Opinión

Los culpables de la debacle regresan al poder en Islandia


 
 
Con nuevas promesas de recortar los impuestos y las hipotecas, los conservadores que provocaron con su agresiva política neoliberal la crisis bancaria de 2008 en Islandia -adelanto de lo que ocurriría poco después en el resto de Europa-, regresarán al poder en la pequeña isla del Atlántico Norte, luego de ganar las elecciones parlamentarias del sábado.
 
Al finalizar el conteo de votos, los partidos Independencia (IP) y Progresista (PP), que gobernaron durante décadas hasta el crash financiero, se alzaron con 51% del total y 19 escaños para cada uno, sobre 63, en el Parlamento (Althingi), dejando atrás a los socialdemócratas de la primera ministra Jóhanna Sigurdardottir (9 escaños) y sus antiguos socios de coalición, Izquierda-Verdes, con 7. Futuro Brillante, de tendencia europeísta, logró 6 asientos y el Partido Pirata, por la libertad en 7. 
 
Luego de festejar con su aliado, Sigmundur David Gunnlaugsson (38 años), dirigente del PP, Bjarni Benediktsson (43), líder del IP y premier en ciernes, afirmó que "somos llamados al deber otra vez", tras subrayar que en la campaña se presentó a los ciudadanos "un plan que nos sacará más rápido de la crisis", señaló AP.
 
Poco antes, expresó que "la gente sabía que vendrían tiempos difíciles en 2009, pero tenía esperanzas y ahora mira adelante y se pregunta qué tipo de programa es el más apropiado para traer más crecimiento y más empleos, para cerrar el déficit y para hacer que Islandia crezca en el futuro. De eso se trata la votación".
 
El IP ofreció al país volcánico, de 320,000 habitantes, disminuir los impuestos y eliminar los controles de capital que desalientan la inversión foránea, mientras que el PP, de base rural, prometió anular parte de la deuda hipotecaria y recurrir al crédito externo para acelerar la recuperación. Ambos descartaron continuar las pláticas para ingresar a la Unión Europea, a diferencia de Sigurdardottir.
 
Tanto el legislador Benediktsson -sin relación con el expremier del mismo nombre, líder del IP desde hace cuatro años y con estudios de derecho en Alemania y Estados Unidos-, como Gunlaugsson pertenecen a la camada que creció a la sombra ideológica de Geir Haarde, jefe del gobierno en 2006-09 que intentó transformar a Islandia en el tigre del Círculo Polar Ártico.
 
Sin castigo
 
Elegido por el IP, Haarde promovió un espectacular auge financiero y empresarial que detonó en 2008. En cuestión de semanas, sus bancos comerciales resintieron la caída del crecimiento en Europa y quebraron, al tiempo que la corona se hundía y la inflación y el desempleo se disparaban. Reykiavik se vio obligada a negociar un rescate con Bruselas y el FMI por 10,000 millones de dólares; ejecutivos del Kaupthing Bank fueron procesados por fraude y manipulación del mercado y la misma suerte corrió Haarde, hallado culpable, aunque sin mayor castigo, de no consultar sus decisiones más importantes con el gabinete.
 
El voto de castigo favoreció en seguida a Sigurdardottir (70 años), quien se convirtió en la primera jefa de gobierno abiertamente lesbiana del mundo e hizo lo que pudo para corregir los excesos de Haarde, limitando, parcialmente, los proyectos chinos y canadienses para explotar en masa la energía geotérmica isleña.
 
Mediante una consulta popular no vinculante, reafirmó el control estatal de los recursos naturales -la pesca aporta siete por ciento del PIB- además de reencausar la economía, que se encuentra en expansión otra vez. Sin embargo, la inflación sigue alta y los islandeses sufren para pagar los préstamos con que adquirieron casas y automóviles, a menudo en divisas extranjeras que se apreciaron después de la etapa de crédito fácil.
 
A Sigurdardottir algunos le reclaman que haya cedido a la presión para compensar a Gran Bretaña y Holanda por los depósitos que perdieron sus ciudadanos en el banco en línea Icesave, uno de los primeros en quebrar. No obstante, en 2 ocasiones los acuerdos de indemnización fueron rechazados en las urnas. "El gobierno que mucha gente creyó que limpiaría la casa ha sido castigado con dureza. No se si lo merecía, en cierta forma creo que no. Pero la política es cruel", resumió el analista Egill Helgason.