Opinión

Lo que nos falta en materia fiscal

24 octubre 2013 5:2

 
Haga el siguiente ejercicio, cuando habla de economía informal, ¿qué es lo que usted imagina?
 
Casi puedo apostarle que piensa en los vendedores ambulantes o en todo tipo de comercio realizado en la vía pública.
 
Es una parte importante de la economía informal, pero ésta es mucho más vasta y compleja.
 
Por esa razón, cuando en las reformas fiscales se plantea la necesidad de hacer que paguen quienes hoy no lo hacen, en muchas ocasiones la informalidad le alcanza hasta las empresas establecidas… o incluso al gobierno.
 
Quizás en el gobierno federal haya menos empleados sin contrato y sin prestaciones, que caen dentro de la definición de informalidad, pero en gobiernos estatales o más aún municipales este tipo de empleados están por todas partes.
 
¿Conoce usted algún despacho en donde se ocupen pasantes y a ellos se les pague “por fuera” para evitar el alto costo de los impuestos o la carga social? Sobran.
 
Y en la informalidad, con todo y reforma laboral, caen también algunos de los “outsourcing”, que no se diseñaron para hacer que las empresas se concentren en el corazón de su negocio, sino para disfrazar la contratación de personal y evitar costos. Eso también es informalidad, que está en el fondo de la falta de recaudación.
 
Le pido que hagamos un poco de historia.
 
En 1960, los impuestos recaudados por el gobierno federal ascendían a 10 mil 187 millones de pesos. En ese mismo año, el PIB a precios corrientes era de 159 mil 703 millones de pesos. Es decir, la recaudación tributaria representaba el 6.4 por ciento del PIB, en pleno desarrollo estabilizador.
 
En 1970, al término de esta etapa, los impuestos sumaron 36 mil 645 millones de pesos, lo que representó en 8.2 por ciento del PIB.
 
Para el 2014, este monto representará el 10.1 por ciento, de acuerdo a la Ley de Ingresos aprobada la semana pasada.
 
Lo que quiero ilustrarle con las cifras es que la baja recaudación en México no es un problema ni de este régimen ni siquiera de la última década, sino que es algo estructural.
 
A mi juicio, está determinado por tres factores.
 
1.- La tremenda desigualdad que existe en el país. Sería necesario tener casi impuestos confiscatorios para obtener de pocos grupos de elevados recursos los mismos niveles de recaudación que se obtienen en economías con mayor equidad.
 
2.- El mal uso de los recursos públicos. Ello ha creado una cultura ciudadana que reprocha el darle más dinero al gobierno si va a ser usado para corrupción o para ineficiencias y burocracia.
 
3.- La falta de cultura de cumplimiento de la ley. Como en otros ámbitos, en el fiscal, el darle le vuelta a los recaudadores se ha convertido en un deporte nacional, practicado desde las empresas más grandes y sofisticadas que diseñan complejas estrategias para pagar menos hasta el pequeño tendero que ni siquiera se da de alta ante el fisco.
 
Va a ser muy complejo que tengamos una recaudación de nación desarrollada hasta que resolvamos esos tres problemas estructurales.
 
Con 50 millones de pobres, va a ser muy complicado que la base tributaria crezca.
 
El segundo factor tiene que ver con temas como vigilancia, rendición de cuentas y transparencia en el uso de los recursos públicos. En la medida que la ciudadanía pueda palpar que el dinero que entrega por la vía de impuestos, se traducen en mejores servicios públicos en todos los aspectos, cambiará su disposición para pagar.
 
El tercero tiene que ver con las consecuencias de no cumplir. Cuando el no pagar realmente tenga castigos severos, trátese de un ambulante o de un gran empresario, entonces veremos que nuestra disposición cambia.
 
Mientras tanto veremos reformas que van y vienen.
 
 
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