Opinión

Los avatares del desarrollo: el Perú

25 marzo 2016 5:0
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Perú

El próximo 10 de abril habrá, probablemente en primera vuelta, elecciones de presidente y de congresistas en el Perú. Como ocurre en cada ocasión que se aproxima tan importante evento político, en ese y en cualquier otro país, se abren ventanas y oportunidades para discutir lo acontecido y, desde las diferentes opciones políticas, hacer propuestas de cómo conducir la economía y la sociedad a supuestos mejores estados de desarrollo.

En la actualidad en Perú, como en el resto de América Latina, se vive un estado de desaceleración económica provocada por la caída de los precios de las comodities, acompañada de procesos devaluatorios de las monedas nacionales frente al dólar, principalmente, así como los procesos inflacionarios que generalmente se derivan de procesos devaluatorios en economías muy dependientes de importaciones importantes de insumos, alimentos y otros.

En el caso del Perú, sus exportaciones están explicadas en casi un 60% por las exportaciones de minerales y ese país es muy dependiente de la importación de alimentos.

A la crisis económica se suma la de tipo político. En el Perú esta circunstancia no es una novedad que el presidente en turno, que en muchas ocasiones inicia con altos porcentajes de buena evaluación por parte de los ciudadanos, termina, según las encuestas, con paupérrimas calificaciones, hecho que haría pensar en la necesidad de una renuncia anticipada a su cargo, o del anuncio de una guerra en su contra una vez que haya entregado el bastón de mando a su sucesor. En el triste caso del actual presidente peruano, Ollanta Humala, a su desprestigio como gobernante se agrega el de padecer lo que los ciudadanos de ese país denominan ser un hombre de 'saco largo' o 'pisado', que en español castizo significa ser un hombre mandado por su mujer. O de dicho de otra manera, tan incapaz que una mujer, que por supuesto es considerada un ser inferior a los hombres, tiene y puede dirigirlo y decirle como hacer las cosas.

El asunto es complicado, no solo por la debilidad que aparenta tener el Presidente Humala para tomar decisiones, sino también porque la Jefa Nadine resultó, aparentemente, ser administradora de negocios políticos que la vinculan con intereses extra-peruanos que, obviamente, sus adversarios reprueban y usan y usarán más, una vez terminado el mandato presidencial actual, para agredir a la pareja presidencial. La prensa peruana anticipa juicios que podrían llevar a la cárcel al presidente, a su esposa o a ambos. Así que el presidente Ollanta y su esposa Nadine, que bien usa los sacos largo enfrentarán tormentas sobre ellos que pueden resultar difíciles y salir ilesos de ellas.

Sin embargo, más allá de esa zaga, el tema principal es, y sigue siendo, cómo hacer para que el Perú avance, y no sólo crezca, asunto que hasta hace poco lo lograba en números que llegaron al 9% del PBI, por año, sino que resuelva, de mucho mejor manera de lo logrado hasta ahora la desigualdad. Una desigualdad que no solo se expresa en lo económico, en lo étnico, en lo cultural, sino también en lo territorial. Cuando uno visita la costa y luego se traslada a la sierra y de ahí a la selva puede percatarse de cómo los beneficios, en lo general, se han hospedado en los territorios costeños, y en principalmente en la capital Lima, seguido de Arequipa, Trujillo y otras ciudades costeñas.

Los actores que participan actualmente en la contienda por la presidencia de la república por supuesto mantienen un discurso que reconoce dicha desigualdad y hacen promesas de desarrollar iniciativas, proyectos, que equilibren la balanza territorial.

Un proyecto que no es resultado de esta contienda electoral, fue formulado durante el periodo de Ollanta Humala, es la construcción de un nuevo aeropuerto en el Departamento del Cusco, y en particular en la Ciudad de Chinchero.

Quienes están familiarizados con la geografía peruana recordarán que Chinchero está ubicado en la región que se conoce como El Valle Sagrado, y que recibe ese nombre por el carácter tan especial que le otorgaban los incas al Río Urubamba que corre a lo largo del cañón en donde se ubica la mencionada Chinchero, pero también Ollantaytambo, Pisac, Urubamba y otras ciudades pequeñas.

El Valle Sagrado de los Incas es una zona rural habitada por pequeños productores de los más diversos cultivos propios de la sierra (papa en sus muy diversas variedades, maíz, habas, trigo y otros), que trabajan con tecnologías ancestrales. Están acompañados de magníficas ruinas incaicas y por un creciente flujo de turistas, principalmente no peruanos. El Valle Sagrado es sin duda un espacio excepcional, por su belleza escénica, por la historia prehispánica y esa tranquilidad que da la ruralidad dominada por lo indígena. En el Valle Sagrado no se conoce la criminalidad. priva, aunque no sin dificultades, la ayuda mutua, lo comunal.

En ese contexto, y pensando positivamente, con el mejor ánimo, se ha decidido construir un aeropuerto, probablemente internacional, que, estoy seguro, según, sus ideólogos habrá de traer progreso y bienestar a Chinchero, y al Valle sagrado en su conjunto.

Cuando uno se ubica en ese espacio e imagina la presencia de todo lo que acompañará al nuevo aeropuerto, no puede más que horrorizarse del tremendo impacto, negativo, que la gran obra de infraestructura traerá a ese territorio. Todo cambiará, y seguramente no para bien. La contaminación ambiental adquirirá dimensiones desconocidas actualmente por los habitantes. Sus vidas se transformarán en aras de la modernidad que los hará empleados del bienestar principal de los que sean dueños del aeropuerto, las ganancias.

Lo peor es que casi siempre ocurre, el nuevo aeropuerto caerá literalmente del cielo sobre Chinchero y lo aplastará. El asunto no es solo el aeropuerto sino todo lo que debería acompañarlo. Las obras de infraestructura complementaria; la capacitación a la población; la transparencia en el sentido de explicarle a la comunidad los beneficios posibles, pero también los nuevos costos, ambientales, sociales, culturales, que tendrán que pagar. Y la otra discusión importante es que la alternativa no es el aeropuerto, el progreso, o el estatus quo, lo tradicional, la pobreza. Por supuesto que hay otras y mejores alternativas. Y tal vez el tema principal, quién conduce el proceso. Como siempre, no son los que tendrán que enfrentar la cotidianeidad del ruido, del tráfico, de la producción inmensa de basura, desde sus modestas viviendas. Los que conducen son externos que encontraron en Chinchero un nuevo espacio para plantar millones de toneladas de concreto y equipo para engordar cuentas bancarias y disfrutar sus beneficios.

Hay que ir a Chinchero antes que los grandes pájaros de acero sustituyan a los cóndores. Antes que la belleza que hoy existe priva, con su frugalidad que le da elegancia, y seguramente sufrimiento, desparezca. Antes que en nombre del desarrollo se pierda una larga historia. Que se pierda en un santiamén.

El autor es catedrático de la Facultad de Economía UNAM y Secretario General de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe UDUAL. 


semerena@unam.mx

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