Opinión

Lobos con piel de oveja

Víctor Manuel Pérez Valera.

Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

La actual política migratoria, según la Red jesuita con migrantes, es de lobos con piel de oveja. El fenómeno migratorio en el mundo va en continuo aumento: en la actualidad 50 millones de personas dejan su país de origen, de éstos el 80% son mujeres y niños.

Con gran visión, Pedro Arrupe, general de los jesuitas creo, el 14 de noviembre de 1980 el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). De ese modo, se impulsó una nueva e importante misión de los jesuitas en todo el mundo. En esta misión se involucran también las universidades de esta orden religiosa. Las Iberos de México no son la excepción. En efecto, la Ibero Ciudad de México creó en febrero de 2005 el Programa de Asuntos Migratorios (PRAMI) coordinado por el Dr. Javier Urbano Reyes. Entre otros objetivos, este programa pretende preparar alumnos de licenciatura y posgrado en el análisis de esta problemática, así como establecer vínculos con diversas organizaciones para apoyar la solución de este dramático conflicto. Existe, además en esta universidad una organización estudiantil, “Soy migrante” que da acompañamiento a los migrantes que viajan en el tren, “la bestia”.

La situación de los refugiados difiere algo de la de los migrantes. Aquellos, esperan a corto o mediano plazo regresar a su país, en cambio, el migrante ha perdido la esperanza de sobrevivir en su tierra. El refugiado, generalmente es desplazado por la fuerza: guerras o guerrillas; en el migrante las cosas son más complejas, huyen de la violencia extrema, de la falta de trabajo, de la marginación política y social.

La situación es alarmante: el número de migrantes menores de 12 años no acompañados, según datos de la patrulla fronteriza norteamericana, el último año se ha incrementado 107%. En lo que va de este año han sido detenidos por dicha institución cerca de 60,000 niños. Atendiendo al país de origen se señala que 17,000 provienen de Honduras, y de Guatemala, El Salvador y México se reportan alrededor de 13,000 casos.

Según ACNUR el 58% de estos detenidos se vio en la necesidad de dejar su país debido a la escalada de violencia y pobreza que ponía en peligro sus vidas. Un informe de Amnistía Internacional (2010) reveló que miles de estos migrantes son víctimas de torturas físicas, robos y abusos de todo tipo, secuestros y hasta homicidios, por bandas delictivas e incluso por funcionarios públicos mexicanos.

Ante esta dolorosa tragedia humanitaria la Red de Servicio Jesuita a Migrantes Centroamericana y Norteamericana (SJM/CA&NA) que tiene presencia en los 9 países de Centroamérica y América del norte, alertan a la sociedad civil y a los gobiernos involucrados en el problema a no permanecer indiferentes.

Sobre todo, los gobiernos de los países de origen de estos menores deben afrontar la terrible crisis estructural que obliga a los niños a buscar protección y sobrevivencia fuera de su patria.

Para enfrentar este problema, Obama ha pedido al Congreso un fondo extraordinario de 3,7000 millones de dólares, de los cuales 1,500 millones los destinará a las agencias de seguridad, y sólo 45 millones a contratar jueces especiales, para ponderar si merecen estos menores un status especial en vez de una acelerada deportación. Actualmente se cuenta con sólo 260 jueces de 59 tribunales de inmigración, que son insuficientes para los más de 375 mil casos de procesos de deportación, entre los que se incluyen más del 10% de los menores de edad.

En otras palabras, se privilegia el enfoque de seguridad nacional al de los derechos humanos. Más aún esta política se ha impuesto a los otros países involucrados en el conflicto. En efecto, desde el inicio del gobierno de Peña Nieto se han incrementado nuevos controles migratorios, así como las agresiones a los albergues. Se ha olvidado la Declaración Extraordinaria de Managua en la que se acordó garantizar el interés superior del niño y favorecer la unidad familiar. El 14 de julio el cardenal Pietro Parolin Secretario de Estado del Vaticano, ante altos funcionarios del gobierno de México, expresó: Definitivamente “esta crisis no puede ser resuelta sólo con fuerzas de seguridad”, se deben de atender las causas estructurales de este fenómeno y promover campañas y programas educativos que fomenten la hospitalidad y la fraternidad entre los pueblos, la “cultura del encuentro”, como lo afirma el Papa Francisco, es la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor.