Opinión

Los daños del porvenir

   
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Donald

La campaña electoral encabezada por el aspirante republicano Donald Trump ha dejado un rastro lastimoso de heridas y sentimientos xenófobos, racistas y denigrantes.

Para muchos analistas esos sentimientos antiinmigrantes, antiminorías, antilibre comercio o de forma más genérica antisistema, ya estaban ahí. Trump fue sólo la voz, la herramienta o el artífice para articular esa amalgama de sentimientos y enojos sociales, para convertirlos en discurso electoral.

Si esto es cierto, lo que Trump ha hecho es incendiarlos, avivarlos y ponerlos sobre la mesa. Ventilar todo lo políticamente incorrecto como han afirmado sociólogos y politólogos y literalmente escupirlo al rostro de la sociedad. Veladamente –ese es mi temor– para millones de ciudadanos estadounidenses, reconocerlo en las encuestas resulta inapropiado e incluso vergonzoso, pero en el fondo es su auténtico sentir, pensar e inclinación electoral. Eso nos daría una descomunal sorpresa el próximo 8 de noviembre, como sucedió con el Brexit o los Acuerdos de Paz en Colombia.

Uno de los daños que el señor Trump gane, o muy probablemente pierda, será una sociedad gravemente dividida, por motivos raciales, pero ahora también laborales, productivos, de distribución del ingreso.

En la desesperación por encuestas nacionales repetidamente adversas desde el segundo debate, Trump ha recurrido ahora a desacreditar al sistema electoral norteamericano. Habla de fraude, acusa a los medios, señala los “oscuros intereses” de una clase mediático-político-partidista que conspira en su contra. Nada por cierto que a los votantes de México nos resulta ajeno ni extraño, acostumbrados como estamos a la repetida voz que acusa de 'complot' a la mafia del poder.

Acusar al sistema electoral de fraude, desacreditar su seriedad y profesionalismo frente al electorado –lo aprendimos dolorosamente en México– sólo deteriora gravemente los cimientos de la democracia, abona en la división social y dinamita el fortalecimiento de las instituciones. Según estudios académicos en Estados Unidos, las posibilidades auténticas de manipular o alterar los resultados de docenas de colegios electorales en todo el territorio son de entre 0.00004 y 0.00009 por ciento según la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York. Es decir, literalmente infinitesimal probabilidad.

Con todo, el señor Trump 'adelanta un fraude' en su contra; advierte al electorado, acusa a los medios, desacredita a todos pero a nadie en particular. Es la técnica de 'anticipo mi derrota, pero será inválida porque saldrá del fraude y la trampa'.

El daño y las consecuencias pueden ser de enorme trascendencia, al grado de provocar cuestionamientos profundos al sistema electoral, a las leyes de los estados, a la conformación del sistema bipartidista.

Otro daño del porvenir que se observa ya como un hecho contundente es el desmoronamiento del partido republicano. No sólo la beligerancia de la candidatura y su expresión de extrema derecha, sino la traición interna a las proyecciones del partido. Desde su derrota en 2008 y 2012, construyeron un documento de análisis sobre el rechazo electoral en las urnas y concluyeron como una de las causas su distancia e incapacidad de conexión con las minorías, especialmente la hispana. El documento concluía en la necesidad de construir una base de votantes hispanos cercanos al partido, una red social que agrupara e integrara a ese creciente segmento del electorado. No sólo no lo hicieron, lo ignoraron.

En un año estaremos leyendo textos académicos e investigaciones que nos hablarán del resurgimiento de la supremacía blanca como uno de los daños provocados por Trump y su candidatura.

Twitter: @LKourchenko

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