Opinión

Los bemoles de la clase media


 
 
¿Realmente es más amplia la clase media mexicana? Hay quienes piensan que, al revés, esa clase media se ha hecho más y más estrecha.
Déjeme mostrarle 2 caras de la historia.
Hace 29 años tuve la oportunidad de comprar mi primera computadora. Se trataba de una Columbia-Printaform con capacidad de memoria de 128 Kb de memoria RAM y 2 floppies, en los que había que insertar discos flexibles de 5 pulgadas y un cuarto.
Me costó el equivalente a 3,000 dólares.
Es decir, pagué 23 dólares con cada Kb de memoria RAM en el equipo.
Para muchas personas, es inimaginable ese tipo de máquinas en las que había que insertar un disco con el sistema operativo para que se cargara. Ya cargado, se quitaba, y se ponía otro disco con el software a utilizar, lo que dejaba apenas unos cuantos Kb disponibles para procesar los datos.
Hace unas semanas adquirí una computadora que no es de las baratas, una Mac Pro, en 34,000 pesos, es decir, algo así como 2,615 dólares. Su memoria RAM es de 8 Mb, es decir, 8 millones de Kb. Esto quiere decir, para ponerla en unidades comparables, que cada Kb me costó 3 diezmilésimas de dólar.
En otras palabras, el precio del Kb se abatió en 3 décadas en 99.9991%. O si lo quiere ver de otra manera, en 1984, el Kb de memoria RAM costaba 76,666 veces más que hoy.
Este es quizás el ejemplo más dramático que pueda encontrarse. Sin embargo hay una multitud de bienes y servicios cuyos precios han caído dramáticamente y se han convertido en accesibles a segmentos más y más amplios de la población.
Sin embargo, esa no es toda la historia. Hay otra parte que debe contarse.
En este caso nuestro punto de referencia es mayo de 1994. Sólo a partir de ese año hay estadísticas confiables del salario medio en la economía formal.
Hace 19 años, un día de salario promedio alcanzaba para comprar 54 kilogramos de tortillas. Hoy apenas se adquieren 21.7. Es decir, en términos de la capacidad de compra de tortillas, hay una caída de 59.8% en el poder de compra del salario. El descenso es de 21.3% en el caso de la leche y de casi 70% en el pollo.
Tienen razón quienes argumentan que más y más segmentos hoy tienen accesos a bienes y servicios que no podían tener en el pasado. Hay más personas que, en virtud de la menor inflación de los últimos años, tienen acceso al crédito hipotecario y quizás hoy tienen una propiedad a la que hace 20 años no podían aspirar.
Pero también es cierto que en el día a día, el salario compra menos comida.
Algo que ha atenuado este impacto es el hecho de que los hogares tienen menos personas. Hace 2 ó 3 décadas, era típico ver familias de 3 y 4 hijos. Hoy existen muy pocas de más de 2.
Igualmente, la tasa de participación de las mujeres en la población ocupada ha crecido fuertemente, lo que implica que frecuentemente hay más de un ingreso por hogar.
Pese a todo, uno de los grandes déficit que existen es la caída de poder de compra de los salarios en bienes que son esenciales, sobre todo para los segmentos de menores ingresos.
En términos generales no es correcto ese viejo dicho de que todo tiempo pasado fue mejor. Pero si se aplica en específico al poder de compra vinculado a los alimentos, entonces resulta cierto.
El salario antes alcanzaba para comprar más comida. Las estadísticas son contundentes a ese respecto.
Por esa razón es que es urgente que los salarios reales se incrementen a través de aumento sostenido de la productividad media del trabajo.
Sólo revirtiendo la caída que hemos tenido en las tres últimas décadas podremos permitir un aumento real y perceptible de los niveles de vida de la población.
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