Opinión

Los costos de la imprudencia

1
    

     

Imprudencia. (Especial)

La imprudencia suele preceder
a la calamidad: Apiano

Hagamos de cuenta que inesperadamente fallece una madre de familia y uno de los hijos compró anticipadamente su boleto de viaje a Las Vegas. El hijo en cuestión está en todo su derecho de no cancelar su viaje e incluso si permanece al lado de su madre no podrá cambiar la terrible realidad de su muerte. El hijo pagó con su patrimonio y sin imaginar siquiera que el viaje que anheló por mucho tiempo coincidiría con el deceso de su madre. Sin embargo, hay preguntas obligadas: ¿es prudente que se vaya a Las Vegas y no asista al funeral de su madre?, ¿es prudente que apueste sus recursos mientras el resto de la familia llora esta pérdida?

Recientemente un reconocido intelectual mexicano destacaba el riesgo de minar el ejercicio de la libertad cuando se cae en excesos de juzgar anticipadamente cada decisión como un acto de corrupción o un atropello a la legalidad.

No puedo estar más de acuerdo con él en cuanto a los derechos de propiedad y el respeto que todos exigimos y merecemos a nuestra privacidad y también a nuestro libre albedrío para decidir sobre nuestro patrimonio, salvo que en un ambiente como el que actualmente enfrentamos, lo que en otras circunstancias sería una normalidad hoy puede resultar una barbaridad.

Guardadas las proporciones, los tiempos actuales no dan margen de maniobra para la imprudencia, para actos y decisiones que aun considerando que son correctos o en donde los involucrados tienen el derecho y la libertad de comportarse de tal o cual manera, resultan a los ojos de la mayoría terriblemente imprudentes y reprobables, lastimando con ello aún más el ánimo social, y abonando a incrementar los niveles de desconfianza, frustración y reclamo.

Frente a una ciudadanía que manifiesta de muchas maneras sus bajos niveles de confianza en las instituciones, la prudencia se vuelve obligada y sin renunciar al libre albedrío, hay preguntas ineludibles antes de hablar, decidir y actuar. La prudencia frente a un estado de complejidad e incertidumbre, no es inmovilismo o parálisis. Por el contrario, si lo que prevalece es la imprudencia aun en actos considerados “menores”, se perderán día con día márgenes de maniobra para gobernar y para construir con importantes mayorías. Los costos de la imprudencia pueden resultar incalculables y abonarán al descrédito de las instituciones y al riesgo de que la ciudadanía busque sus propios atajos a la ley o dé la bienvenida a personajes mesiánicos y populistas.

La prudencia es considerada la más valiosa de las virtudes y en una de sus varias definiciones destaca la del “actuar o hablar con cuidado, de forma justa y adecuada con moderación, previsión y sensatez, para evitar posibles daños, males o inconvenientes”. Pitágoras advertía sobre los enormes riesgos de “atizar el fuego con una espada”.

Los mexicanos hemos aprendido en carne propia los costos irreversibles e incalculables de la imprudencia en lo político, económico y social. Baste recordar cuando se nos advirtió sobre la administración de la abundancia, o cuando se han contratado deudas impagables, sólo por mencionar algunos actos imprudentes, irresponsables y también de costos incalculables.

Insisto en que frente a una situación excepcional no hay margen para comportarse como si la normalidad prevaleciera.

Siempre defenderé el ejercicio y promoción de las libertades y, justo por ello, el mayor costo de la imprudencia bien puede terminar siendo la pérdida de las mismas, frente a una sociedad que se sienta arrinconada, profundamente agraviada y ello provoque la tentación de descalificar o juzgar anticipadamente como inaceptable o corrupto lo que en su derecho y apego a la ley decidan hacer políticos, empresarios, gobernantes, partidos políticos, deportistas, entre otros.

Porque del otro lado también puede alimentarse la tentación de algunos por echar mano de prácticas autoritarias, como único camino para “defenderse” de la incomprensión o cuestionamiento constante de esta mayoría.

Imprudencia, populismo, tentación autoritaria y pérdida de libertades, parecen ser caras de una misma moneda.

Twitter: @JosefinaVM

También te puede interesar:
¿Un día sin remesas?
Cuando la prisa mata la prosperidad
Nuestra identidad: ¿somos hijos D?