Opinión

Los cortes de Matisse

 
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Mattisse. (www.henry-matisse.com)

Tenemos que vernos a nosotros mismos con la misma curiosidad y apertura con la que estudiamos un árbol, el cielo o un pensamiento, porque también nosotros estamos unidos a todo el universo.
Henri Mattise.

El martes pasado se cumplieron 71 años de la muerte de uno de los más grandes maestros del modernismo europeo y a quienes dedicamos la columna de esta semana: el célebre artista francés. Si bien su aportación a la transición creativa de nuestro siglo es irremplazable, me gustaría centrarme en el grupo de obra que desarrolló previo a su muerte y que es menos conocido, sus gouaches découpés.

De la mano de Pablo Picasso, la figura de Henri Matisse es trascendental para el estudio y entendimiento de las vanguardias modernistas de la primera mitad del siglo XX. Su vasta obra comprende una gran diversidad de medios con temáticas tan variadas como el paisaje, el diseño, el estudio de interiores o el retrato, siempre con un énfasis muy particular en la figura femenina y siempre en búsqueda del “balance, la pureza y la serenidad” como asentaba en sus diarios.

Tras haber estudiado derecho, Matisse comenzó a pintar a los 21 años en París, aunque no sería sino hasta 1905 que la pintura Mujer con Sombrero, cargada de combinaciones arbitrarias, colores brillantes y una pincelada enérgica se exhibiera en el Salón de Otoño y diera lugar a la primer movimiento modernista del siglo XX en Europa: el Fauvismo (de la palabra francesa fauve que significa bestia).

La carrera de Matisse posterior al fauvismo se divide en periodos caracterizados por un cambio estilístico, pero siempre bajo lo que él definía como “la búsqueda del carácter esencial de las cosas”.

El último grupo de obra en la que se centró el artista francés fue detonado por un cáncer abdominal que lo dejó en silla de ruedas en 1941 y que duraría hasta su muerte en 1954. Los célebres gouaches découpés fueron formados por diversas series basadas en collages desarrollados con una técnica particular del propio artista: primero, sus asistentes pintaban tiras de colores en gouache sobre papel blanco; posteriormente el artista los cortaba de manera aleatoria y los organizaba en diferentes composiciones que trabajaba de manera paralela y dejaba para posteriormente terminar.

Es así como publicó en 1947 un libro de artista de edición limitada, que no sólo marcaría la transición hacia un nuevo estilo, sino que sería una de sus piezas más representativas.

Jazz estaba formado por 20 hojas tituladas e individuales, acompañadas por explicaciones escritas por su asistente. Cada una de estas hojas intercalaba la técnica ya descrita con textos y poemas escritos por el propio Matisse y con temáticas referentes al teatro, al circo o los múltiples viajes que realizó.

Bajo una extraordinaria explosión creativa, Matisse continuó con una producción artística prolífica e incluso catártica que resolvería las temáticas que había trabajado durante casi 50 años. Al mismo tiempo, los gouaches découpés representaron una renovación radical que le permitió explorar otros medios como el vitral y el diseño industrial aplicados en la Capilla del Rosario de Vence en la Riviera Francesa, terminada en 1951.

El artista que en su momento reinventara la forma de aplicar color ahora redescubría la forma de crear nuevas composiciones a través de las técnicas del diseño.

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