Opinión

Lo tuyo es mental

   
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FMI recortó la perspectiva de crecimiento de la economía mexicana. (Bloomberg)

Creo que era una canción de Chico Che: “Qué pena me da lo tuyo, qué pena me da. Qué pena me da lo tuyo, lo tuyo es mental”. Desde hace algunos años, esta columna ha insistido en que la mayor parte de los problemas que percibimos en México tienen un origen mental, pero el tema se ha vuelto relevante porque el presidente Peña Nieto afirmó, hace unos días, que la crisis económica sólo existe en la mente de las personas.

Enrique Quintana confirmaba el martes que así es: en materia económica, las cosas no son maravillosas, pero estamos lejos de una crisis. Algo similar hizo el profesor Isaac Katz, aunque él señala a la inseguridad y la corrupción como fenómenos reales ya dañinos. Quintana lo ha hecho en otras ocasiones, y en esta columna dijimos hace algunas semanas que esos dos, inseguridad y corrupción, serían los temas de la campaña electoral, desde ya y hasta 2018.

Ciertamente no existe crisis económica en México en este momento, ni parece que vayamos a enfrentar una en el corto plazo. Aunque las estimaciones de crecimiento para este año se han disminuido, prácticamente todos esperan al menos 1.0 por ciento, y algunos todavía creen posible el 2.0 por ciento, que es el crecimiento normal de las últimas décadas. La inflación, que fue un serio problema desde 1970 y hasta hace poco, es posible que ronde 5.0 por ciento, que no es un mal número. Algo similar ocurrirá con la tasa de interés, que posiblemente llegue a 7.0 por ciento, pero no mucho más. Incluso hemos mejorado en términos de empleo y la informalidad se ha reducido marginalmente.

Nadie puede afirmar que la economía mexicana es una maravilla, pero tampoco se puede decir que está en crisis. Más aún, es posible sostener que el camino por el que nos estamos moviendo es mucho más promisorio. Como lo comentamos los últimos días, las reformas están dando resultados. La energética permitirá sustituir parte de la producción decreciente de Pemex, incrementando con ello los ingresos del gobierno. Y lo hará muy pronto, puesto que ya se han descubierto recursos explotables. La reforma financiera está permitiendo un crecimiento sano del crédito, a niveles históricamente altos. La reforma de telecomunicaciones ya había reducido los costos de esos servicios, y en las últimas semanas tenemos medidas que permitirán una mayor competencia. No sin dificultades, por cierto.

Que no haya crisis es una mala noticia para quienes apuestan a 2018, desde fuera del sistema político. Sin crisis, no será fácil convencer a los votantes de elegir una opción populista, es decir, de amplias promesas. En enero, con el dólar por encima de 21 pesos y el gasolinazo, ya se veían en Los Pinos, y muchos colegas se fueron en banda con esa impresión. Hoy, con el dólar debajo de 19, y ya medio olvidado el gasolinazo, los números regresan a lo normal, como mostró la encuesta de EL FINANCIERO esta semana.

Nadie puede saber qué ocurrirá en los próximos doce meses. No tenemos idea de cómo llegaremos a la Semana Santa de 2018. Donald Trump puede volver a complicar todo, por ejemplo, y eso nos regresará a escenarios parecidos a los de enero. Pero también puede ocurrir, como en estos 70 días, que la incapacidad del mencionado nos permita regresar al ritmo normal, e incluso percibir una clara mejoría, en comparación con lo que sufrimos a inicios de año.

Como ya decíamos, los temas de la elección serán inseguridad y corrupción, y es sobre eso que necesitamos resultados y propuestas concretas. No promesas. La fuerza política que mejor pueda construir planes factibles en estos dos asuntos tendrá mayores posibilidades de triunfo. En otras palabras: se trata de construir futuro, no de ofrecer pasado.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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