Opinión

Locura contagiosa

 
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Paul Krugman. Donald Trump, héroe de la base republicana.

Por fin Donald Trump oficialmente presentó lo que sería su estrategia antimigratoria que implementaría si llegase a ser mandatario de Estados Unidos.

La buena noticia es que, con esta propuesta, queda confirmado que no será presidente. La mala noticia es que, con esta propuesta, Trump nos recuerda que la locura puede ser altamente contagiosa.

Por más que insista este empresario que sus propuestas para promover la creación de empleos asegurará que electores latinos voten por él, la realidad es que son tan ofensivas y tan autoritarias sobre cómo “atacar” el problema de la migración ilegal hacia Estados Unidos, que sorprendería que recibiera 10 por ciento del voto de este sector. Y eso es un problema para este posible candidato republicano.

Un estudio publicado por Latino Decisions subraya que para poder ganar en las elecciones presidenciales de 2016, el candidato republicano tendría que recibir por lo menos 40 por ciento del voto latino. Hay que recordar que el candidato republicano Mitt Romney, en 2012, recibió solamente 23 por ciento de este voto, a pesar de que su propuesta migratoria no sólo era moderada en comparación con los otros potenciales candidatos republicanos de esa contienda, sino muy similar al del ganador, que fue el reelecto presidente demócrata Barack Obama.

El presidente George W. Bush, en 2004, se llevó la contienda arrollando al entonces senador John Kerry (ahora secretario de Estado) recibiendo 44 por ciento del voto latino.

En las últimas cuatro elecciones presidenciales en Estados Unidos, la problemática migratoria, aunque comentada en las plataformas electorales, no tuvo prioridad en el debate político por una simple y llana razón: las soluciones reales o que tendrían impacto son imposibles de implementar por los costos que se requerirían, o porque necesitaría de mecanismos demasiados autoritarios, o su implementación alienaría el voto latino.

Existía hasta cierto punto una política altamente hipócrita por parte de Estados Unidos donde públicamente se criticaba a los trabajadores indocumentados por su situación ilegal, pero se buscaba mantener el statu quo: no esforzarse demasiado en detener el flujo migratorio para así favorecer la economía estadounidense al tener trabajadores con relativamente bajos salarios, con pocos derechos laborales que permitía que los productos agrícolas, al igual que los servicios turísticos, hoteleros, jardinería y de restaurantes fueran baratos y abundantes. Más de 200 ciudades y condados en la Unión Americana se consideran “santuarios” porque en general aportan a sus comunidades y no son una amenaza o un peligro.

Y entre las propuestas de Donald Trump está quitar fondos federales a aquellos “santuarios” para migrantes, además de proponer una política de persecución de los más de 11 millones de indocumentados que trabajan y viven en EU, incluyendo buscar arrancarle la ciudadanía estadounidense a los hijos de indocumentados nacidos en ese país. Y cómo olvidar, él exigiría que México pague por la construcción de un muro que dividiría a Estados Unidos de sus vecinos del sur.

Esto es una locura
¿Alguién puede imaginarse la expulsión de 11 millones de hombres, mujeres y niños? Sin considerar el dolor, la desesperación de millones y millones de familias ante una política de barbarie autoritaria, el costo podría subir (cálculo hecho en un estudio en 2012) a 216 mil millones de dólares, con un costo adicional de 17 mil millones de dólares anuales para continuar asegurando la implementación de esta política antimigratoria.

El costo real de construir un muro que abarque por completo la frontera México-EU podría ser de cuatro mil millones de dólares que, según Trump en sus fantasías, “forzaría” a México para que los pagara. Parece que Trump no entiende que la Constitución estadounidense le concede ciudadanía a cualquier persona que nace en Estados Unidos, sin considerar la situación jurídica de los padres. Reformas constitucionales en Estados Unidos en la actualidad son literalmente imposibles.

Pero en el mundo de Trump, nada es imposible, por más que los expertos, los datos duros, la Constitución, las leyes, las convenciones internacionales y, sobre todo, la realidad electoral, digan lo contrario.

Lo más preocupante es que el resto de la banda republicana no denunció a Trump de estar desquiciado con su propuesta migratoria, aunque varios comentaron abiertamente que respaldan sus locuras.

Y aunque sabemos que Trump no será presidente, lo que dejará sobre la mesa es un debate hostil y agresivo en contra de los indocumentados, en la mayoría mexicanos, en donde las propuestas pragmáticas y con un sentido de reconocer la humanidad y la aportación de estas personas, no serán parte de la conversación, menos de la solución.

Twitter: @Amsalazar

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