Opinión

Los angelitos del PAN
(y del PRI y del PRD)

Los angelitos del Comité Directivo Estatal del PAN iban por una calle de Fortaleza, en Brasil, y se les ocurrió palparle el trasero a una señora que caminaba acompañada de su marido. Y como éste se molestó, lo golpearon hasta saciarse.

Lo anterior podría ser parte de la picaresca de funcionarios prepotentes acostumbrados a la impunidad, pero es la metáfora de una clase política degradada hasta la miseria.

Iban acompañados por el representante en México de una empresa que vende servicios a la delegación Benito Juárez, donde los panistas son altos funcionarios.

Confirmado: en el Distrito Federal tenemos a la peor clase política de todo el país.
Pobres de nosotros los capitalinos, que ante esos tipos hay que hacer trámites y sacar permisos.

Pobre de Miguel Mancera, que con ellos tiene que llegar a acuerdos para gobernar.

Y todos son iguales: panistas, priistas y perredistas.

Sergio Israel Eguren Cornejo y Rafael Miguel Medina Pederzini, directivos del PAN del Distrito Federal y funcionarios de la Delegación Benito Juárez, detenidos por agredir al esposo de una señora a la que manosearon, son del partido de la rectitud moral, de ir a misa los domingos y darse de golpes de pecho ante medidas progresistas que se han tomado en la capital del país.

El PAN es un partido corrompido y descompuesto en el Distrito Federal. Pero no es el único. En igual condición están el PRI y el PRD.

Los priistas tuvieron que sacar, debido a la presión social, a su presidente en el Distrito Federal porque en su nombre se contrataban edecanes para hacerle servicios sexuales.

No ha pasado absolutamente nada con Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, después de que todos oímos cómo su secretaria instruía, con lujo de detalle, a las edecanes para que satisficieran el apetito sexual del príncipe de la basura, a cambio de un salario pagado con dinero público.
¿Y la dignidad de la mujer? ¿Ese es el partido que promueve la “equidad de género”?

Los perredistas, que se dicen líderes de la observancia de los derechos humanos, son igual o peores que panistas y priistas.

El delegado en Tláhuac, Rubén Escamilla, condicionaba darle la basificación a una empleada suya, mientras ésta le practicaba sexo oral en el amplísimo sillón de la oficina del delegado.

El PRD capitalino ofreció una pronta investigación, con el argumento de que se trata de “un partido firmemente comprometido con la igualdad, la equidad de género, y el respeto a la dignidad de las personas”.

El resultado de todo ese discurso en favor de la mujer fue que ratificaran a Escamilla como candidato a diputado por el distrito XXXV del Distrito Federal, en alianza con el PT y Movimiento Ciudadano.

Todos son iguales. Ese es el problema en el Distrito Federal.
La necesidad de renovación es evidente y admitida por los tres partidos en la capital, pero no tienen con quién sustituir a una clase política pervertida y sin talento.

Los cambios cosméticos en el PRI no van a funcionar en tanto no haya una política social activa en favor de los ciudadanos ante sus problemas cotidianos, y que ese cambio lo promuevan dirigentes partidistas con vocación social.

El PAN está desahuciado en la capital. Ya ni cambios intenta. Y el PRD es una maquinaria de poder y agencia de colocaciones.

Los partidos capitalinos están batidos en lodo. Y los ciudadanos son sus víctimas.