Opinión

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Padres y familiares de los normalistas desaparecidos el pasado septiembre en Guerrero se sumaron a la movilización que realizaron cientos de enfermeros y enfermeras en la ciudad de México. (Eladio Ortiz)

Catedrático de la Facultad de Economía – UNAM.

En entregas previas ofrecí una perspectiva para 2015 que, sea dicho, resulta poco halagüeña en los ámbitos económicos, sociales y políticos. Sin embargo, a la luz de los hechos más recientes, el augurio, probablemente, se queda corto. Pareciera que lo más difícil está aún por llegar. El futuro se va a poner intenso. Desglosemos un poco esa reflexión.

En lo económico, a pesar de las justificaciones de todas partes, Banxico, Secretaría de Hacienda, Secretaría General de la OCDE, comentaristas económicos de Televisa, el crecimiento económico se verá seriamente afectado por recortes al presupuesto público que se avecina y ya anunciado. Y como bien sabemos, verdad de perogrullo, recortes al gasto público significan, principalmente, recorte al gasto social, al de educación, cultura, salud y sobre todo, inversión. Todos, gastos fundamentales para una economía y una sociedad asoladas por la pobreza, la desigualdad y violencia, y una calidad del gasto público que es igual, en muchos casos, a corrupción. Y el golpe no será tibio. El derrumbe de los precios del petróleo mexicano, que solo tiene coberturas hasta octubre, 2015, y parece que incluso no todas las ventas están cubiertas, a lo que se suma la inflación proveniente del desliz cambiario. Nuevamente la asfixia y restricción del sector externo se hacen presentes, es decir, bajos precios del petróleo (38 dólares el barril) hacen que se disminuyan los ingresos petroleros, sin dejar de disminuir la cantidad exportada, a su vez un tipo de cambio que ha roto la barrera de los 15 pesos hacen que los insumos se encarezcan complicando el panorama para el sector externo. Esto implica que “para seguir con las finanzas sanas” ajustar por el lado del gasto aún más. En un país, México, en dónde por lo menos el 50% vive en pobreza, la inflación es la peor reforma fiscal, regresiva, en este caso, que le pueden imponer a esos ciudadanos.

En lo social, Ayotzinapa y Tatlaya han destapado una cloaca que la mayoría no tolera soportar su hedor y con coraje están dispuestos a deshacerse de ella. Hay un coraje social que inicia una trayectoria de retar, y sin temor, espacios sagrados de autoridad como son los cuarteles militares. La descomposición, el ya no me importa que pueda ocurrir, empieza a surgir con consecuencias muy graves que pueden superar a los sonados casos de violación a los derechos humanos. Socialmente en México va ganando terreno la ingobernabilidad sin alternativas de sustitución confiables o más bien claras. Cuando ese vacío de poder se genera, todo, todo cabe. En algunos espacios de México, seguramente, la delincuencia organizada se frota las manos de gusto ante tal horizonte. Tal escenario y política económica vuelven difícil la implementación de programas sociales, necesarios y urgentes, que abandonen el asistencialismo en pos de reestructurar el tejido social realmente.

En lo político lo más peligroso se agrega y veremos en los días por venir expresiones intensas de descontento. Destaca el llamado de voces que tienen calado en amplios espacios sociales a boicotear las elecciones, a derrumbar la expresión primaria, aunque la más light, de la democracia. En otros espacios estatales la amenaza aprieta más anunciando que no boicotearán las elecciones. No. Las impedirán, sin decir, sin embargo, que va a quedar a cambio de la autoridad no electa. Por su parte la clase política vive una esquizofrenia total en la cual no se dan cuenta o ignoran, consiente o peor aun inconscientemente, en que contextos social están pardas y vuelven a regodearse en las absurdas erogaciones y dilapidación de dinero para las elecciones intermedias.

Un México que empieza, en lo político, a desgajarse. Y lo peor es que si estas opciones convencen a muchos, particularmente la primera, el PRI, con su voto duro, arrasa. Ganará el carro completo por comisión de los votantes que decidieron no serlo. El “vivos se los llevaron y vivos los que queremos” significa, muy probablemente, no que los desparecidos regresen, sino que se mantenga viva la controversia. Así pasó en la Argentina con los desaparecidos. La exigencia de su retorno terminó, entre otras factores, con la dictadura, y en México con lo que se debe acabar es con los cacicazgos que prevalecen desde las estructuras más fundamentales de gobierno, cómo los municipios hasta la estructura que involucran niveles “federales”. Los que luchan por eso no quieren velorio, desean, y con razón, acabar con el estatus que prevalece. El actual apesta, rebasó todos los umbrales de tolerancia, ya no digamos de justicia, equidad, empero, generar ese cambio exige mucho de cada uno pues ya se otean banderas que se han subido a la lucha pero por ser ahora ellos quien se beneficien del “status quo” imperante no por cambiarlo.

En resumen, la fiesta va estar buena. Las elecciones complicadas serán. Los procesos postelectorales traerán más ingobernabilidad y más encono. Será interesante atestiguar el derrumbe de ganadores y perdedores partidarios. La sociedad les pedirá que renuncien y como no lo harán, la lucha política cobrará tonos intensos. Nos espera un verano caliente y parece que nada al menos en el corto plazo cambiará, sin embargo, de no haber un cambio de rumbo se otean también tragedias que son impermisibles se vuelvan a repetir en la historia de México.

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