Opinión

Los deseos y las tercas realidades

23 diciembre 2013 5:2

 
Los seres humanos tendemos a confundir entre los deseos y las realidades, que a veces son tercas.
 
En esta época del año es muy frecuente. Sucede que el papá quisiera que la hija no fuera a la celebración navideña con el novio que no le gusta. Pero va.
 
 
Desearíamos que no hubiéramos perdido el trabajo que teníamos, que la empresa hubiera seguido boyante y que no se hubiera vendido a los extranjeros. Pero no es así.
 
 
A muchos les hubiera gustado quedarse una generación atrás. Que no hubiera existido la apertura; que las pensiones hubieran alcanzado para siempre; que los ferrocarriles hubieran sido siempre nacionales; que no se hubiera caído el Muro de Berlín.
 
 
Lástima. El mundo es ya otra cosa.
 
 
Se cayó el Muro; fueron privatizados los ferrocarriles; la apertura económica es un hecho consumado. La maestra está en el Reclusorio. La vida es otra.
 
 
Pero (siempre hay un pero para los que hemos vivido ya por algunos años) quienes estuvimos cerca del proceso de modernización de México en los 90, cuando se privatizó la banca, el ejido, los ferrocarriles, cuando nos integramos al mundo a través del TLC, sabemos que una cosa es la ceremonia que pretende hacer historia y otra la realidad.
 
El viernes pasado hubo un protocolo de esos que pretenden hacer historia. Ojalá se haga.
 
 
Esperamos que dentro de 20 años, cuando veamos las fotos del patio central del Palacio Nacional el 20 de diciembre de 2013, recordemos que ese fue un hito que cambió el país.
 
 
Como aquel episodio también en Palacio, cuando el presidente del República más joven de toda la historia, Lázaro Cárdenas, con sus 42 años de edad apenas, cambió al país y nacionalizó el petróleo.
 
Así queremos muchos que la estampa del viernes pasado pueda ser recordada dentro de cincuenta años como el momento en el que cambió -para bien- la historia del país.
 
Hay algo que es admirable de Peña Nieto. Y no me gusta en absoluto, como el lector lo sabe, aplaudirle a quienes estén en el poder.
 
 
A los jefes de Estado les encantaría vivir lo que Cárdenas vivió en aquel episodio de 1938. La señora rica que iba a donar sus joyas para indemnizar a las empresas expropiadas o la pobre campesina que llevaba a su guajolote como donación para el mismo propósito.
 
Los políticos de cualquier signo matarían por revivir –en su pellejo- aquel episodio de 1938.
 
 
Pero, perder aceptación; convertirse en el autor de la contrarreforma, que blasfemó contra la liturgia cardenista petrolera, requiere una visión poco típica de los políticos.
 
 
Si no se le ha dicho, hay que decirle al presidente Peña que su popularidad cayó. Entre la fiscal y la energética, las dos reformas acabaron con su encanto para el grueso de la población.
 
 
Veía a Peña el viernes pasado y me parece que le emociona más la historia que la política. Ojalá.
 
 
Paradójicamente, si las cosas le salen bien, quizás vuelva a crear otra era de “pax priista”, muy diferente a la previa, pero con las condiciones para que el grupo gobernante se mantenga en el poder.
 
 
Preferiría un escenario político competido, con alternancia frecuente. Un país más abierto y democrático. Una sociedad más educada.
 
 
Pero distingo entre mi deseo y la realidad.
 
El mundo es éste, el de un presidente que quiere cambiar la historia. Ojalá pueda hacerlo.
 
Aliento
 
La economía de Estados Unidos creció 4.1 por ciento en el tercer trimestre del año.
 
 
Esto quiere decir que las cosas van mejor que lo previsto. Hay que cuidar las interpretaciones porque mucho es variación de inventarios, pero la realidad es que las cosas van mejor que lo anticipado.
 
 
Ha costado mucho, pero todo indica que finalmente la estrategia de inyectar dinero, tan criticada en su momento, está dando resultados.
 
Paréntesis
 
Esta columna volverá a publicarse el próximo lunes 6 de enero. ¡Felices fiestas y excelente arranque de 2014!
 
 
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