Opinión

Lo que mal inicia, generalmente mal acaba


 
Ernesto de Lucas Hopkins, director de Pro-México, presentó sorpresivamente su renuncia como director de este organismo dependiente de la Secretaría de Economía. Se convierte en el primer funcionario del gabinete ampliado que se separa 'voluntariamente' de su cargo. El primer raspón en el auto nuevo.
 
Puede interpretarse como evidencia de que no se permitirán excesos. Suerte ha tenido el Pato de que la cobertura de su decisión haya sido poco extensa.
 
La diplomacia política le permitió al sonorense argumentar la salida como la necesidad de atender prioritariamente asuntos personales.
 
Lo cierto es que, como dice el dicho, lo que mal comienza, por lo general, mal termina.
 
El pasado 27 de diciembre, Universo Pyme publicó una columna bajo el título '¿Ora pro nobis u ora ProMéxico?', en la que se dieron algunos detalles que reflejaban que el funcionario no había iniciado la encomienda con el pie derecho, como la tradición recomienda.
 
Detalles insignificantes que reflejaban el poco tino con que el joven político de Sonora, muy cercano a la figura de Eduardo Bours, había iniciado sus tareas en la dependencia responsable de la promoción de las exportaciones y de la inversión extranjera en territorio nacional.
 
Recordemos algunos de esos párrafos:
 
"El caso es que Ernesto de Lucas Hopkins no ha contado con, digamos, buena entrada a la institución que encabeza. Alguien omitió decirle que era aconsejable entrar al edificio con el pie derecho. Algunas (_) pifias se le atribuyen ya", desde el recomendar que en los discursos "no le pongan muchos números, "porque eso no es lo suyo" (sic), hasta reconocer que trabajará intensamente para promover tanto las exportaciones como las importaciones del país, cosa que la propia ANIERM envidiaría.
 
Y el asunto de De Lucas Hopkins pudiera parecer intrascendente, pero es imposible de soslayar el hecho de que encabeza una institución para la que claramente no sería el candidato ideal. Y no se trata de descalificar la capacidad de un sonorense apodado, con su consentimiento, como el Pato, sino ubicarlo en su terreno de expertise, y no en una institución en la que claramente no podrá desempeñar su mejor labor hasta que entienda que ProMéxico es un "organismo del gobierno federal encargado de coordinar las estrategias dirigidas al fortalecimiento de la participación de México en la economía internacional, apoyando el proceso exportador de empresas establecidas en nuestro país y coordinando acciones" desde junio de 2007.
 
Por más que no le gustaran los números, son los que medirían su eficiencia burocrático-diplomática.
 
Y es que en ninguno de los renglones de su creación de ProMéxico al alcance del columnista, se encuentra que las importaciones sean parte de la misión del organismo por más que las importaciones son inherentes a una promoción de la actividad económica de nuestra nación.
 
Más específicamente se habla de "Promover la atracción de Inversión Extranjera Directa y las exportaciones de productos y servicios, así como la internacionalización de las empresas mexicanas para contribuir al desarrollo económico y social del país y al fortalecimiento de la imagen de México como socio estratégico para hacer negocios."
 
Alguien debió haberle leído los anteriores cinco o seis renglones al político de Magdalena de Quino.
 
Claramente no sólo no era su vocación la promoción externa de México. Pero tampoco el tacto si damos crédito a la versión de que dejó esperando en antesala, mucho más de lo prudente, a un director de prominente marca automotriz de 2 letras en México.
 
Ello, sin considerar que para varias personas era excesivo el tiempo a esperar para conseguir una cita con el joven embajador de las exportaciones mexicanas y promotor de las inversiones extranjeras en nuestro país, o la presencia de un equipo cercano mucho más diestro en cuestiones de promoción de la imagen política que de la vertiente económica.
 
Dicen que por ahí pasó Daniel Bautista, quien como buen marchista olímpico, tan pronto como se le vio aparecer, pasó a retirarse.
 
Esto, para no hablar de la impresión de estar más preocupado por la promoción en su natal estado o de las 'reuniones' que entre amigos y amigas organizaba en las oficinas, según relatan quienes estuvieron encargados del abastecimiento de las provisiones.
 
Los miembros de ProMéxico que tuvieron que resistir al Huracán De Lucas creen que la dependencia merecía otro director, con un más claro compromiso hacia sus responsabilidades.
 
Digamos que hasta antes de enterarse en dónde quedaban las oficinas de ProMéxico se veía que el terreno a pisar no era precisamente su terreno natural. Porque de que tiene habilidades, las tiene, así como amigos, quienes lamentan su imprevista decisión.
 
Sus detractores, en cambio, externan con intenso jubilo su retiro del cargo y marcan que ese 'retiro para atender asuntos personales' no fue en realidad una voluntad del político, sino un gesto generoso de quien le ordenó el cese fulminante por acontecimientos en desempeño que pudieran seguir analizándose.
 
Cierto o no, lo evidente es que el Pato Lucas no está más en un puesto clave de la promoción económica nacional y que ningún 'animal político' como el nacido en Magdalena de Quino habría de aceptar un puesto para luego renunciar a él por "proyectos personales" que presumiblemente estarían ligados a su partido en su estado.
 
Esperará mejores oportunidades para expresar su legítimo deseo de trabajar por Sonora desde la posición que le conceda el electorado de aquella entidad donde se dan buenas hortalizas para exportar y políticos para gobernar.
 
En su perfil de Facebook aparece fotografiado al lado de quien precisamente tuvo que tomar la decisión de aceptarle la renuncia.
 
Por lo pronto, too far from Los Pinos.
 
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