Opinión

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Trump (AFP)

En 2007, la empresa ITG, propiedad del que seguramente será secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, decidió montar una maquila de tela para jeans: Cone Denim Nicaragua. La planta de 55 millones de dólares, fue financiada por un crédito de 15 millones de dólares de la Corporación Interamericana de Inversiones (CII), parte del Grupo BID. En ese entonces yo dirigía la CII, de modo que me tocó seguir el proceso de negociación con la compañía de Ross. Además de ese crédito, recuerdo, hicimos los arreglos para un tramo sindicado de cofinanciamiento con bancos privados por otros 22 millones de dólares.

En un artículo anterior expliqué que es muy distinto negociar de gobierno a gobierno con políticos, que hacerlo con un gobierno a cargo de hombres del sector privado, como es el caso del gabinete de Trump.

Más aún, no es lo mismo negociar con empresarios, por ejemplo, de California que con los de Nueva York, como el caso de Wilbur Ross, nacido en Nueva Jersey, pero con su actividad económica central desarrollada desde Manhattan. En pocas palabras, no hablamos con corderos sino con los que los asan y luego se los comen.

Los modos de Trump y su gabinete serán así. Son negociadores duros que gustan de jactarse de su dureza. Pero si de algo estoy seguro, es que la negociación del TLCAN será un jardín de rosas: tal vez haya perfume, pero seguro habrá muchas espinas.

Permítanme entonces, como un ejercicio de role play o war games, elaborar una hipotética conversación con Wilbur Ross acerca de una posible primera plática con México alrededor del TLCAN:

“Querido Wilbur, ¿cómo has estado? Años sin hablar, desde aquellos tiempos en que te interesaba Nicaragua. Entiendo que lo que quieres hacer ahora es modificar el TLCAN. Lo que yo quiero decirte es que aquí traigo decenas de estudios de prestigiosas instituciones norteamericanas que dicen que tanto Estados Unidos como México nos hemos beneficiado del tratado y que se han generado cientos de miles de empleos en ambos países.

“Bueno”, diría Wilbur, “yo tengo acá dos estudios, no decenas, sólo dos, uno del Economic Policy Institute (Trade, Jobs and Wages) y otro uno del MIT (Trading Places, P. Dizikesp), que dicen que nosotros hemos perdido alrededor de 2.4 millones de empleos desde que China entró a la OMC. Esto debido a los déficits comerciales. Así que lets cut the shit y veamos qué necesitamos. Antes que todo, déjame decirte que queremos libre comercio, pero balanceado. Permíteme darte un ejemplo de muchos que tengo. En 2011, antes de firmar el TLC con Corea del Sur, nuestro déficit comercial era de 13 mil millones de dólares. Para el 2016, el déficit subió a cerca de 28 mil millones de dólares. Do you get my point? Nuestro déficit comercial global, muchas veces producto de esos acuerdos, ha aumentado cada año y está encima de los 700 mil millones de dólares. De ese total, los cuatro principales países que nos venden más de lo que nos compran son China, Japón, Alemania y México. En 1994, antes de firmar el TLCAN, teníamos un superávit de mil 350 millones de dólares con México. A diciembre de 2016 el déficit superó los 63 mil millones. ¿Qué hubieran dicho ustedes los mexicanos de haber sido al revés? ¿Qué hubieran dicho los partidos de oposición y la prensa? ¿Estarían aplaudiendo? De modo que hablemos claro: quitemos la retórica y las descalificaciones del presidente Trump y vamos a trabajar porque queremos disminuir el déficit a cero. Ese es el bottom line. Así que ¿dónde empezamos?”.

Opine usted:rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter:@JaqueRogozinski

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