Portugal el salario promedio es de 30 mil 946 pesos y atienden a 11 estudiantes. Resumiendo, el salario promedio en los países de la OCDE es de 28 mil 854 pesos; en Argentina, el número de estudiantes que atienden es de 18, lo menciono porque a las autoridades educativas les encanta establecer comparaciones y adoptar criterios de evaluación de la OCDE. Sería deseable que esos referentes se aplicaran en nuestro país.