Opinión

Los Cabos no
se abaratarán

En septiembre de 1988, el huracán Gilberto destrozó buena parte de Cancún. Como siempre pasa en estos casos, los turistas que pensaban vacacionar ahí redireccionaron su viaje hacia algún otro destino de la zona del Caribe. Cuando estuvo en condiciones de volver a pelear por el mercado perdido, los hoteleros pensaron que bajando sus tarifas convencerían a los viajeros de regresar a Cancún en lugar de irse a Jamaica, Bahamas, República Dominicana, Acapulco –todavía en aquella época era un destino importante– o Puerto Vallarta.

La receta funcionó en el corto plazo. Sin embargo, a la larga se convirtió en un problema, ya que el destino acostumbró a sus clientes a tarifas baratas, mermando la rentabilidad de la hotelería del lugar.

Lo que entonces aprendieron los hoteleros de Cancún fue que disminuir tarifas es relativamente fácil, pero incrementarlas es muy difícil. El proceso tiene que ser paulatino, porque si se aumentan de golpe el efecto es inmediato: los huéspedes se alejan.

A los cancunenses les tomó 17 años y, cuando por fin tocaban de nuevo el nivel de tarifas de antes de Gilberto, en octubre de 2005 les cayó Wilma, otro poderoso meteoro, que los dañó severamente de nueva cuenta. Pero ahora, para recuperar otra vez el mercado que los huracanes suelen destruir, los hoteleros no siguieron el camino fácil de abaratarse, sino que buscaron formas más ingeniosas de atraer a los turistas a los mismos precios.

Hoy, Los Cabos se encuentra en esta disyuntiva. El huracán Odile a mediados de septiembre entró en Baja California Sur, afectando a Los Cabos, el cual tiene la característica de ser el principal destino de turismo premium que tenemos. Es decir, el de más alto nivel, de mayor lujo y de quienes gastan más dinero.

Para tener un parámetro de lo lejos que se encuentra Los Cabos de cualquier otro destino turístico de México, podemos ver que su tarifa promedio por noche en los hoteles que operan bajo el esquema de Plan Europeo (el precio sólo incluye la habitación y en algunos casos el desayuno) es de 270 dólares, en tanto que el promedio en Cancún y la Riviera Maya es de 90 dólares, de acuerdo con las cuentas del secretario de Turismo de Baja California Sur, Rubén Reachi.

Para sacar este promedio, en Los Cabos no se toma en cuenta a los hoteles Todo Incluido, ya que son los menos y distorsionaría la estadística; en tanto que en el Caribe sí, ya que la gran mayoría de los hoteles de Riviera Maya funcionan baja este esquema, fenómeno que ya también se vive en Cancún.

Según cálculos oficiales, el paso de Odile le hará perder a Los Cabos entre 150 mil y 200 mil turistas, con lo cual no alcanzarán la meta estipulada para este año. Pero Reachi ya tiene la estrategia a seguir para que en la temporada alta de invierno, que ya casi está en puerta, el flujo de visitantes vuelva a la normalidad como si nada hubiera sucedido.

En primer lugar, la propia vocación del destino le ayuda, ya que 45 por ciento de sus habitaciones son de tiempo compartido, lo cual le garantiza la fidelidad de los vacacionistas –ya que no tienen que pagar hotel y cocinan en sus departamentos– y, por lo tanto, aseguran el tráfico aéreo. Además, han trabajado con rapidez en la recomposición de Los Cabos y demás destinos del estado (como La Paz y Todos Santos), gracias a lo cual una semana después de la tragedia reabrieron los primeros hoteles; el 3 de octubre arribó el primer crucero, de Carnival (procedente de San Francisco), con mil 857 pasajeros y 804 tripulantes; y cinco días después aterrizaron los primeros aviones comerciales, de Alaska Airlines y United, procedentes de Los Ángeles y Houston, que conjuntaron 300 pasajeros entre ambos.

Los resultados están a la vista: la mayoría de los vuelos cotidianos y de temporada están reconfirmando y, hasta el momento, sólo registran 3.0 por ciento de cancelaciones en las reservaciones hoteleras para diciembre.

Sin embargo, falta lo más importante: seguirán la política –acordada en conjunto entre autoridades y empresarios– de mantener las tarifas y en lugar de una rebaja de precio ofrecerán opciones que les den valor agregado para estimular a los vacacionistas, como bonos para spa, descuentos en comidas y actividades, y algunas otras cosas que se les ocurran a los hoteleros. Está muy claro: un destino premium si se abarata, lo pierde todo.