Opinión

Los aviadores

El día de hoy amanecimos con la novedad de que según los datos obtenidos por el censo de escuelas, hay 39 mil maestros aviadores y 30 mil con licencia. Haciendo un cálculo rápido, esto representa un poco más de 300 millones de pesos mensuales, lo que llevado al año, con todo y las prestaciones que le son otorgadas al gremio, rebasamos los 3.5 mil millones. Nada mal para los formadores de los futuros profesionistas y aquellos que se encargarán de emular o superar los logros de un Octavio Paz, o de Enrique Molina, por mencionar sólo algunos, aunque los acontecimientos recientes no nos permiten ser tan optimistas y más bien nos obligan a ver en esta una de las causas del pobre comportamiento de la productividad de los trabajadores mexicanos en las últimas décadas y la razón principal de por qué no dejamos atrás a la pobreza y seguimos siendo testigos de muchos casos de marginación, discriminación y falta de oportunidades.

Hace muchos años se decía que al régimen en el poder le convenía este estado de las cosas, ya que se beneficiaba del voto duro ubicado en las áreas rurales, quienes mantenían al partido en el poder a cambio de una gorra, una torta y un refresco. Al parecer las cosas ya han cambiado, al menos en la composición demográfica en las zonas rurales, y muchos de los hombres que emitían su voto a favor del partidazo ya emigraron, o hacia los Estados Unidos, o por lo menos hacia las zonas urbanas, en donde quizá siguen siendo víctimas de la más despiadada de las discriminaciones. Según datos del mismo organismo de estadística, son poco más de 2 millones de mujeres que se ocupan como empleadas domésticas, y con poco temor a equivocarnos podemos asegurar que menos del 10 por ciento de ellas tiene seguro social, o por lo menos labora dentro de un horario razonable, sin ser víctima de explotación.

Aunque ya volvió el antiguo partido al poder, los gobiernos del cambio hicieron de todo, menos propiciar un cambio en el sistema educativo, o un cambio en las condiciones laborales de las empleadas domésticas. En el campo se aumentó el número y los recursos de los denominados programas sociales, sin obtener resultados, por lo que podemos imaginar, sin exagerar de imaginativos, que la mayor parte de esos recursos se usó con fines electorales; esto es, sin cuidar que los programas tuvieran un efecto real y permanente en las condiciones de vida y bienestar de la población beneficiada. Con ello llegamos a la conclusión preliminar de que no sólo los aviadores son un peligro y causan un daño al país y a los ciudadanos, sino también los que se dicen no aviadores y sólo se dedican a manipular a la gente.

Existe un grupo peor, de no aviadores, que sólo asiste a sus oficinas o instalaciones a grillar, a crear y transmitir chismes y a mentir en sus declaraciones a la contraloría diciendo que cumplen labores sustantivas considerables, cuando en realidad no hacen nada más que cobrar su sueldo y ver de qué manera se pueden beneficiar del uso de recursos públicos, mediante transas, corruptelas, coyotajes y pidiendo dinero por solapar conductas reprobables de sus compañeros y superiores. Con estos tipos de ejemplares, ninguna reforma va a lograr que el país rebase el crecimiento mediocre que hemos registrado en los últimos 15 años.

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