Opinión

Los desprecian

  
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Zoé Robledo

El senador Zoé Robledo es un legislador que destaca por buscar diferenciarse de sus colegas con ciertas acciones. Fue un impulsor decidido de la 3de3 y hace esfuerzos por comunicarse y proyectar una imagen distinta que arroje honestidad, cambio, responsabilidad. El viernes pasado publicó un artículo (Reforma 16/12/16) con atractivo título: “Nos odian”. En él reflexiona sobre el sentimiento que provoca la clase política en el grueso de la población. Dice que “no es normal” el odio que se le tiene “al político, al representante”. Se pregunta si es posible regresar la dignidad a la actividad política y centra el rechazo de la población en los privilegios que tienen los legisladores y gobernantes. Dice que los adulan quienes no tienen otra opción y los demás los odian, y concluye diciendo que hay que “bajarse” de ese tren en la estación de nombre “dignidad”. No sé si el sentimiento hacia, en este caso los legisladores, sea necesariamente el odio. Creo que es más certero el desprecio o la repulsa. Como decía Castillo Peraza, el odio es un sentimiento bastante importante como para desperdiciarlo en tontos.

Como es público, pertenezco a una familia en que la actividad política ha sido parte central de la vida de algunos de nosotros. Es una actividad que queremos y respetamos, sabemos de su valía, de sus frutos y también de la gran cantidad de sin sabores que tiene. Como en cualquier otra profesión hay una enorme cantidad de mediocres. De estos últimos sólo sabemos cuando hay algún escándalo, son gente que no destaca en nada, sin propuestas ni ideas y que jamás destacan por algún posicionamiento político. Comparto la preocupación de Robledo por al enorme degradación de la actividad.

Por ejemplo, el Senado ha sido en la legislatura de Robledo un foco de escándalos de todo tipo. Las interesantes discusiones que se han dado por algunos temas han sido opacados por ocurrencias y estupideces en las que ha participado el propio Robledo –como la foto que se tomó con colegas con una playera de Hillary Clinton en el pleno del Senado y como fondo la leyenda: La patria es primero–, o el video que circuló la semana pasada de un senador del PAN contorsionándose en danzas sexuales con empleadas del Senado. Muy probablemente no sabremos nunca qué piensa el senador Lavalle de los problemas del país, solamente sabremos de sus devaneos mientras le aplaudían alegremente compañeras legisladoras.

Por supuesto que en estas épocas es más fácil que salga a relucir lo escandaloso que lo positivo. Un video de bailes grotescos es más llamativo que cualquier discusión de alguna ley. El problema es que no se fijan en eso, se creen invisibles. Ignoro si piensan hacer algo al respecto. Lo dudo. Pero por lo pronto podrían empezar por cosas básicas: pagarse su coche, su teléfono, comprar su café y sus galletas, dejar las payasadas y gastar el dinero de esa manera, porque si fuera suyo lo cuidarían más. Tratar de recuperar la dignidad parece algo ambicioso. Empiecen por las cosas que parecen pequeñas, pero que provocan gran coraje. No los odian, los desprecian.

Twitter: @JuanIZavala

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