Opinión

Lorenzo Zambrano

Nunca conocí personalmente a Lorenzo Zambrano. No obstante, el forjador de Cemex tuvo un par de detalles conmigo, vía las redes sociales, que para mí dieron cuenta, en su momento, de lo que todo mundo reportaba ayer: su gran bonhomía y sentido humano.

Setenta años no son suficientes para dar por terminada una vida de gloria. Lorenzo Zambrano quedará en la historia empresarial de México como uno de los grandes hombres de negocios que ayudaron a forjar una de las corporaciones que más identidad han dado al mundo corporativo nacional dentro y fuera del país. Quien haya visto en Londres circulando los camiones de concreto con la identidad corporativa de esta empresa saben que trascendimos fronteras con una marca de calidad mundial gracias a él.

Quizá me equivoque, pero en una primera evaluación que viene a mi mente luego del intempestivo anuncio de su fallecimiento ayer en Madrid, no puedo sino concluir que ha perdido la vida acaso el último de los grandes empresarios mexicanos que seguía al frente de manera ejecutiva de la empresa que construyó. ¿Por qué es factible afirmar eso? Porque en todas las grandes corporaciones mexicanas del último tramo del Siglo XX y principios del Siglo XXI se había dado un cambio generacional, la muerte del fundador, o el cambio de cuerpo directivo del más alto nivel, lo que había dejado en manos de otros individuos el devenir operativo cotidiano de esas firmas.

Así ocurrió con Gruma, Grupo Modelo, Bimbo, Televisa, Grupo Alfa, Vitro, Grupo Kuo (Desc), ICA, y muchas empresas más. Incluso Grupo Carso vio un cambio generacional importante, con Carlos Slim Helú tomando oficialmente un cargo honorario.

Pero Lorenzo Zambrano nunca se fue de su empresa. Hasta ayer su cargo era Presidente del Consejo y Director General Ejecutivo.
La vida empresarial de Lorenzo Zambrano nos deja tres grandes lecciones. La primera es que es perfectamente factible construir una corporación bajo todos los códigos internacionales de comportamiento global. Ojo: Cemex no basó su crecimiento internacional en exportaciones. Por el contrario, aprendió a potenciar su crecimiento con las reglas del juego que típicamente son marcadas por corporaciones europeas o estadounidenses.

La segunda es la honra, que puede atestiguarse en Cemex, históricamente, en el momento de la reestructura de su deuda. Otros empresarios mexicanos prefirieron diluir la relevancia de sus corporaciones cuando enfrentaron dificultades (recuérdese a Gastón Azcárraga). Zambrano no. Redefinió prioridades en el momento más difícil y dio nueva vida a su empresa.

La tercera es su compromiso medioambiental, que afortunadamente queda como legado vivo en su empresa. 

Descanse en paz Lorenzo Zambrano.

Twitter:
@SOYCarlosMota