Opinión

Los contrastes de 2015

 
1
 

 

Pemex

Se aproxima el fin de un año que ha estado marcado por grandes contrastes para la economía mexicana. Acontecimientos y fenómenos que han impactado de forma muy diferente a nuestra economía frente a las demás. La favorable evolución del PIB, la inflación, el desempleo, frente a los tropiezos en el precio del petróleo y la apreciación del dólar, y sus correspondientes efectos sobre las balanzas comercial y fiscal.

Se espera que el PIB avance alrededor de 2.5 por ciento este año. El crecimiento ha sido superior en los tres años que lleva este sexenio, respecto al primer trienio de las dos administraciones pasadas. Claro que toda comparación es injusta porque a cada sexenio le tocan coyunturas internas y externas distintas. También nos podemos comparar con el exterior y si lo hacemos, nuestro crecimiento resulta favorable frente al de otras economías en desarrollo, y ni hablar si la comparación se hace con países que incluso decrecerán como Brasil y Venezuela. Internamente también nos podemos comparar. Hay estados que crecen a tasas cercanas a 10 por ciento, industrias específicas que muestran un comportamiento formidable no sólo en términos de crecimiento, sino también de innovación, como la automotriz y la aeroespacial. Pero también hay estados que decrecen, y que además llevan estancados décadas como Chiapas y Oaxaca. No es de extrañar que gran parte de su población esté sumida en la pobreza.

La inflación lleva más de seis meses situándose por debajo de 3.0 por ciento. Puede interpretarse como una buena noticia; el manejo acertado y responsable de la política monetaria ha permitido mantener el poder adquisitivo de nuestra moneda. Pero este dato tiene claroscuros. Puede ser que la inflación sea baja por la baja inflación global, por los bajos precios agrícolas, o por disminuciones en los precios de algunos energéticos. Sin embargo, esto contrasta con datos monetarios más específicos. La base monetaria (el dinero en efectivo y los depósitos bancarios en Banco de México) aumentó de septiembre 2014 a septiembre 2015, más de 18 por ciento. La demanda interna se ha fortalecido, el financiamiento al sector privado ha aumentado, sobre todo vía nómina, pero el crédito vigente otorgado por tarjetas de crédito ha disminuido.

La baja inflación también puede verse como contraintuitiva frente a los datos de desempleo. La tasa de desempleo es de 4.6 por ciento, pero esto no ha repercutido en presiones inflacionarias. Los empleos registrados en el IMSS también han mostrado un crecimiento sostenido. Este dato puede ser resultado de la creación de nuevos empleos o de la formalización de empleos que ya existían. Pero también observamos una tasa de informalidad laboral de 57.8 por ciento sobre la población ocupada. Esta medida incorpora todas las formas de desprotección, laboral más allá del sector informal.

México ya no es un país petrolero, aunque nos sigamos percibiendo como tal. Somos importadores netos de petróleo, por lo que los precios bajos del petróleo nos podrían beneficiar. Sin embargo, la dependencia fiscal del país a los ingresos petroleros ha quedado claramente manifiesta en este entorno de precios bajos, incluso ya por debajo de 30 dólares por barril. El deterioro de la balanza energética ha profundizado el déficit comercial del país. Es momento de que replantee su política fiscal y se mueva hacia la formalización del empleo para poder mejorar la recaudación.

La volatilidad de los mercados financieros ha provocado la apreciación del dólar frente a numerosas divisas, incluyendo, desde luego, al peso.

Banco de México ha tratado de limitar los movimientos bruscos en el mercado cambiario, proporcionando dólares con la consecuente disminución en las reservas internacionales. Es probable que la semana que entra la Reserva Federal incremente la tasa de interés de referencia, lo que repercutirá en el mercado financiero mexicano.

México se encuentra inmerso en un entorno global complicado y en ese entorno tendrá que tomar decisiones. Tendremos que decidir si tomamos en serio el combate a la corrupción y a la informalidad, si procuramos un Estado de derecho, si queremos un gasto público eficiente y transparente. Los retos siguen y el tiempo pasa.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

También te puede interesar:
¿Producir más es crecer?
Argentina, ¿por dónde empezar?
Repensando el PIB