Opinión

Los cambios pasados

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Producción industrial en EU

Toda la semana comenté con usted acerca de las transformaciones que se viven en la tecnología y la economía y su impacto en la sociedad y política, que me parece que no se comprenden. Pero me di cuenta de que incluso los cambios que ya ocurrieron hace lustros no los hemos asimilado.

Durante el siglo XX, el presidente en México tenía un poder inmenso. Era la piedra angular del sistema político, que recibía toda la fuerza de cada una de las partes del sistema, y la administraba. Era un régimen autoritario, como sabemos, pero que privilegiaba la negociación, la corrupción y el acuerdo. En caso extremo, no dudaba en aplicar la fuerza, pero lo hizo poco, comparativamente con otros regímenes de la época.

Eso terminó en 1997. Desde entonces, el presidente dejó de ser la piedra angular, porque se perdió el control del Congreso, de la Corte, de los gobernadores, y eso abrió el espacio para el crecimiento de las corporaciones como actores independientes. De ahí surgió el SNTE como actor político autónomo, pero también los grandes empresarios. Cada uno moviéndose a su antojo, sin que el presidente pudiese hacer nada, porque la ley no le daba instrumentos. Antes, la ley era irrelevante, pero desde 1997 empezó a aplicarse, paulatinamente.

En esta semana, al tratar de describir lo que hoy ocurre, me di cuenta de que hay muchos mexicanos que no han comprendido ese profundo cambio ocurrido hace casi 20 años. De hecho, me parece que en la izquierda la interpretación de la política es muy diferente. Sólo así se entiende el éxito (incompleto) en las dos candidaturas de López Obrador. Sólo quien cree que el presidente en México puede hacer y deshacer a su antojo podría imaginar que elegir a López Obrador (o a cualquier otra persona) transformará al sistema político. Mientras que los otros candidatos disputan acerca de políticas públicas, López Obrador plantea una recomposición total. Eso no podría hacerse hoy en México, a nivel federal, sin tener al menos mayorías absolutas en las dos Cámaras. En los estados, en cambio, esto sí ocurre, porque los gobernadores sí controlan su congreso local, su tribunal, prensa, grupos empresariales, etcétera. Es posible que López Obrador crea que puede hacerse a nivel federal lo que él hizo en el DF, y por eso confíe en sus fuerzas. Y muchos de sus seguidores también.

Pero esta misma confusión la sufren otros, y por eso se explica que ante el crimen de Iguala hayan surgido explicaciones que afirmaban que “fue el Estado”, porque siguen creyendo que el presidente en México tiene control de todo lo que ocurre en el país. No debería sorprender de grupos que incluso creen posible hacer una revolución comunista en México. Sin que necesariamente los miembros del EPR, los acelerados de la CNTE, o los partidarios de López Obrador sean las mismas personas, me parece que tienen una interpretación común de lo que pasa en México. Específicamente, en el papel que creen que juega el presidente.

Así que mientras tenemos que pensar en los cambios que hoy ocurren en el mundo, y que nos afectan, tenemos que arrastrar todavía a un grupo nada pequeño de mexicanos que no ha podido procesar cambios que ocurrieron desde hace veinte años. Va a estar complicado.

Twitter: @macariomx

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