Opinión

Los consumidores y la crisis

10 febrero 2014 5:3 Última actualización 07 agosto 2013 5:20

 
 
Mario Rodarte

En el último año la creación de nuevas plazas formales se ha frenado drásticamente, comparado con lo que se venía registrando un par de años antes, lo cual no deja duda de que estamos en una situación crítica, además de que invita a reflexionar acerca de lo que se venía reportando como creación de empleos formales.
 
 
Si bien no se ha dado ningún caso de despidos masivos ni de quiebras y cierre de empresas, los consumidores han empezado a resentir los efectos de la crisis, no sólo porque se limitan las opciones para la búsqueda de empleo, sino porque las negociaciones salariales se vuelven más flexibles, ya que los trabajadores han aprendido a lo largo de varias décadas de crisis, que es mejor flexibilizar su posición que oponer una resistencia férrea y terminar en el desempleo.
 
 
Se dice que los retiros de las cuentas del SAR por desempleo han aumentado, aunque carecemos de cifras al respecto y bien a bien, nadie sabe quien es el responsable de informar de esta situación.
 
 

Una de las primeras consecuencias de esto ha sido la baja en el consumo, que se refleja a través de la baja en las ventas al por menor, que reportan tanto las grandes cadenas comerciales y su agrupación, como la institución encargada de dar a conocer las cifras oficiales.
 
 
Otra de las manifestaciones de esto ha sido una baja consistente en la confianza de los consumidores, o por lo menos el hecho de que su valor se ha mantenido muy estable por lo menos en el último año, aunque en el último mes fuimos sorprendidos por el hecho de que los consumidores hicieron más caso a la voz de la autoridad, que dijo mantenía sin cambio su pronóstico de crecimiento, que a las opiniones de varios grupos de quienes se llaman especialistas en el tema y que han manifestado que este año a duras penas creceremos ligeramente por arriba de 2.5%.
 
 
Resulta casi obvio que los consumidores no consultan la estadística disponible y por lo visto no confían en la voz de los denominados expertos, ya que en varias ocasiones han equivocado sus apreciaciones acerca de diversos hechos y problemas.
 
 
Este evento recuerda a este Pupitre, que gustaba leer algunas crónicas de toros, entre ellas las del gran 'Pepe' Alameda, aunque de pronto surgió una que se llamaba: 'Crónica de Crónicas, o ¿A qué Corrida Fui'? que las reseñaba, mostrando como podían existir opiniones y apreciaciones contrastantes acerca de un solo acontecimiento.
 
 
Imaginamos que luego de ver varias semanas las opiniones contrastantes y la burla que hacía el reseñador de reseñas, el público terminó por mandar por un reverendo tubo a los cronistas, prefiriendo o bien aferrarse a uno, o no leer a ninguno. Sospechamos que algo así está sucediendo con los comentaristas y pronosticadores oficiales y profesionales, que la gente ha optado por mandarlos al diablo considerándolos alguien no digno de confianza y han terminado por tener su propia apreciación, buena o mala, de las cosas.
 
 

En buena medida el lenguaje cifrado, fríamente calculado, casi inamovible que utiliza el Banco Central en sus comunicados ha contribuido a exacerbar la situación, aunque aquí, a diferencia del entrenador nacional de fútbol, no hay medio que se atreva a pedir aclaraciones a la muy respetada junta, quizá porque no saben ni que preguntar, o bien porque ya saben que la respuesta podría ser más oscura y confusa. Acerca de los boletines de prensa que anuncian los resultados de los indicadores la situación no es muy diferente, ya que no existe una norma que los regule.
 
 
Cuando la comparación anual es muy buena dan ese resultado y cuando no, prefieren empezar por dar el dato en comparación mensual, libre de efectos estacionales, y aunque normalmente dichos comunicados incluyen una amplia nota técnica acerca del significado de tal procedimiento, este Pupitre duda que haya algún valiente reportero que entienda algo del tema, de ahí la diversidad de encabezados para una sola nota, incluyendo los diarios especializados y los medios electrónicos, de ahí que el consumidor, haciendo caso a la recomendación de un famoso expresidente, prefiera mandar al diablo a los medios y no perder el tiempo leyendo diarios.
 
 
Esto que inventó algún político sin empleo de que mentir con estadísticas es muy sencillo se esta convirtiendo en algo muy cierto, aunque no ayuda en nada a un mejor entendimiento del acontecer nacional, ni mucho menos ayuda a ampliar la cultura de la sociedad en la materia. Es muy común en algunos cursos universitarios que los alumnos, después de haber cursado la materia de estadística, sigan sin utilizar ni conocer la estadística oficial.
 
 
Es más, ignoran cuáles son las fuentes de información y es muy normal que cuando se solicita un trabajo, pidiendo se utilice estadística, no se reporten las fuentes, o se mencionen fuentes de segunda o tercera mano, que normalmente confunden las cosas. Como sucede en muchas otras áreas, los profesores no están en una mejor situación, ya que ignoran las fuentes de estadística oficial, así como su significado y uso.
 
 

Pues ya encontramos una tarea más que tendrían los encargados de elaborar programas de estudio para algunas carreras, en donde conocer y usar la estadística oficial ayudaría a enriquecer el entendimiento del país, y no sería mala idea que la institución que tiene a su cargo la producción de estadística hiciera algo por enseñar su uso, pero por favor, sin pedir más presupuesto ni plazas nuevas.
 

rodartemario@hotmail.com