Opinión

Lo que hemos aprendido de Trump en cien días

   
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Donald Trump

La personalidad del líder y el estilo de toma de decisiones son un factor determinante en las labores de gobierno. Esto es especialmente cierto en las crisis, sostiene Margaret Hermann, profesora de la Escuela Maxwell de Ciudadanía y Políticas Públicas de la Universidad de Syracuse. En situaciones de crisis simplemente no hay tiempo para que las burocracias y sus procesos se pongan en marcha.

¿Qué hemos aprendido de Donald Trump en sus primeros cien días de gobierno? ¿Cuál es su estilo de liderazgo y cómo toma las decisiones?

A Trump le gusta ser impredecible, comenta acuciosamente la exsecretaria de Estado Madeleine Albright. Lo que se puede observar en sus primeros tres meses es que Trump decide dependiendo quién es el último asesor o funcionario con quien habló. Incluso en un mismo día, puede presentar dos o tres posiciones respecto al mismo tema. Los mexicanos y nuestro bolsillo conocen bien esta práctica. Justo el miércoles pasado arrancó el día con la noticia que se preparaba una orden ejecutiva para que Estados Unidos se saliera del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Por la noche, la Casa Blanca señaló que no tenían la intención de retirarse del TLCAN.

“La mejor defensa es el ataque”, es la estrategia de Trump. Lo aprendió a los 27 años de uno de sus abogados estrella, Roy Cohn, quien fue legendario por su rudeza y por asesorar al temido senador Joseph McCarthy. Cada vez que se siente acorralado, Trump sale a dar la pelea y es capaz de llamar la atención de los medios de comunicación. Un claro ejemplo de esto lo tenemos en una de las mayores crisis de su joven gobierno. Cuando era obvio que su consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, había violado la ley por conversar con el embajador de Rusia antes de tomar posesión de su cargo, Trump tuvo que despedirlo y su gobierno se sumió en una seria crisis de credibilidad. Ésta duró literalmente horas. Trump salió a atacar a Barack Obama acusándolo de que lo habían espiado como candidato, llenando de micrófonos la Trump Tower. El escenario de la acusación fue Florida, donde literalmente fue a arengar a su base electoral. Los medios tenían una nueva historia, la inusitada acusación al presidente caballero, Barack Obama.

El presidente Enrique Peña Nieto ya ha sido objeto del ataque como estrategia. Cuando en una acertada decisión canceló su viaje a Washington, la Casa Blanca filtró una versión de la llamada entre Trump y Peña señalando que se había ofrecido enviar a las tropas para combatir a los hombres malos. Con esto se logró romper el cierre de filas de la clase política mexicana ante Trump. Varios senadores y líderes de opinión solicitaron que Peña aclarara qué se dijo en la llamada.

Como buen alumno de Cohn, los ataques de Trump están cargados de rudeza. Este empresario convertido en político acabó en meses una práctica muy depurada en la cultura política del país vecino que se conoce como 'corrección política', es decir, puedes decir lo que sea pero sin crudeza ni malas palabras. En el Washington de Trump los políticos se quitaron los guantes.

El profesor de psicología, Dan P. McAdams, de la Universidad de Northwestern, señala que Trump es ante todo un gran actor, siempre está actuando y como tal siempre trae una máscara que impide ver al personaje de carne y hueso. Sin embargo, señala McAdams, debajo de la máscara hay muy poco. No hay ideología pero sí una necesidad de ganar todas las batallas, las pírricas y las de fondo.

No hay consenso en si es un líder seguro o inseguro. Nadie duda que ha sido un triunfador toda su vida. Pero su patológica avidez de reflectores y aprobación es, por lo menos, contradictoria con la definición de seguridad. Sobran los ejemplos de un Trump que exagera su grandiosidad cayendo en mentiras irrisibles como el gran lleno en su ceremonia de inauguración o el número de electores que lo apoyaron.

El profesor de Stanford, Alexander L. George, señala que los presidentes siguen uno de tres modelos de consulta con su gabinete y asesores para tomar decisiones –formal-jerárquico, colegial y competitivo–. En el Washington de hoy claramente impera el modelo competitivo. Los distintos colaboradores, ya sea miembros del gabinete, asesores, familiares y amigos, pelean abiertamente por el oído del mandatario. Un artículo extraordinario en Vanity Fair, “The Inside Story of the Kushner-Bannon Civil War” señala que hay una guerra abierta entre los dos asesores más influyentes: el yerno, Jared Kushner y el director de estrategia, Steve Bannon. En el arranque, Bannon llegó a ser señalado como el hombre más importante del mundo después de Trump. Sin embargo, en las últimas semanas todo indica que el yerno y la 'primera hija' Ivanka han logrado desplazar, al menos momentáneamente, al furibundo conservador nacionalista, Bannon.

Trump no ha experimentado aún una crisis internacional de gran calado. Su estilo de liderazgo y la manera en que toma las decisiones nos hacen prever lo peor. El hombre más poderoso del mundo es, en forma y fondo, un charlatán bravucón.

Twitter: @RafaelFdeC

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