Opinión

Lo que nos faltaba

Si Gil ha leído bien las páginas de su periódico EL FINANCIERO, la situación de la economía mexicana atraviesa por un momento tempestuoso. Para abrir boca, una boca grande, nuestro postróleo baja como la espuma (ya quedamos: si la espuma sube, alguna vez tiene que bajar). Unos señores de una de las instituciones financieras más influyentes en los mercados de las materias primas, Goldman Sachs, prevén que los precios del petróleo bajen aún más en el corto plazo.

La mezcla mexicana cotizó en 38.11 dólares por barril. Nuestro postróleo cada día vale menos. ¡Esnif! En el año que sube el telón, el escenario de los petroprecios resulta aterrador pues se ha desplomado casi 17 por ciento en unos catorce días, el mayor derrumbe en dos décadas. Gilga se felicita a sí mismo por escribir la palabra “petroprecio”, vocablo que nunca en su vida pensó que escribiría en un texto de su autoría. Estooo: los petroprecios en caída libre.

Horrible

Las Coordenadas de Enrique Quintana le pusieron a Gamés la gallina de carne, o como se diga. Si nuestro postróleo se exportara efectivamente en barriles reales, el contenedor costaría más que el contenido negro. Los pies se le van al alma, o en fon, al pobre Gamés. Según las cuentas de Quintana, el litro de petróleo crudo cuesta 3.51 pesos. La leche, dice el autor de Coordenadas, cuesta 4.3 veces más y el litro de agua envasada cuesta el doble que el precio del postróleo.

El emprendedor que Gil lleva dentro de su altanera figura ideó una salida a este laberinto: exportemos leche en lugar de postróleo, pero de inmediato, Gilga cayó en cuenta de que no tenemos tantas vacas en el país que puedan darnos millones de litros de leche entera; y respecto al agua, ni modo de vender el Cutzamala porque nos moriríamos de sed. Proglemas (con g-l) y de los grandes.

Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa, con todo y hangar presidencial), el postróleo mexicano cotizaría a ¡25 dólares! ¡Las sales, tráiganle a Gilga las sales! Quintana afirma, y Gamés quisiera creerle, que las coberturas no permitirán un problema a gran escala.

Agora mal (nunca viene mal un exceso culterano): en 2016 no se conseguirán las coberturas de 76 dólares, si bien nos va serán de 45 dólares y eso ocasionará un golpe en el plexus de las finanzas públicas. ¿Cómo ven a Gil escribiendo de petroprecios, coberturas, fianzas y finanzas? Sus cursos en el ITAM rinden dividendos intelectuales (ya, itamitas, no se pongan mal ni desgarren sus vestiduras). “Dígase lo que se diga, con esos precios van a perder atractivo muchos proyectos petroleros, de todos lados”. Gilga se mordió el labio inferior y farfulló: ¡qué suerte más torcida!

Dólar caro

La lectura fina, ¡mjú!, que Gamés ha realizado de su periódico EL FINANCIERO da para más. Oigan esto: “Importadores de bienes de consumo, de capital e intermedios para la exportación y oferentes de diversos comercios resienten la depreciación del peso frente al dólar, al pagar más por este tipo de bienes y tener que trasladar los costos al consumidor final”. La nota de Dainzú Patiño explica que los zapatos, la ropa, las bicicletas, los celulares, los perfumes aumentarán su costo y ese costo lo pagará el consumidor final, o sea usted. ¿Cómo la ven? (sin albur). Oferente, gran palabra.

Gil les tiene más noticias. Decía Ibargüengoitia sobre el arte de dar malas noticias: si se cae el techo, la muchacha dice: como que se abombó. El efecto del dólar caro se verá sobre la inflación en marzo, cuando se agoten los inventarios; como que se va a abombar. Por lo demás, escribe Patiño, si cotizaste en dólares a un determinado precio, en el momento de la entrega usted pagará la diferencia.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: el porvenir financiero está como para el arrastre. Esto no lo aprendió Gamés en el ITAM, lo que pasa es que ya se quemó la lengua con esa sopa.

Por cierto, ante la depreciación cambiaria, las 131 empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores tuvieron una caída de 7.8 por ciento respecto a 2013. Cuando se empiezan a oír palabras como volatilidad, petroprecios, inflación, recortes, ocurre lo mismo que cuando huele a quemado.

A grandes rasgos esto es lo que Gilga ha recogido de una lectura sesuda de su periódico EL FINANCIERO. Acto seguido, Gamés se arrastró por la duela de cedro blanco, trepó al mullido sillón y dijo esta frase fúnebre: ya valimos.

La máxima de Woody Allen espetó en el ático de las frases célebres: “El dinero es mejor que la pobreza, aun cuando sólo sea por razones financieras”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX