Opinión

Los 17 muertos que a nadie importan

 
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Ciclista. (Cuartoscuro)

La primera vez que vi una persona ser atropellada era yo un niño. Salía de la estación de Metro Popotla cuando un Volkswagen Sedán a exceso de velocidad brincó el camellón de la Av. México Tacuba y arrolló a una joven de alrededor de 17 años. Me acerqué para horrorizarme y mirar su pierna derecha adherida por completo al pavimento, como calcomanía. El solo recuerdo me da escalofríos.

Las personas atropelladas en la ciudad de México, y en el país, han sido pobremente contabilizadas en las últimas décadas. Apenas en años recientes se ha iniciado un conteo mínimo de estos sucesos, en buena medida gracias a la proliferación de ciclistas. Yo confieso que los ciclistas me están llegando a atemorizar tanto como los conductores de autos. A diario circulo por una calle que tiene una estación de EcoBici, y absolutamente todos los ciclistas que emergen de ahí toman en sentido contrario la vialidad, convirtiéndose en una amenaza para peatones y automovilistas.

Recientemente la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal reveló que en el año han habido 207 ciclistas involucrados en accidentes de tránsito, de los cuales han muerto 17. Son 17 muertos que prácticamente a nadie importan, excepto a sus familiares y amigos, porque en nada ha cambiado la cultura vial de la ciudad. Todo mundo es una amenaza para los demás: el ciclista para el peatón, el peatón para el automovilista y este último para todos los demás, con el camionero como rey absoluto de los individuos riesgosos.

Es una pena, pero da la impresión de que en el país no estamos nada preparados para abordar temas de cultura vial más que de forma reactiva, como ocurrió tras la muerte de Montserrat Paredes por parte de un microbusero hace un par de semanas.

Dada la gravedad de la situación sería altamente recomendable que imitemos los estándares de los países europeos, que tienen sólidas políticas públicas para reducir los accidentes viales. En España, por ejemplo, año con año se publica el reporte “Las Principales Cifras de la Siniestralidad”, un documento exhaustivo que detalla los tipos de accidentes; los vehículos involucrados, la distribución de las edades; los “puntos negros” donde se concentran; y todas las cifras relacionadas a los accidentes: uso de casco, consumo de drogas, tipo de lesión, etcétera.

El reporte de España es un piso mínimo al que debería aspirar la autoridad federal en México (porque se requiere a nivel país). Incluye hasta una estimación de los años potenciales de vida perdidos y del costo de la calidad de vida perdida. ¿Un ejemplo? Cada fallecido en España por accidente vial cuesta un millón 408 mil euros, lo que incluye “el dolor, aflicción y sufrimiento de la víctima y sus familiares”.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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