Opinión

Lo que viene

 
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ME. ¿Por qué importa el TLCAN?

Se extiende por México un clima generalizado de temor y consternación por los agoreros anuncios del presidente electo de Estados Unidos. El Consejo Coordinador Empresarial ha celebrado ya por lo menos un par de reuniones con empresarios de la industria automotriz para diseñar estrategias de contención ante un eventual choque comercial con la Unión Americana. Por su parte, lo hacen también oficinas de la Cancillería y de fundaciones u organizaciones de protección a migrantes.

Cunde un pánico generalizado y creciente entre los indocumentados en territorio estadounidense, quienes han iniciado ya el refugio en iglesias y centros comunitarios. Hoy se habla de la 'rebelión' de las ciudades santuario, aquellas que tradicionalmente han sido de total apertura a la inmigración como Nueva York, Los Ángeles, Chicago, como los centros que protegerán y defenderán a indocumentados de una eventual ofensiva del gobierno federal.

Faltan aún muchos elementos sobre la mesa para hablar de una deportación masiva, de la forma operativa para realizarla o incluso del costo que esto podría tener para la nueva administración trumpista. Lo cierto es que los signos presentes, los funcionarios designados para determinadas áreas temáticas en el equipo de transición americano, no apuntan hacia nada tranquilizador.

Kris Kobach, el nuevo consejero migratorio en el equipo de transición, es el autor de la iniciativa SB1070 de Arizona, que pretendía expulsar migrantes tan sólo por su aspecto físico, que fue aprobada en referéndum y después rechazada por la Suprema Corte de Justicia. Este hombre, reconocido antiinmigrante, racista y declarado antimexicano, es el designado para desempeñar esta responsabilidad. Su llegada no representa ningún mensaje positivo para México.

El debate completo en torno al TLC envía claras señales de revisión, apertura de algunos capítulos –o todos– y el inicio de una eventual fase de renegociación compleja y delicada. Sería equívoco afirmar que todo está perdido porque necesariamente se abrirán espacios obligados de negociación. Pero la disposición del equipo norteamericano, aún sin designar, tampoco representa señales esperanzadoras para México.

Habrá un impacto económico, aún difícil de calcular, pero será ineludible. Sabemos en EL FINANCIERO de firmas y empresas norteamericanas que han suspendido por 'instrucción superior' toda inversión o renovación de contratos con empresas y filiales mexicanas.

Grave y delicado, porque afectará necesariamente la inversión global y con ello, usted lo sabe, los grados con que nos evalúan las calificadoras, el algoritmo de riesgo país y muchos otros elementos que indican a los fondos y corredurías bursátiles dónde poner el dinero para su rendimiento.

Dice bien el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, que no podrá la nueva administración cancelar a rajatabla el TLC, y que habría significativas consecuencias para la economía americana. Es cierto, pero lo preocupante es si estos nuevos asesores del nuevo presidente registran los mismos datos.

Lo más grave es esta actitud abiertamente racista, xenófoba que hoy aparece en diferentes ciudades norteamericanas. Expresiones de rechazo, desprecio, expulsión a los migrantes harán que su vida allá, de por sí compleja y cuesta arriba, se vuelva lo más cercano a un infierno.

¿Qué hará México con el eventual retorno de uno o dos millones de trabajadores indocumentados en Estados Unidos? ¿Qué empleo se les ofrecerá?

¿Cómo recuperamos las valiosas e importantes remesas, ingreso fundamental para la economía mexicana?

Lo que viene es un panorama oscuro, incierto, lleno de incertidumbre y descontrol, donde reaparecerán sentimientos sociales que hace décadas habían disminuido o desaparecido en el mundo. Comunidades americanas donde se pueda maltratar e insultar a migrantes. Ya aparecieron expresiones vergonzosas de odio y racismo contra musulmanes y contra la propia y ejemplar primera dama Michelle Obama, cuando una funcionaria menor con algún tipo de desequilibrio mental la llamó “simia en tacones”. Grave.

Cuando el líder de un país convirtió en aceptable y 'políticamente correcto' el agravio, el insulto, la denostación xenófoba y racista, es un ejemplo de bajeza humana que se extiende entre los menos educados, resentidos y dolidos por una crisis económica que los afectó seriamente.

Lo que viene es la aparición en la superficie social de sentimientos de rechazo y de odio, de división racial, lingüística, académica, social y cultural. Tal vez sentimientos más hondos, que estaban ahí hace mucho tiempo. ¿Cuáles serán los americanos 'válidos' o reconocidos para recibir un empleo? ¿Un méxico-norteamericano, un estadounidense-islámico, un descendiente de Irán, de India, serán señalados y marginados? ¿Se vivirá un fenómeno semejante al antijaponés después de Pearl Harbor?

La nueva derecha alternativa de la que se vanaglorian estos republicanos reloaded, que han despreciado los valores originales y auténticos de la pluralidad racial norteamericana, amenaza con el inflamado surgimiento de un nacionalismo a ultranza, que rechaza lo que no es 'auténticamente americano'.

Tal vez lo más preocupante para quienes viven ahí, buscaron y construyeron una nueva forma de vida, es que la sociedad está hondamente dividida, confrontada. Persisten protestas y manifestaciones en todo el territorio contra Trump y lo que representa; funcionarios demócratas llaman a la resistencia en defensa de los derechos civiles, de los derechos humanos.

Estados Unidos se descompuso, se quebró un modelo de coexistencia pacífica, interracial, multicultural. Podemos pasar meses y años en el estudio de las causas y los factores múltiples, o podemos enfrentar los hechos con alternativas de solución, de sanación, de reconciliación.

Complicado en este momento.

Twitter: @LKourchenko

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