Opinión

Los aduladores de
'El Chapo'

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Kate y Sean Penn. (ilustración)

Resulta insólito que un actor se ponga en el papel de periodista y se tome unos tequilas con el responsable de la muerte, desaparición o acoso a reporteros de verdad que se juegan la vida en zonas de influencia del narcotráfico.

Desde luego que no hay ningún delito al entrevistar a un prófugo de la justicia. Y el gobierno mexicano podría manchar su impecable acción contra El Chapo Guzmán si escala en la pretensión de sentar en el banquillo de los acusados a Sean Penn y a Kate del Castillo.

Los periodistas tienen que hacer su trabajo y la Policía el suyo. No siempre coinciden.

Pero los problemas no están ahí. Uno de ellos es la posible relación comercial entre El Chapo Guzmán y la empresa productora, propiedad de Kate del Castillo, dueña de los derechos de la entrevista publicada en Rolling Stone.

¿Quién pagó los trabajos previos a la producción de la película destinada a adular al Chapo?

¿Quién pagó el avión privado que trasladó a Penn y a Kate a realizar la apología del narco?

Porque una cosa es hacer periodismo sin cortapisas, y otra muy distinta es hacer negocios con un delincuente.

Dudo que haya sucedido lo segundo. Lo que sí hubo fue la intención de Penn y Del Castillo de poner al criminal como un héroe y a las autoridades mexicanas como corruptas, ineptas e imbéciles.

“Los actores pueden encontrar al Chapo y las autoridades no”, era el mensaje de la exclusiva de Sean Penn.

Fracasaron, El Chapo fue detenido. Y capturado vivo.

Fracasaron también los absurdos intentos de Morena, a través de su líder y en redes sociales, por hacer creer que la captura fue una farsa o una 'cortina de humo' para ocultar los problemas económicos del país.

Morena, Sean Penn y Del Castillo comparten la misma finalidad en el caso del Chapo Guzmán: que se hable mal de las autoridades mexicanas. Ellas son las malas, corruptas y cómplices de narcotráfico.

No fue así. Vimos a miembros de las Fuerzas Armadas y policías federales que arriesgaron su vida al enfrentarse a los sicarios de Guzmán Loera, y lo detuvieron con éxito.

Esos dos policías federales que encañonaron al Chapo y a su jefe de plaza en Los Mochis mientras huían en un coche robado, ¿no son los verdaderos héroes de este episodio?

Los marinos que rodearon la casa de El Chapo y se dieron de balazos con la guardia pretoriana de Guzmán Loera hasta matar a varios y lograr la rendición de los demás, ¿no merecen un reconocimiento nacional por su valentía y trabajo honesto en favor de México?

El Chapo y su cártel son los responsables de unas diez mil muertes en territorio mexicano. ¿Eso lo convierte en un héroe? ¿Hay que rendirle pleitesía por su lista de asesinatos, huérfanos y viudas que ha dejado en el camino?

La escala de valores está al revés en algunos sectores de la sociedad.

Nada de censurable tiene entrevistar a un capo de las drogas. Lo grave es que personas con un nivel cultural medio –como Sean Penn y Kate del Castillo–, así como simpatizantes de un partido político, nos quieran presentar a un criminal como un modelo admirable. Y a los que se juegan la vida para capturarlo, como unos imbéciles.

Twitter: @PabloHiriart

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