Opinión

Lo perfecto y lo bueno

 
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Ley 3de3. (www.correosonorense.com)

Me dicen que todo el Sistema Nacional Anticorrupción está detenido por un asunto, o más claramente, un artículo. Que en un cierto momento, a la propuesta de las organizaciones civiles que han sido determinantes en este proceso, y a las que en varias ocasiones hemos agradecido en esta columna, se le fueron agregando condiciones, y en la búsqueda de la perfección, se ampliaron las famosas tres declaraciones (fiscal, patrimonial y de conflicto de interés) a todos los funcionarios públicos, a todos los que venden al gobierno (en sus diferentes órdenes y poderes), y los parientes de ambos, hasta en cuarto grado. Si eso que me dicen es correcto, entonces prácticamente todos los mexicanos tendrían que entregar sus tres declaraciones, las cuales deberán ser totalmente públicas. Operativamente, eso es imposible. Lógicamente, es absurdo.

Me dicen que el Sistema Nacional Anticorrupción podría salir adelante con una opción menos complicada, que no obligara necesariamente a todos los funcionarios públicos (maestros, enfermeros y médicos, por ejemplo), o que limitara la extensión de los parientes (tal vez a la familia nuclear, primer grado). Tampoco estaría mal que el tema de publicidad considerara ciertas limitantes que, por ejemplo, Inegi debe cumplir. Para evitar riesgos.

También me han dicho que todo el proyecto del Sistema Nacional Anticorrupción tuvo que adaptarse al 3de3 porque les ganó la vena mercadológica, y no porque hubiese una cuestión de método que los obligara. Que las discusiones internas tuvieron que someterse a la cerrazón de algún participante. Aquí mismo hemos hecho esfuerzos por explicar cómo ni el Sistema Nacional Anticorrupción ni la Ley de Responsabilidades de los Funcionarios tenían que ver con el dichoso lema 3de3, y cómo esa confusión podría resultar en un problema.

Parece que ahí estamos. Gracias al apoyo de 600 mil ciudadanos, el Sistema va. Pero debido a que ese apoyo se confundió con el tema 3de3, nadie quiere tocar el artículo de referencia, que no puede aprobarse, pero que nadie quiere modificar, porque nadie quiere cargar con un costo político-mercadológico. Si es así, lo mejor sería hacerlo público, para entonces desatorar las discusiones y, sobre todo, impedir el uso político del asunto. No sé si la cerrazón ya mencionada lo esté impidiendo. No sé si ya la confusión se ha ampliado. De hecho, sólo sé lo que me han dicho, que hablando de transparencia y publicidad no parece ser muy bueno.

Este columnista no participó en la redacción de las iniciativas, ni en su promoción organizada, ni en ninguna reunión con los legisladores, de forma que no hay razón alguna por la cual debiese tener información, salvo porque lo más razonable, cuando se promueve la transparencia y publicidad, sería informar a quienes podemos difundir. Tal vez lo hayan hecho con otros colegas, y sólo esta columna no tiene información suficiente. O tal vez la información ha sido escasa en todos lados, y es la enjundia lo que la sustituye. Porque sí, todos queremos que la corrupción se reduzca, o de ser posible, se elimine. Pero muchas ideas para hacerlo pueden, en la realidad, no servir para nada. Especialmente si los ánimos mercadológicos, o incluso los egos, nublan la indispensable visión práctica de quien espera influir en la política.

El célebre refrán reza “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Por lo que me dicen, en eso estamos. Y no puedo saber si es así, porque no sé qué es lo que los proponentes de la transparencia y publicidad opinan. Algo no está bien.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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