Opinión

Los Ángeles, L.A.

 
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Los Ángeles. (www.taringa.net)

Para Florence Olivier, y Max y Consuelo Parra, por el reencuentro
Uno. San Ángel, al sur de la Ciudad de México (capital que, hechos bolas, ya nos la pretenden hacer menos o, de plano, bocabajear, ); Los Ángeles Azules, y su versión sinfónica (magistral) y su lema: “De Ixtapalapa para el mundo”; Puebla de los Ángeles, ciudad levítica que, se rumorea, acuna al futuro sucesor de Peña Nieto (no quiero ni imaginarse el 2018, al paso sin GPS que vamos); Los Ángeles Negros, aunque chilenos, en la escuela de los Dandys de inmarcesible memoria. Y, por fin, Los Ángeles, California, territorio mexicano arrebatado en el enjuague del Plan de Guadalupe.

¿Por qué mi andante vida no se había enrumbado en dicha dirección, reino compartido de Hollywood y su anexo Disneylandia? ¿Realmente creía que yo que me bastaría con el policial Los Ángeles de Raymond Chandler y el confidencial L.A. de James Ellroy? De ser así, craso error. Mea culpa.

Dos. Motivo del viaje. ¿Negocios? Sí (x) No ( ). Pero negocios académicos. El centenario de Los de debajo de Mariano Azuela, novela axial de las letras patrias contemporáneas, a la que la Crítica tuvo en una especie de corralón de 1915 a 1925. Tal y como pretende sacar de circulación a Piratas del boulevar de Heriberto Frías, a Santa de Federico, a Epigramas de Carlos Díaz Dufoo Jr., a Casi el paraíso de Luis Spota, a Sol de octubre de Rafael Solana, etcétera, etcétera.
Aunque al “lectorado” (categoría de mi invención, que no hay que confundir con el electorado, tan de capa caída esta temporada intermedia), tales remilgos le hacen lo que el viento a Juárez. Derecho de la lectura instintiva, leal, heredada, sin mediaciones, Y mentar a Mariano Azuela es mentar a la Revolución Mexicana, el último movimiento social después de la Independencia y la Reforma. Pues, aunque muchos se empeñen en creerlo, no existe ni un cuarto (Democracia) ni un quinto (Neoreforma) episodios nacionales. La democracia porque se contentó perezosa con la democracia electoral: a la postre pifia, simulación, desilusión, votas y te vas, “negociazo”. La Neoreforma porque sólo existe, hasta la fecha, en la vocería presidencial.

Convoca al encuentro la California State University de Los Ángeles (“Cal State LA), bajo la advocación de una legendaria profesora, Jeanine “Gigi” Gaucher-Morales. Sede: Music Hall. Fechas: 15 y 16 de mayo de 2015. Irreprochable anfitrión: Roberto Cantú.

Tres. El aparato del vuelo 293 de United Airlines, línea por demás “agarrada”, aterriza suavemente. Aplausos, como antaño, aquí y allá. Pasaje abrumadoramente paisano. Pero pronto repararé en las avasallantes olas orientales, con parajes, lengua(s), prensa, teve propios. Me recibe un L. A. lluvioso; como si en México no lloviera sobre mojado y, en el litoral Pacífico (pero aquí no) no devastara el Mar de fondo (¿metáfora de la argamasa quebradiza, del cieno, del falso suelo en los que hace tiempo se asientan la Nación, la Sociedad, el Estado y el Gobierno autóctonos?; para pensarse).

Si en Vancouver predominan los taxistas de origen pakistaní e hindú, y en Nueva York los afroamericanos, en Los Ángeles la cosa es multirracial. Etíope, amabilísimo, con cinco años de antigüedad y ya felizmente establecido, el que me conduce al 223 de West Valley Boulevard. Una hora y cacho. Primera impresión imborrable: las torrenteras de automóviles en las autopistas interiores, a ras de suelo y en las alturas. Maldita hora pico. Y para allá, a nuestro inepto modo, transa no pocas veces, vamos.

Cuatro. Como acostumbro y lo recomiendo, la primera exploración es textual, no importa que se visite la ciudad de marras por primera o enésima ocasión. Aquí en la forma del “Official Visitor Map.” Sabía ya que el Grand L.A., formado por los condados de Los Ángeles y Orange, ocupa el segundo lugar entre las más grandes ciudades de los Estados Unidos. Trece millones de habitantes que empujan la segunda economía mundial (más de 4,500 firmas extranjeras). Veamos.

Arriba, al norte, las montañas nemorosas a las que sólo les falta uno o dos volcanes; abajo, en diagonal, las bahías: Santa Mónica célebre, Long Beach no menos, San Pedro, Diana Point (qué Diana? ¿La Diosa romana? ¿La Princesa británica que rindió el alma en París?); Los Ángeles Port. La Isla Catalina. Un río, el Los Ángeles River, por si algo faltaba. Y, en el subsuelo, el Metro, que presume de “great chauffer” para el shopping, los museos numerosos (mi hija Paula me exalto el Paul Getty), los estudios, los restaurantes, las atracciones nocturnas, ¡los estudios Universal y WB! San Gabriel, mi destino, con una Misión digna de la conquista espiritual del siglo XVI, está debajo de Pasadena. Granean sobre la superficie del mapa, cual alpiste, los nombres familiares: Montebello, Pico, Alhambra, Santa Mónica, César Chávez, Cerritos, Las Tunas, Rivera. A vista de pájaro, Hollywood y West Hollywood no están demasiado lejos de Mid-City, Down Town. Anticipo que el Turibus de estos pagos, ofrece diversos recorridos-hitos. La ciudad misma, las mansiones de la edad cinematográfica de divas y mitos, las bahías, la noche, el Paseo de la Fama (que insisto, debería importar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, hace rato Pasarela con clubs de fans y toda la cosa). Añado que el Farmer Market, en el que Betty Davis o su antítesis, Doris Day, hacían sus compras de carne y legumbres, pasa de ochenta años de antigüedad. Estancia mínima recomendable: ocho días.

Cinco. La “Cal State LA”, contiene unos 25,000 estudiantes. Campus pequeño, manejable, cuenta con un Food Court & Students Union; un Club Universitario; y una sucursal de Barnes & Noble con más sudaderas alusivas que libros (sin que falten, en la sección de saldos, ya que la industria editorial imperial no reedita, los hallazgos). El alumnado se organiza en un Student Government por elección popular y publica el University Times con asuntos como el de un “gender neutral restrooms”; las modas dominantes entre los alumnos; el proyecto para llevar el Arte pero también la Filosofía a las calles de la ciudad cosmopolita; la alianza de nuestro bullangero Juanja (alias Juan Gabriel) y Disney; el avance de los Pan Africa Studies; etcétera, etcétera. Mientras el encuentro pone sobre la mesa la novedad de Los de abajo; a Martín Luis Guzmán y a Nellie Campobello y Carlos Fuentes; al teatro y al cine de la “Revolufia”; al muralismo; a la compleja personalidad del autor nacido en San Juan de los Lagos e injertado en la Ciudad de México de los 20’s a los 40’s; a la novela de la revolución mexicana; a la recepción de Azuela por los Contemporáneos; a las relaciones entre fotografía y literatura; al Azuela crítico literario, a la Revolución Mexicana, entre otros candentes asuntos.

Seis. Todo el tiempo, lo confieso, me asaltó la necesidad de un específico encuentro dedicado a los estudios históricos de la Revolución Mexicana. Más allá, tanto de la versión oficial tantos años incuestionable, como del revisionismo malhumorado de los años 70’s que por un pelito nos priva de los componentes fabulosos, legendarios (como si estos no formaran parte de objeto de análisis). Replantearse comienzos y finales, el elenco de personajes, las relaciones hondas entre el Viejo y el Nuevo Régimen, las distintas revoluciones y sus distintas materias (política, agraria, obrera, cultural). Y la perspectiva integral de una estética revolucionaria: corrido, pintura, literatura, documental cinematográfico, teatro, fotografía, moda. Lugar sobresaliente de Los de abajo, novela lozana a los cien años.

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