Opinión

Los ciudadanos de a pie

 
1
 

 

DF

Uno de los avisos que se exhiben en una buena cantidad de sitios es aquel que reza que “aquí a nadie se le discrimina por razones de…” enumerando muchas de las que tradicionalmente se utilizan, a pesar de la aparente civilidad, para discriminar a una buena cantidad de personas. Cuando uno se encuentra haciendo fila y espera su turno para realizar cierto trámite en oficinas públicas, es muy común ver cómo algunas personas son discriminadas, o reciben un trato poco digno, por el simple hecho de tener un aspecto diferente al que según el que debe atender concibe como 'normal'. Ya sea el color de la piel, el tipo de pelo, la forma de vestir o de hablar, son utilizados para hacer pasar un mal rato a algunas personas.

Es muy común ver en pleno día a un grupo de policías o a una patrulla detener a uno o varios jóvenes, simplemente por su aspecto y forma de vestir. Como si vestirse de forma diferente a lo que los ciudadanos privilegiados consideran 'normal' fuera razón suficiente --aunque no necesaria-- para que un individuo o varios sean considerados delincuentes. Hoy que está tan de moda descubrir a diario delincuentes, llamémosles de cuello blanco por su aspecto 'decente', pero que son defraudadores profesionales, lavadores de dinero, funcionarios corruptos o coyotes, es un hecho suficiente para echar por tierra eso de que la forma de vestir y el aspecto son razones suficientes para discriminar.

Los que se sienten defraudados por alguna institución financiera, por el fisco o por un establecimiento en el que compraron algo, tienen a quien recurrir para quejarse; pero quien es discriminado miserablemente por una persona o funcionario que se cree 'decente', ¿a quién acude? Lo más seguro es que no tenga ni siquiera ganas de hacer algo, porque el haber sido discriminado ha causado en esa persona el efecto de hacerle perder toda la confianza en el sistema. Esto genera costos enormes para la sociedad, no sólo en términos de las oportunidades que se dejan ir por no atender a todos por igual. ¿Qué tal que alguno de esos discriminados traía una idea del tipo del señor Jobs con su manzana mordida y pudiera detonar un negocio con mayor valor que todo el PIB de México?

Podemos reír a pierna suelta de la ocurrencia, pero toda proporción guardada, discriminar elimina oportunidades que nadie conoce, hasta que las ve hechas realidad. La otra gran pérdida que generamos para el país con esta conducta es la destrucción de mucho de nuestro acervo de capital social. Lo más seguro es que quien ha sido discriminado no confíe jamás en la sociedad ni en sus instituciones. ¿Pagará impuestos? ¿Abrirá una cuenta en un banco? ¿Se afiliará al IMSS? ¿Irá a votar en las próximas elecciones? Lo más seguro es que la respuesta a todas estas preguntas sea un no rotundo. Eso es lo que al final de cuentas logramos con nuestro afán de sentirnos superiores o simplemente 'normales'.

También te puede interesar:
La buena educación
¿Nuevos impuestos?
El sistema de precios