Opinión

Los de atrás no se quedarán

 
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pobreza brasil

Con sus vueltas y convulsiones, el mundo de hoy nos remite al mundo de ayer, que dijera Stephan Zweig, e impone revisiones grandes y pequeñas en nuestras maneras establecidas de entenderlo. En estas páginas ya hemos dado cuenta de varias ironías mayores, como la de que la República Popular China y su enorme partido comunista se pongan al frente de la globalización y el libre comercio, pero todavía falta por mucho por desgranar ahí, cuando se desplieguen los ambiciosos planes de reconversión económica y social anunciados recientemente por Xi Jin Ping y sus estrategias para hacer del gran país asiático una potencia mundial allá por 2050.

Por lo pronto, el ascenso y afirmación del presidente chino y la consagración constitucional de su “pensamiento” nos hablan de enormes deslizamientos en la conformación del poder y del Estado que, sin duda, impactarán visiones y posiciones a nivel global. Tanto en las naciones desarrolladas como en los de la mayoría que pugna y reclama el desarrollo.

En sus primeras filas, está la propia China pero también Rusia, India y cuando estén en condiciones de intentarlo, Brasil y Sudáfrica, donde se concentra la mayoría de la humanidad.

Con intrigante insistencia, desde el Fondo Monetario Internacional y por boca de su directora gerente, la incansable señora Lagarde, se nos informa sobre la desigualdad económica y social a nivel planetario y se nos advierte sobre sus implicaciones nocivas no sólo para la estabilidad política y social sino para el propio desempeño económico y sus sacrosantos equilibrios. Todo un cambio de piel en el sancta sanctórum de la ortodoxia.

Algunos de sus economistas han arriesgado hipótesis temerarias y han demostrado que la inversión pública lejos de ser impertinente es necesaria, urgente diríamos algunos, si se quiere tener crecimientos de la economía altos y sostenidos, como los que muchos países, como México, requieren para romper sus trampas de bajo crecimiento que tan bien ha estudiado el profesor de la UNAM, Jaime Ros.

En su entrega de la semana pasada, The Economist ofrece un sintético panorama de los que fueron “dejados atrás” por la gran ola de transformaciones que la globalización trajo consigo y que la “revolución de los ricos”, de la que escribe Carlos Tello, convirtió en fuente de concentración y desigualdades nacionales y planetarias. La economía convencional no vio en estas mutaciones la confirmación de sus hipótesis más socorridas sobre la convergencia de regiones y naciones gracias a las “ventajas del atraso”.

Se impuso, dice el semanario paladín del libre cambio, la escala y el tamaño y, junto con sus rendimientos crecientes, se reprodujeron los polos originarios. Esto, un tanto en consonancia con las ideas cepalinas sobre la heterogeneidad estructural y la “concentración tridimensional del progreso técnico y de sus frutos” que estudiaran Aníbal Pinto y sus colegas allá por los años sesenta del siglo pasado.

Esta negativa constelación de grandes fuerzas a favor de la divergencia entre regiones y países se refuerza por la pérdida de movilidad en muchas poblaciones y la poca eficacia de las políticas compensatorias puestas en juego. Asumir la urgente necesidad de enfrentar el reto de los condenados de la tierra, recordando a Franz Fanón, es crucial tanto como lo es admitir que se requieren que vayan más allá de la asistencia o la protección sociales.

Hay que facilitar y promover la movilidad de las personas pero sobre todo crear las condiciones mínimas necesarias para que el desarrollo se convierta en un proceso circular y acumulativo, como planteaban los clásicos y pioneros del desarrollo. Sin olvidar que junto con los gastos y las políticas del Estado, debidamente inscritos en un robusto programa de inversiones para el mediano y el largo plazos, deben estar presentes nuevos enfoques que asuman expresamente que la geografía importa. Que es en ella donde se instala la gente y es desde ella que se procesan los cambios estructurales y se concretan las interrelaciones globales.

La migración masiva de fin de siglo llevó a soslayar esta fundamental matriz articulada por el territorio. Llegó la hora de (re)visitarla y de reconocer sus nuevos perfiles y coordenadas. Antes de que los “de atrás” decidan alterar el orden del desfile.

Las del sismo han sido en esto lecciones dolorosas y crueles. Opine usted: economia@elfinanciero.com.mx

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