Opinión

Los cínicos ante la masacre

Da la impresión de que un sector de la izquierda no ha captado la dimensión de la tragedia en que metieron al país por hacer pactos con el narco. Todo indica que mataron a más de 40 jóvenes, los quemaron y escondieron sus cadáveres en fosas clandestinas.

Ahora en sus plataformas informativas quieren pasar la responsabilidad al gobierno federal “porque no actuó a tiempo” contra los señalamientos de que existían vínculos del alcalde de Iguala con el cártel de los Beltrán Leyva.

De agresores y promotores de criminales pasan a víctimas políticas, por obra y gracia de una estrategia de medios.

Fue el gobierno municipal de la alianza PRD-PT-MC el que desapareció y presuntamente mató a casi medio centenar de estudiantes a sangre fría.

Y fue el gobierno del estado, encabezado por Ángel Aguirre Rivero, del PRD-PT-MC, el que dejó escapar al alcalde José Luis Abarca después de una matanza sin parangón en el México moderno.

Si ya habían denunciado “de palabra” por homicidio al alcalde José Luis Abarca ante el titular de la PGR –como dice René Bejarano–, por qué no lo hicieron en la Procuraduría de Guerrero, por tratarse de un crimen del fuero local.

Ellos gobiernan Guerrero, ¿por qué no lo persiguieron por asesinato?
Ellos tienen el control del Congreso del estado, ¿por qué no lo desaforaron hace un año, cuando dice Bejarano que se enteró que Abarca era un asesino?

Ahora no sabemos si el alcalde de Iguala y su esposa están vivos o están muertos. Sólo sabemos que no están.

Cuando se conoció que estudiantes de Ayotzinapa fueron asesinados por la Policía Municipal de Iguala, y al resto también los secuestró esa Policía, el gobierno del estado dejó escapar al alcalde. ¿Por qué?

Para el desafuero de Abarca, el Congreso estatal tardó más de una semana. ¿Por qué?

A esos jóvenes los asesinaron los gobiernos de izquierda en Guerrero. Tienen que asumir esa responsabilidad y enmendar, hasta donde se pueda, sus trágicos errores.

Tiene toda la razón el presidente Peña Nieto cuando dice que es inaceptable que los gobernantes tengan ligas con el crimen.

Ése es el caso de Guerrero. Y por eso la preocupación de que tanto José Luis Abarca y su esposa Angélica Pineda estén muertos.

Las ligas del gobierno guerrerense con el narcotráfico y pandillas criminales nos podrían deparar una nueva sorpresa, macabra por cierto.
¿No hay vínculos entre funcionarios del área de seguridad del gabinete estatal con los remanentes del cártel de los Beltrán Leyva?

Esperemos que no, pero el tiempo que tuvieron para huir el alcalde Abarca y su esposa, hermana de El Borrado, del MP y de otros operadores del cártel de los Beltrán Leyva, fue gracias al gobierno del estado.

¿O también los desaparecieron, como ocurrió con los 43 normalistas de Ayotzinapa?

Hoy buena parte del mundo se encuentra horrorizado ante ese acto de barbarie cometido en nuestro país, y un sector de la izquierda no asume su responsabilidad. La quiere endosar o al menos compartir.

Ellos tienen que responder por su alcalde y su gobernador.

Y éstos deben responder por los estudiantes asesinados en Iguala. No se puede continuar con tanto cinismo.

Twitter: @PabloHiriart